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Economía, política, historia.

Venganza no concretada

02-08-2021 08:34

Quizá lo peor de la primera Consulta Ciudadana será el negativo antecedente que representa.

Consulta Popular 2021 (Foto: INE).
Consulta Popular 2021 (Foto: INE).

La Consulta Ciudadana que estrenó el marco legal correspondiente, resultó el fiasco que se esperaba. Un fracaso para su principal impulsor, el Presidente de la República, y sus valedores en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. La farragosa redacción finalmente sancionada, que buscaba la postura ciudadana sobre si el Estado debía cumplir con su obligación, no representó un estímulo para que los votantes usaran parte de su domingo a pasar por una casilla electoral.

El contraste con la elección de junio no pudo ser más grande. No solo en el interés desatado en los meses previos, sino en el entusiasmo. Nunca se planteó para junio no ir a votar como una forma de participación, como una acción premeditada. Y por supuesto las diversas preferencias electorales eran diversas y desataban debate. En este caso ni siquiera cabía mucho plantearse el “no” como una forma de protesta, porque existía un parámetro mínimo de participación que hubiese dado un carácter vinculatorio al resultado. No se trataba de votar “no” para manifestar el rechazo, tampoco de entregar un voto en blanco o con un mensaje escrito por el elector en el papel: la protesta se trató de no participar, y así fue.

Bajísima participación y un obvio “sí”

El conteo rápido del INE mostró que la participación ciudadana estará entre el 7.07% y el 7.74% del padrón nominal, cuando el mínimo para alcanzar el nivel vinculatorio es de 40%. No hay forma alguna en que pueda catalogarse la participación como un éxito o siquiera defenderse como un nivel digno del esfuerzo gubernamental, y partidista (por parte de Morena) para promover el voto.

La pregunta no ofrecía la oportunidad de polarizar opiniones. Para aquellos que deseaban participar en la Consulta, prácticamente el “sí” era obligado, como resultó en los hechos. De acuerdo también el Conteo Rápido, por el “no” se decantó entre 1.38% y 1.58% de los votantes, con casi la totalidad del resto quedando en el “sí” (con un mínimo de 89.4%) y el resto correspondiendo a votos nulos, que pueden llegar hasta el 9.2% del total. El gobierno tiene un “sí”, lo que carece es de un mandato para ejecutar lo expresado, menos todavía por la vaguedad y obviedad de la propia pregunta.

Contra los expresidentes

La derrota en este caso no es huérfana. La idea tuvo como único padre a Andrés Manuel López Obrador, quien al parecer llegó a creer que podría polarizar a la opinión pública en torno al tema de juzgar a sus antecesores vivos en el cargo (con la excepción de Luis Echeverría, quien en pocos meses cumplirá 100 años de edad): tres priistas (Salinas, Zedillo y Peña) y los dos presidentes del PAN (Fox y Calderón).

El rencor obradorista quizá pudo haber tenido mejor suerte en los inicios del sexenio, esto es, con un mandato popular fresco y sin pandemia (y fresco el rechazo al PRI y PAN expresado en las urnas en julio de 2018). Pero quien ha resultado un pésimo gobernante difícilmente puede convocar para juzgar a otros. Finalmente, la Suprema Corte anuló la mención de los expresidentes, lo que no impidió a Morena presentar tramposamente la Consulta como si estuvieran en la boleta.

El escaso interés en meses recientes incluso llevó a AMLO de quitarse la careta al respecto. Repitió muchas veces que no era partidario de juzgar a sus antecesores, pero que lo haría si el pueblo lo solicitaba (lo que fue la semilla de la Consulta). Dijo también en forma reiterada que no pensaba votar en la misma, para acabar quejándose de no poder hacerlo al estar de gira y no en la Ciudad de México. El afán de que una masiva votación popular fuese el pretexto para ejercer una revancha quedó en la nada.

Por supuesto, AMLO podrá montar el espectáculo que quiera, como sería una “Comisión de la Verdad”, como al parecer es una posibilidad seria. Finalmente, no tendrá el mandato democrático para hacerlo y el resultado será decepcionante para sus más ardientes partidarios, que se creyeron que existe una mínima posibilidad de encarcelar a un expresidente. 

Un mal principio

Quizá lo peor de la primera Consulta Ciudadana será el negativo antecedente que representa, dada la falta de seriedad de todo el ejercicio, y que finalmente mostró la indiferencia (en el mejor de los casos) o abierto rechazo (en el peor) por parte de los votantes. Una lástima, dado el enorme potencial que tiene ese mecanismo de democracia participativa en México.

Es de desearse que futuras Consultas corran con mejor suerte. El potencial demagógico siempre existe en ejercicios de esa naturaleza (basta recordar el referéndum del Brexit de Reino Unido hace cinco años), pero cuando se trata de cero sustancia y pura demagogia la ciudadanía no se deja engañar, como quedó fehacientemente demostrado.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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