El T-MEC y la desigualdad del ingreso

Con la revisión del T-MEC en los términos de Trump, menos libre comercio reducirá ganancias concentradas, pero también frenará la inversión y el crecimiento; a largo plazo, contener así la desigualdad saldrá caro al país.
4 Febrero, 2026
T-MEC.
T-MEC.

La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en materia comercial y el contexto en el que ocurre auguran un intercambio menos libre, pero no por ello de menor magnitud. En el pasado, el comercio más libre generó en la economía mexicana una mayor desigualdad en el ingreso de las personas, la cual se fue atemperando gradualmente. Hoy, los menores espacios al libre comercio auguran menos tensiones distributivas, pero a costa de perder significativas oportunidades de inversión y crecimiento futuro.

Ya se avizoran las exigencias de los Estados Unidos que reducirán la libertad con la que se comercia dentro del T-MEC. Este país desea que haya un mayor contenido norteamericano —pero particularmente estadounidense— en lo que México exporta. También pide elevar la exigencia de las regulaciones laborales y ambientales en las exportaciones mexicanas. Adicionalmente, se presiona para que el país restrinja su comercio con China mediante aranceles. Todo ello reduce las opciones de producción de los exportadores mexicanos y eleva sus costos.

Esto, que en otras condiciones conduciría a una severa contracción del potencial exportador del país, se combina con una desordenada guerra comercial de Estados Unidos contra el mundo, pero en particular contra China, en la que las exportaciones mexicanas salen relativamente bien libradas. Lo anterior significa que, si bien el libre comercio en Norteamérica se deteriora, la posibilidad de sustituir lo que otros países exportan a los Estados Unidos aumenta. El balance, paradójicamente, sería un comercio menos libre, pero de igual o mayor volumen relativo para México.

Entre 1994 y el año 2000, el libre comercio con los Estados Unidos y Canadá significó un aumento en la desigualdad del ingreso. En ese tiempo, se esperaba que la mayor actividad comercial significara emplear mano de obra de baja calificación, que era abundante en México y en la que podría basarse la competitividad de muchos sectores productivos del país. Sin embargo, ocurrió exactamente lo contrario. Los sectores y regiones florecientes con el libre comercio utilizaban mano de obra calificada que se complementaba con el capital entrante al país.

En un inicio, el libre comercio con Norteamérica significó que los trabajadores con mayor nivel educativo fueran más demandados y que, en consecuencia, sus salarios se distanciaran respecto al resto de la fuerza laboral. Los sectores intensivos en capital, como la industria automotriz, a los cuales fluyó gran inversión, captaron grandes beneficios del comercio respecto a otros sectores, como la mayoría de la agricultura. El norte y centro del país, mejor conectados al mercado estadounidense, mejoraron notablemente, mientras el sur-sureste se estancaba.

Después del año 2000, la mayor disponibilidad de trabajadores calificados redujo la desigualdad salarial, los sectores exportadores pudieron absorber más mano de obra y la migración interna logró redistribuir algo de los beneficios que se concentraban en algunas zonas del país. El resultado fue que la desigualdad ya no siguiera creciendo y que, en algunos casos, se redujera. Sin embargo, el libre comercio dejó una huella de desigualdad persistente que la política pública no pudo revertir sino hasta hace muy pocos años, principalmente con la revisión de los salarios mínimos.

Con la revisión del T-MEC en los términos que plantea los Estados Unidos, el escaso libre comercio que permanezca producirá menos espacios de grandes beneficios para unos cuantos. Esta es una buena noticia para reducir tensiones distributivas al contener las ganancias desproporcionadas de ciertos grupos, sectores o regiones. Sin embargo, esto también desanima la inversión en capital físico y humano, y limita las posibilidades de crecimiento económico futuro. A largo plazo, la contención de la desigualdad por el menor libre comercio será muy costosa para el país. 

Siempre será preferible un crecimiento económico elevado complementado por políticas redistributivas de largo alcance que eviten o reviertan la desigualdad de gran magnitud y persistente. Desafortunadamente, esto no está en el futuro inmediato de México.

Rodolfo de la Torre Rodolfo de la Torre Ha sido Director de Movilidad Social del CEEY, Coordinador de la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana, y Director de El Trimestre Económico del Fondo de Cultura Económica (FCE). Fue parte del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza en México. Es economista por el ITAM, y maestro en Filosofía de la Economía por la Universidad de Oxford.

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