El factor Trump
El presidente Donald Trump no requiere de acciones drásticas para condicionar, en buena medida, la economía y la política mexicanas. Como en ocasiones pasadas, la simple amenaza, con cierta dosis de credibilidad, bastará para que el gobierno de México reaccione de manera acomodaticia, en particular en cuestiones de comercio y de combate al crimen organizado. Sin embargo, a la luz de la intervención en Venezuela, no pueden descartarse medidas estadounidenses que tensen la relación bilateral, aunque estas no serían estrictamente necesarias para causar daño a México.
Donald Trump ha escalado la grandilocuencia del arranque de su presidencia el año pasado. Ha transitado del mesianismo doméstico a una visión abiertamente imperialista y del discurso polarizante al descarado uso de la fuerza. Ya no se trata solo de salvar la grandeza de su país, como él la concibe, sino de ampliarla controlando gobiernos y territorios. Ya no es únicamente la movilización policiaca para contener la migración hacia su país, sino también el uso de las fuerzas armadas para derrocar gobernantes. Su capacidad de intimidación ha aumentado.
La captura del presidente Nicolás Maduro es posiblemente el punto culminante en la continua transformación de amenazas en peligrosas acciones. El derrocamiento del cuasi dictador estuvo precedido por una ofensiva arancelaria que, aunque inconsistente, no fue menos dañina. Por otra parte, la hostilidad del gobierno estadounidense hacia los organismos multilaterales se ha traducido en abandonar muchos de ellos y en debilitar militarmente a sus aliados. Este debilitamiento ha escalado hasta las amenazas de anexar Groenlandia y al uso de aranceles contra quienes se le opongan.
En el caso de México, se ha recrudecido la política antimigratoria que, aunque no ha alcanzado las expulsiones masivas que se temían en un principio, en 2025 prácticamente duplicó la salida de migrantes respecto al promedio de los dos últimos años de la administración Biden. Además, se ha declarado a ocho agrupaciones del crimen organizado como terroristas, de las cuales seis son de origen mexicano o tienen su base principal de operaciones en México. Esto se ha traducido en un aumento de las operaciones de vigilancia estadounidense sobre el país.
La mayor beligerancia de los Estados Unidos tuvo una respuesta acomodaticia de México. Sin negociación significativa, el gobierno mexicano se adaptó a la gran mayoría de las condiciones del vecino del norte. En materia comercial, no solo aceptó los aranceles decretados, sino que comenzó a imponerlos también a China. En cuanto a la contención de la migración, desplegó de manera masiva a la Guardia Nacional en la “Operación Frontera Norte”. Por otra parte, capturó y deportó a cerca de un centenar de líderes del crimen organizado, no siempre de forma transparente.
En 2026 es de esperar que México continúe cediendo ante las presiones del gobierno de Trump. Por un lado, el país se encuentra debilitado económicamente por la falta de crecimiento y las dificultades de las finanzas públicas. Por otro, los Estados Unidos han aumentado la dureza y credibilidad de sus medidas, particularmente por la materialización de su desordenada guerra comercial y el uso de la fuerza militar en Venezuela. Ya no pueden descartarse medidas que destruyan porciones importantes del T-MEC o incursiones militares estadounidenses en territorio nacional.
También es posible que la pasividad del gobierno mexicano rinda frutos y que los Estados Unidos la interpreten como un pleno plegamiento a sus intereses. Esto se traduciría en un nuevo T-MEC mediocre pero manejable, en el que la Guardia Nacional continúe desempeñando la labor de policía migratoria y en un combate al crimen organizado guiado por las prioridades estadounidenses, aunque sin su participación directa en territorio mexicano. En todo caso, aunque no hubiera aranceles catastróficos o riesgosas incursiones militares, el daño que Trump infringe seguirá presente.
La ya considerable incertidumbre económica y política generada por el factor Trump aumentará al no saberse qué parte de sus nuevas y más peligrosas amenazas se hará efectiva, lo que basta para dañar cada vez más las posibilidades de progreso de México.