Cuando la economía se volvió seguridad nacional

Lo que está en curso es un realineamiento de la política exterior estadounidense desde un liberalismo comercial hacia un realismo centrado en recursos y capacidades estratégicas.
12 Enero, 2026
Foto: Valentin Antonucci, Pexels.
Foto: Valentin Antonucci, Pexels.

Los primeros días de 2026 han sido inquietantes. El mundo empieza a sentirse como ese escenario que Ian Bremmer llama un mundo G-Zero. Un mundo sin un liderazgo claro, sin árbitro, sin un “adulto en la sala”. El sistema internacional basado en reglas empieza a quedar atrás y, cuando no hay reglas, el desorden deja de ser excepción y empieza a ser costumbre. 

Venezuela, Groenlandia, amenazas, despliegues y retórica dura. Nada de esto es anecdótico. Todo encaja con bastante precisión en la lógica del ‘America First’: asegurar prosperidad y seguridad nacional dejando atrás el multilateralismo de buenas intenciones y abrazando, sin demasiados rodeos, el control de recursos y el ejercicio directo del poder. Al final, no es tan nuevo. Si en el siglo XVI las potencias peleaban por las rutas de las especias, en los años setenta del siglo XX la batalla fue por el petróleo; hoy, el poder se disputa en el subsuelo: tierras raras, litio y minerales críticos.

Los minerales críticos (tierras raras, litio, cobalto, grafito, cobre, uranio y otros) no son un tema técnico para especialistas. Están en todo lo que usamos: en el celular, en el coche eléctrico, en la red eléctrica, en los sistemas de defensa. Sin ellos no hay transición energética, no hay digitalización y no hay industria avanzada.

Aquí aparece una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo. De acuerdo con un reporte del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales[1], Estados Unidos es 100% dependiente de importaciones en 12 de los 50 minerales críticos identificados por el USGS y más de 50% dependiente en otros 29, mientras que China es el principal productor de 29 de ellos. La supremacía china en minerales es producto de décadas de política industrial deliberada, planificación estatal y diplomacia de recursos, combinadas con subsidios, control ambiental laxo y una estrategia clara de dominación de cadenas de valor. 

Pero el verdadero poder no está en la mina, sino en la refinería. En el procesamiento. China refina entre 40% y 90% del suministro global de minerales clave. Ahí es donde se gana o se pierde la partida. Porque quien controla el procesamiento controla el ritmo, el precio y la disponibilidad. Es un estrangulamiento silencioso de cadenas enteras.

En Washington el giro ha sido profundo. Lo que antes se resolvía con tratados comerciales hoy se piensa en clave de seguridad nacional. Asegurar minerales es asegurar poder. De ahí los memorandos con aliados, las barreras a proveedores hostiles y la política proteccionista de facto sobre materias primas estratégicas. El mensaje es claro: no puede haber superioridad tecnológica ni militar si un rival controla los insumos esenciales.

Lo que está en curso es un realineamiento de la política exterior estadounidense desde un liberalismo comercial hacia un realismo centrado en recursos y capacidades estratégicas. Esta lógica tiene varias consecuencias claras: (1) las materias primas son consideradas activos de seguridad nacional, ya que cualquier vulnerabilidad en estas cadenas se traduce en riesgo estratégico; (2) la producción de alta tecnología (baterías, chips, sistemas de defensa) requiere control sobre las cadenas de valor desde la extracción hasta la manufactura final; (3) el énfasis en minerales críticos es también un intento de romper la dependencia de China en el procesamiento y manufactura de estos insumos y (4) la seguridad se negocia con recursos, con alianzas reforzadas o debilitadas según quién ofrezca acceso más estable y favorable a suministros estratégicos.

La ventaja competitiva en el siglo XXI ya no está en la marca ni en el marketing, sino en quién controla los insumos. Quién puede producir sin pedir permiso. Quién no depende de un rival estratégico para funcionar. EE.UU. ajusta su política industrial para competir con China y asegurar que su industria tecnológica y militar no dependa de un rival estratégico. China, por su parte, continúa consolidando su liderazgo en estos insumos, presionando a Occidente a crear cadenas alternativas. El resultado es una nueva era de competencia estratégica donde economía, seguridad y geopolítica son una sola cosa.

La próxima década no solo decidirá quién participa en la manufactura del futuro, sino quién pone las reglas del juego. Nos guste o no, esto va a tener consecuencias profundas en crecimiento, empleo, seguridad y autonomía. Entender esta lógica —sin pánico, pero sin ingenuidad— es el primer paso para no quedarnos mirando cómo otros deciden por nosotros. En un mundo donde el poder vuelve al subsuelo, pensar estratégicamente es una forma básica de responsabilidad.
 


[1] Baskaran, G. y Wood, D. – Critical Minerals and the Future of the U.S. Economy, CSIS, Febrero 2025 

Delia Paredes Mier Delia Paredes Mier Delia Paredes apoya la toma de decisiones a inversionistas internacionales, líderes empresariales y gestores de activos a través del análisis económico desde hace casi 20 años. Es consultora independiente y docente en la Universidad Anáhuac y en el Tec de Monterrey. Miembro del Comité de Estudios Económicos en el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF) y del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Delia Paredes es Maestra en Economía por la London School of Economics (LSE).