Econokafka
Economía, política, historia.

Un rebote de Covid emproblemado

03-05-2021 08:27

La mezcla de circunstancias económicas, en combinación con las políticas que deberán adoptarse en respuesta, más las acciones por un gobierno que crecientemente se radicaliza, no presagian nada positivo para 2021.

Nunca se esperó para 2021 una fuerte recuperación con respecto al periodo que quizá será conocido como el Gran Encierro, pero al menos un rebote significativo. Las señales hasta el momento no permiten sostener siquiera ese escenario. Varios elementos confluyen para que, por el contrario, el panorama no parezca promisorio para este año.

 

Desaceleración de la recuperación

El crecimiento del primer trimestre se esperaba deprimente, y así fue. La expectativa de una vacunación acelerada nunca fue un escenario realista en el caso de México, y por supuesto ello inhibió la inversión y reapertura de negocios. Esto fue claro cuando el gobierno de la Ciudad de México no tuvo más remedio que frenar con fuerza las interacciones sociales (y con ello actividades económicas). A ello se agregó el freno que significó para la industria la falta de gas natural por las heladas en Texas.

Con respecto al mismo trimestre del año anterior, el Producto Interno Bruto estimado para enero-marzo 2021 se contrajo en 3.8%, el octavo registro negativo en un gobierno que lleva nueve. Desde la Gran Depresión la economía mexicana no mostraba una ristra de contracción semejante. Si el trimestre se compara con el trimestre inmediato anterior (el último de 2020), se observa un crecimiento de 0.4%. La cifra es significativamente mejor que el 0.1% que se pronosticaba, pero mucho peor que el 3.3% registrado el trimestre anterior. Esto es, una desaceleración notable.

A ello hay que agregar las señales que el Gobierno Federal manda contra la inversión nacional y extranjera, la columna vertebral del crecimiento futuro. Es imposible saber cuántos empleos se perderán al acotar el outsourcing, pero podrán cifrarse en cientos de miles. Los ataques contra empresas extranjeras, particularmente en el sector energético, ya no son señales que encienden alarmas, sino la confirmación de que México ya no es, ni será por años, un destino atractivo para ciertas inversiones.

Queda la potente locomotora estadounidense, y no es poco. El empujón fiscal que la administración Biden está administrando impactará positivamente a México, dando un empujón al PIB. Pero ese impulso fiscal muestra precisamente lo que en tierras nacionales ha brillado por su ausencia: una vigorosa política contracíclica.

La ausencia de un remanente por parte del Banco de México (esperado por el gobierno desde el año pasado) presiona más unas apretadas finanzas públicas. Menor crecimiento implica menos impuestos, y mayores presiones de gasto. La receta presidencial, ya probada por dos años, es recortar y eliminar gastos y programas, siempre con el pretexto de combatir la corrupción.

 

Un necesario apretón monetario

Al apretón fiscal se agregará el monetario. La tasa de interés objetivo al parecer se estancó en 4%, ni siquiera llegando al mínimo histórico registrado la década pasada (3%). El brinco inflacionario puede tener raíces estadísticas (la caída de los precios registrada al inicio de la pandemia) así como alzas inusuales y temporales en ciertos precios, pero lo cierto es que la inflación muestra un brinco importante e inesperado que no puede desdeñar el Banco de México.

La Junta de Gobierno del banco central ya tiene una mayoría obradorista, pero todas las señales que han emanado del Banxico indican el mismo compromiso con la meta inflacionaria que el observado desde que se adoptó ese intervalo (3%, con una desviación de un punto porcentual) hace dos décadas. Por lo que no debe esperarse, afortunadamente, una irresponsable relajación en la tasa de interés. Pero igualmente no puede anticiparse un impulso al crecimiento por parte de la política monetaria. La apreciación de la paridad peso-dólar da un respiro, pero ya se sabe que una súbita depreciación (o al menos volatilidad) no pueden descartarse.

 

La radicalización que ya llegó

A ello hay que agregar la radicalización del Presidente que se ha observado en meses recientes, y las consecuencias que traerá. Lo que puede darse como un hecho son choques con la administración Biden tanto en materia energética como de políticas ambientales. Muchas disputas por inversionistas podrán contaminar las relaciones con países como Estados Unidos y España. Por otra parte, es improbable que Biden apoye la noción de generar electricidad con combustóleo siguiendo el argumento de que proporciona mayor certidumbre de flujo eléctrico que la energía solar o eólica.

En el ámbito energético existe otra gran incógnita que no puede descartarse implique un costo financiero demasiado elevado para el gobierno, y reviente el de por sí precario equilibrio de las finanzas públicas, y se llama Pemex.

La mezcla de circunstancias económicas, en combinación con las políticas que deberán adoptarse en respuesta, más las acciones por un gobierno que crecientemente se radicaliza, no presagian nada positivo para 2021. Lo que probablemente sucederá será un rebote de la pandemia muy emproblemado.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
ÚLTIMAS ENTRADAS
ARCHIVO HISTÓRICO
<< Mayo 2021 >>
D L M M J V S
      
01
02

03

Un rebote de Covid emproblemado
04
05
06
07
08
09

10

¿El liberalismo Ayuso es repetible en México?
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31