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Economía, política, historia.

Promesas y obstáculos del liberalismo en México

24-06-2020 13:15

Una agenda clara de gobierno para cualquier administración que quiera alejarse de la crisis en la que hoy se hunde el país pasará, en mayor o menor medida, por el espectro liberal.

La llave para el liberalismo es ofrecer la redistribución, justicia, más potente y efectiva: la igualdad, pero de oportunidades (Imagen: senado.gob.mx)
La llave para el liberalismo es ofrecer la redistribución, justicia, más potente y efectiva: la igualdad, pero de oportunidades (Imagen: senado.gob.mx)

El liberalismo en general, el liberalismo económico en lo particular, son una promesa para México en el futuro.

El fracaso de un gobierno que se tilda de “anti-neoliberal” es evidente, y el precio a pagar será altísimo. Si bien faltan años para que concluya la actual administración federal, la conocida obstinación presidencial hace prever que no habrá cambios en su estrategia económica.

Al contrario, el titular del Ejecutivo muestra su convencimiento absoluto de que pilotea a México por el camino correcto, y no se cansa de presumir su anti-neoliberalismo a la menor provocación. Es una garantía de que no habrá viraje aún ante el desastre que se desarrolla.

 

No es liberalismo, es personalismo

Hay elementos liberales en las acciones del gobierno obradorista, incluso muy ortodoxos. El más evidente es la obsesión con finanzas públicas sanas, con un déficit fiscal y de endeudamiento público reducidos, incluso en tiempos cuando una política fiscal contracíclica sería lo recomendable, de hecho, un imperativo.

Otro elemento es el libre comercio. En el discurso, el presidente puede hablar de soberanía alimentaria, incluso de autosuficiencia, pero por otra parte muestra singular entusiasmo por el T-MEC que está por entrar en vigor, y que tiene su rúbrica.

Pero hay elementos que parecen liberales y no lo son. AMLO destruye instituciones, programas, alegando que dará el dinero directamente a los interesados, como en el caso de los albergues para mujeres que sufren de violencia o las estancias infantiles. En varias ocasiones parece casi un anarquista: el que parece confiar en el individuo, y trata de llegar directamente con recursos, sin intermediarios burocráticos.

La realidad que hay atrás de semejantes acciones no es un liberal; es un demagogo autoritario. El Presidente quiere ahorrarse dinero, por un lado, y por otro que aquello que se entregue venga directo de su persona, y así lo perciba el beneficiado. El odio a las instituciones no es el de un anarquista o un libertario, es el de un personalista que desea acumular todo el poder posible en sus manos.

 

Liberalismo que atrae…

Por ello, una agenda clara de gobierno para cualquier administración que quiera alejarse de la crisis en la que hoy se hunde el país pasará, en mayor o menor medida, por el espectro liberal.

Lo aparentemente sorprendente es que existen numerosas personas, grupos, que se manifiestan en contra del principio de la libertad del individuo. Parecería que lo más potente, atractivo, es aquello que permita a una persona desarrollarse sin cortapisas.

Parece obligatorio considerar que las ideas de libertad son las ganadoras porque realmente no hay competencia. No es posible imaginar a una persona declarando que quiere estar sujeta a otra, o a un colectivo, privada de su potencialidad. En abstracto, la libertad es lo más atrayente, en lo social y en lo económico. Libertad para consumir, producir, invertir o ahorrar.

Está, además, la evidente ruina de los regímenes colectivistas-estatistas. El mejor anuncio del capitalismo es el país con mayores depósitos de petróleo del mundo y que ya no puede producir gasolina. No lejos en el tiempo está el derrumbe del imperio soviético y sus satélites. Las economías centralmente planificadas han mostrado una y otra vez su inferioridad con las guiadas por la libertad del mercado, y de hecho han terminado colapsándose.

Por si ello no bastara, está la demostrada incompatibilidad de la planeación central con las libertades políticas y sociales. Porque no ha habido gobierno que haya podido encadenar a su población a los ideales del socialismo sin al mismo tiempo convertirse en una dictadura. No por nada los entusiastas del socialismo o comunismo hablan de una dictadura (supuestamente del proletariado) como parte del proceso. Esos gobiernos han terminado por prohibir a sus ciudadanos dejar sus territorios, dada su imposibilidad de ofrecer las mismas ventajas de tantas naciones capitalistas en lo económico y democracias en lo político.

 

… pero que se rechaza por “justicia” …

Pero una agenda liberal en México (y en muchos otros países) debe considerar al menos dos potentes elementos de rechazo entre la población. Los políticos, sobre todo de izquierda, los explotan a conciencia para ganar votos, y con frecuencia mantener con vida las ideas de estatismo y socialismo.

La primera es el afán de “justicia”: esa sed de tantas personas buscando que algo sea “justo”. Es la fuente, el origen, de buscar aplastar a los mejores, limitar la acumulación de riqueza, quitar a unos para entregar a otros. Es una de las armas preferidas de los “luchadores sociales”, el argumento estrella para atacar a “los ricos” y alegar que éstos lo son por explotar a “los pobres”.

Impuestos excesivos, restricciones a ganancias, controles de precios o expropiaciones están entre los numerosos instrumentos que se utilizan para, en nombre de la “justicia” limitar la libertad económica. Los experimentos redistributivos muchas veces terminan acabando con el incentivo de crear riqueza, aparte de que también muchas veces los “justicieros” acaban propietarios de parte de esa riqueza, pero esa lección no es evidente. El ofrecer “justicia” es un anzuelo muchas veces irresistible.

La llave para el liberalismo es ofrecer la redistribución, justicia, más potente y efectiva: la igualdad (esa palabra tan potente en el argot de la izquierda), pero de oportunidades. Esto es, ofrecer dedicar los recursos y la fuerza del Estado para que toda persona pueda contar con un piso parejo de educación, salud y justicia (esto último incluyendo seguridad). ¿Utópico? Sin duda difícil, pero más fácil de lograr que las utopías socialistas de igualdad con un piso y un techo parejos.

 

La llave para el liberalismo es ofrecer la redistribución, justicia, más potente y efectiva: la igualdad (esa palabra tan potente en el argot de la izquierda), pero de oportunidades

 

… y por miedo

El otro obstáculo formidable que enfrenta el liberalismo cuando se ofrece a los votantes es el miedo a la desprotección, a quedar vulnerable en ese ambiente competitivo, muchas veces feroz, y meritocrático. El temor al desempleo, destacadamente, es central en ello. Otro temor que aquellos que propugnan una agenda estatista o socialista explotan con gusto.

El ofrecimiento, muy atractivo para muchas personas, es la promesa de que sus necesidades se transformarán en “derechos”. Y ello trae leyes atiborradas de “derechos”, que por supuesto los políticos no van a pagar.

Los liberales no pueden competir en ese terreno, puesto que no se trata de ofrecer “derechos” que no lo son (y que otros deben pagar), pero sí de mecanismos de apoyo temporal para aquellos que caen en un bache laboral o de ingreso. Seguros de desempleo o de ingreso, esquemas como ingresos mínimos vitales (temporales y focalizados) son posibilidades que no están reñidos con una agenda liberal.

 

Liberalismo que gane y gobierne

La libertad como idea es extraordinariamente potente, pero requiere de considerar las realidades del siglo XXI, incluyendo Estados fuertes con enormes requerimientos presupuestales, así como el afán justiciero de tantas personas y sus temores a un súbito desamparo. Es una mezcla necesaria para un liberalismo triunfante en las urnas y en el gobierno.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía (Essex, Reino Unido), Licenciado en Economía (ITAM) y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UNAM). Profesor-Investigador en el ITESO.Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional y en el gobierno de México.
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