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Economía, política, historia.

Política económica tras el 6 de junio

09-06-2021 17:01

Si la política económica de AMLO no la cambió una pandemia y un derrumbe económico, menos lo hará la nueva composición de la Cámara de Diputados.

El presidente López Obrador en conferencia de prensa. | Foto: lopezobrador.org.mx
El presidente López Obrador en conferencia de prensa. | Foto: lopezobrador.org.mx

La elección del 6 de junio cambiará en partes la política económica obradorista al tiempo que mucha se mantendrá intacta. Un cambio de rumbo es impensable, simplemente el Gobierno Federal no podrá alterar el andamiaje constitucional con facilidad, al tiempo que mantiene el control de la política fiscal.

 

Un mandato democrático (inicial) aplastante

 

Hombre de ideas muchas veces inamovibles, desde que era candidato o Presidente Electo, López Obrador dividía su sexenio, con la segunda mitad siendo más radical, con acciones como una reforma fiscal. Para esa hipotética segunda mitad del sexenio esperaba además grandes logros, como considerar que ya se habrían dejado de importar gasolinas gracias a la rápida y eficiente rehabilitación de refinerías.

La realidad demostró ser un poco más complicada, pero también benevolente con AMLO. La elección de 2018 le entregó un mandato democrático aplastante, contra lo que se esperaba con claras mayorías en las Cámaras, que a su vez amplió atrayendo a legisladores de otros partidos. El Partido Verde, que había tenido como su candidato presidencial a José Antonio Meade, fue de los primeros en brincar de bando.

Pero el Presidente mantuvo inalterado al plan de no buscar cambios legislativos radicales cuando contaba con los votos (y el periodo de luna de miel inicial de todo gobierno) para hacerlo. Al parecer realmente pensó que ampliaría todavía más su margen de maniobra en la segunda mitad de su sexenio.

 

Al radical gradual se le hizo tarde

 

Si un sector muestra la evolución de la praxis obradorista es el energético, sobre todo con respecto a la electricidad. Paulatinamente se movió de cancelar nuevas subastas, concursos y concesiones a cambios reglamentarios. Quizá fue Manuel Bartlett quien lo convenció que su sueño de volver a un mercado totalmente estatal como el existente antes de 1992 (cuando Comisión Federal de Electricidad y Luz y Fuerza del Centro monopolizaban por completo el sector) era algo factible.

Pero los cambios reglamentarios no fueron suficientes, y tampoco las empresas privadas se mostraron dispuestas a componendas negociadas, como es el estilo de AMLO de tratar con intereses privados, y menos tenía la fuerza para presionar en un marco extralegal. Finalmente, en forma tardía (afortunadamente), llegaron las leyes: una nueva de la Industria Eléctrica y otra de Hidrocarburos, que se empantanaron casi de inmediato con amparos judiciales.

López Obrador tuvo lo mismo que Enrique Peña Nieto en 2013-2014: una mayoría legislativa que permitía cambios de gran calado. EPN hizo el “Pacto por México”, mientras que AMLO se dedicó a desmantelarlo, en varios aspectos por completo (sobre todo la Reforma Educativa), al tiempo que despotricaba contra el “neoliberalismo” y el “PRIAN”. Pero no llegó al paso siguiente: las reformas constitucionales para desmantelar la apertura energética o desaparecer varias instituciones. Al parecer atrapado en su noción de un gobierno crecientemente apoyado por el pueblo, y una segunda mitad más potente que el arranque, se durmió en sus laureles legislativos y se le hizo tarde.

¿Desea López Obrador modificar más la Constitución? Fue el mensaje claro en la mañanera inmediata a la elección, haciendo sumas con respecto a la composición del nuevo Congreso. Lo peculiar, o en todo caso irónico, es que en sus cálculos para una reforma constitucional contaba con el apoyo del PRI. No con Movimiento Ciudadano o el PRD, sino el PRI.

 

El daño por causar

 

La aritmética legislativa muestra que AMLO mantiene una mayoría simple que le permite seguir dictando al Congreso iniciativas de ley, que serán aprobadas sin chistar por su partido y sus satélites. Por ello puede seguir haciendo mucho daño, por ejemplo, nombrando a personeros en los órganos que ya no puede eliminar de un plumazo, como la Comisión Federal de Competencia o el Instituto Nacional de Acceso a la Información. Una erosión lenta a falta de la destrucción inmediata.

Por supuesto, el control de la política fiscal se mantiene con la mayoría simple, lo que implica tanto esa posible reforma fiscal (los elefantes blancos no se pagan solos) como sostener ese conservadurismo fiscal que tanto dañó causó en 2019 y sobre todo 2020.

Hombre de ideas rígidas, la política económica de AMLO quedó establecida desde los primeros meses de su gobierno. Si no la cambió una pandemia global y un derrumbe económico, menos lo hará la nueva composición de la Cámara de Diputados. Al revés que el gatopardo, con AMLO todo sigue igual a pesar de los cambios, mientras que la pobreza de los resultados es al parecer algo por completo irrelevante.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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