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Plan antiinflacionario: lo bueno, lo malo y lo ilusorio

09-05-2022 10:29

Lo más positivo del PACIC es la escasa participación del sector privado; no hay controles de precios. Lo malo del paquete de medidas es su costo.

Plan antiinflacionario: lo bueno, lo malo y lo ilusorio.
Plan antiinflacionario: lo bueno, lo malo y lo ilusorio.

La inflación está de regreso, y algunos gobernantes quieren mostrar que hacen algo. Ya hace semanas que Andrés Manuel López Obrador, con una fuerte inclinación intervencionista y estatista, hablaba de tratar de controlar ciertos precios. La serie de propuestas fue finalmente anunciada el 4 de mayo

Ni plan o pacto, fue paquete (bueno)

Se llegó a hablar (con bastante imaginación y escaso conocimiento histórico) que el gobierno buscaría reeditar los pactos económicos que iniciaron con Miguel de la Madrid y siguieron con Salinas y Zedillo. No dejaba de ser paradójico que se especulara que el tabasqueño querría imitar acciones de “gobiernos neoliberales”.

Finalmente, no fue “pacto”, tampoco “plan”, sino el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC). Un nombre acertado, para no desatar expectativas excesivas, aunque lo de “carestía” realmente no tiene tanto fundamento, pero es una expresión negativa a la que suena bien combatir.

Lo más positivo del PACIC es la escasa participación del sector privado. No hay controles de precios, tampoco mención alguna de “precios máximos”, como tampoco amenazas de que la Procuraduría Federal del Consumidor estará inspeccionando, multando o hasta cerrando negocios. La coerción brilla por su ausencia y en cambio se habla de una “coordinación comprometida”. No habrá esa escasez o mercados negros que se llegó a temer, gracias a esa muestra de realismo económico.

Se descubre que la seguridad es positiva

Otro elemento positivo del programa es que se anuncia mayor seguridad en las carreteras del país, con 12 mil elementos y 2,300 vehículos al parecer apoyando en ese respecto, aunque no queda claro si estos números son nuevos o ya existentes. Sea como sea, excelente que se entienda que la inseguridad causa estragos en el movimiento de mercancías en las carreteras nacionales. Lo negativo es que este reconocimiento se deriva de un aumento en la inflación.

Lo ilusorio: maíz y frijol

Las obsesiones personales de López Obrador aparecen en otras partes del paquete. Nacionalista a la antigua, su primera pasión es la energía, pero reserva aprecio para esos alimentos que caracterizan al México de sus recuerdos: maíz y frijol. Si bien no dice “sin maíz no hay país”, si manifiesta con cierta frecuencia la idea de “producir lo que consumimos”, una especie de pasión por esa economía cerrada que hace mucho desapareció. No deja de ser peculiar por parte de quien firmó la versión actual del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá, el T-MEC.

Quizá es la forma de combatir la “carestía”. El paquete establece que se aumentará la entrega de fertilizantes y que se mantendrá un precio de garantía para pequeños productores de maíz, frijol, arroz y leche (precios que ya existían, esto es, no hay nada nuevo al respecto). No es evidente que esto vaya a aumentar sustancialmente la disponibilidad de esos alimentos u otros. Por otra parte, se establece que se constituirá una “reserva estratégica” de maíz, hasta por un millón de toneladas. A menos que se importe, peculiar el planteamiento de sacar maíz del mercado cuando más hace falta.

Por otra parte, en contradicción con el “producir lo que consumimos”, el positivo anuncio de que habrá arancel cero para la importación de ciertos alimentos básicos durante seis meses (ojalá fuese permanente), incluyendo frijol, jitomate, leche, papa y carne de pollo y de res. Un reconocimiento de que el comercio exterior es una forma rápida de aumentar la oferta de alimentos.

¿Vale la pena por 400 mil millones de pesos?

Lo malo del paquete de medidas es su costo. El pilar central de la propuesta puede resumirse en una palabra: subsidios. A la gasolina, diésel, gas LP, electricidad, fertilizantes, programas de abasto y programas sociales. El sacrificio fiscal por el apoyo financiero a la energía implicará un gasto anual de 330 mil millones de pesos. El resto de los subsidios, alrededor de 70 mil millones adicionales.

Hay un problema grave con el subsidio a la gasolina: es regresivo, esto es, beneficia (mucho) más a quien más dinero tiene. La mayor parte de ese dinero regalado va para los que llenan un tanque grande de gasolina. Los usuarios de transporte público reciben una mínima parte.

Pero también es necesario considerar que la gasolina suele traer ingresos importantes al Gobierno Federal, por medio del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), que implicaba (obviamente tiempo pasado) entre 230 y 300 mil millones de pesos al año para el erario. De ahí se explica en buena parte la magnitud del sacrificio fiscal.

Al presentarse el paquete, se destacó que la inflación en México sería alrededor de 2.5 puntos porcentuales arriba del nivel actual si no fuese por tan generosos subsidios. Lo que cabe preguntarse en materia de política pública es si vale la pena gastar alrededor de 400 mil millones de pesos por contener la inflación 2-3 puntos.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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