Banxico está obligado a subir su tasa de interés objetivo en febrero

El panorama inflacionario en enero será complicado. Banxico está obligado a subir la tasa de interés en febrero. Una pausa en los recortes ya no es suficiente para lograr la convergencia de la inflación al objetivo de 3% en 2026.
8 Enero, 2026
Junta de Gobierno de Banxico en reunión virtual.
Junta de Gobierno de Banxico en reunión virtual.

Esta mañana el INEGI dio a conocer el dato de inflación para diciembre de 2025. La inflación general cerró en una tasa anual de 3.69%, lo que representó una baja con respecto al mes previo (3.80%) y estuvo por debajo de la anticipado por el consenso de los analistas encuestados por Citi el pasado martes 6 de enero (3.76%). 

Si bien la inflación general cerró el año por debajo del límite superior del intervalo de variabilidad de 4%, ello se debió nuevamente al componente no subyacente, el cual tiene a reflejar choques de oferta transitorios sobre el nivel general de los precios. Sigue siendo preocupante que la inflación subyacente a tasa anual mostró una ligera disminución a 4.33%, en congruencia con las expectativas de los analistas encuestados por Citi (4.30%).

Es pertinente subrayar que en la encuesta de Citi el consenso de los pronósticos de los analistas sobre la inflación anual de cierre de 2026 (medido por la mediana de las respuestas) se mantuvo en 4% tanto para la inflación general como para la inflación del subíndice subyacente. Para 2027, las previsiones para estos dos indicadores son de 3.7 y 3.71%, respectivamente. Aunque estas previsiones no son muy distintas de las recabadas en los últimos meses, ponen de manifiesto que los especialistas no consideran que el Banco de México tendrá éxito en lograr la convergencia de la inflación al objetivo de 3% en el tercer trimestre de este año, como suponen los pronósticos del banco central.

Desde el punto de vista de la política monetaria, la persistencia de la inflación subyacente sugiere que Banco de México debería ser cauteloso en continuar con el ciclo de recortes de su tasas de interés objetivo para la política monetaria. Tan es así que en la última encuesta de Citi observamos que por primera vez en más de dos años las expectativas de los analistas encuestados por Citi se apartaron de manera importante de la guía prospectiva de Banco de México. 

Desde que el banco central inició formalmente con su guía prospectiva en sus comunicados de política monetaria a partir del comunicado del 12 de mayo de 2022, las previsiones de la enorme mayoría de los analistas encuestados por Banxico y Citi habían venido anticipando los movimientos en la tasa de referencia del banco central para la política monetaria con independencia de que sus previsiones de inflación fuesen o no congruentes con la convergencia del objetivo de inflación de inflación señalado por Banco de México en sus pronósticos, convergencia que en repetidas ocasiones se había venido posponiendo de 2023 hasta el tercer trimestre del año en curso. 

A manera de ejemplo, mientras que la totalidad de los analistas encuestados previeron el recorte de 25 puntos base del objetivo operacional para la Tasa de Interés Interbancaria a 1 día del comunicado del pasado 18 de diciembre, en esta ocasión sólo cinco de los 35 analistas encuestados prevén que habrá un recorte de 25pb en la decisión del banco central que será anunciada el 5 febrero de este año. Además, 11 de ellos prevén que el recorte se dará en el comunicado del 26 de marzo, 13 de ellos consideran que el recorte ocurrirá hasta el anuncio del 7 de mayo, 5 de ellos esperan que ocurrirá hasta el 25 de junio y uno de ellos que será hasta el 4 de septiembre.

Esta discrepancia e incertidumbre sobre el siguiente movimiento de política monetaria no la habíamos visto en mucho tiempo. Ello significa que, a pesar de la guía prospectiva de seguir valorando recortes adicionales en el objetivo de la tasa de interés de referencia del banco central, el consenso de los analistas considera que habrá una pausa en el ciclo de recortes y que el próximo recorte ocurrirá en la reunión de mayo. Al respecto, será prácticamente imposible para Banco de México apartarse en sus comunicados de febrero y marzo de la previsión de que mantendrá sin cambio su objetivo operacional para la política monetaria.

Esto puede atribuirse a varias razones. La primera es que genuinamente consideran que dadas sus previsiones sobre la inflación en 2026 un recorte adicional difícilmente lograría que la inflación general y la inflación subyacente estén por debajo de 4%. En parte, ello puede deberse a los dos votos disidentes de un subgobernador en las últimas dos decisiones de política monetaria de noviembre y diciembre del año pasado, quien recomendó hacer una pausa en el ciclo de recortes. Una tercera posibilidad es que, dada la comunicación (antes estrecha pero cautelosa, aunque ahora escasa o selectiva) de algunos analistas con los miembros de la Junta de Gobierno, se ha podido leer entre líneas que ese cuerpo colegiado optará por realizar una pausa. Me temo que lo más probable es esta última posibilidad.

Por cierto, hoy conoceremos los argumentos del voto disidente del subgobernador Jonathan Heath. Seguramente serán más que convincentes y persuasivos. 

Ya es demasiado tarde para una pausa

En mi opinión, desde hace ya varios meses algunos pocos (la mayoría exfuncionarios del Banco de México) habíamos sugerido la necesidad de realizar una pausa en el ciclo de recortes en el objetivo de la tasa de interés de fondeo bancario a 1 día con fundamento en el repunte y persistencia que comenzó a registrar la inflación subyacente anual a partir de noviembre y diciembre de 2024.

El problema de no haber realizado la referida pausa en los primeros meses de 2025 radica en que el Banco de México argumentó que el debilitamiento de la actividad económica durante ese año contribuiría a mitigar las presiones inflacionarias, algo que toma tiempo y que aún no se percibe ninguna evidencia clara al respecto. El banco central decidió de manera prospectiva -pero tal vez inoportuna- poner sus esperanzas en que así será. 

Sin embargo, también desde una perspectiva prospectiva, la persistencia de la inflación subyacente requería actuar con prudencia para romper esa persistencia. No era una decisión fácil, pero en retrospectiva, la decisión fue a la postre errónea, precisamente por los rezagos con los cuales opera la política monetaria y los retrasos con los que la holgura en la actividad económica incide sobre las presiones inflacionarias por el lado de la demanda agregada.

El problema radica en algo que parece sutil pero que es muy importante: La oportunidad con que se toman las decisiones de política monetaria. No es lo mismo hacer una pausa en el ciclo de recorte antes que después al tiempo que la inflación subyacente y las expectativas de inflación de corto y mediano plazo no están alineadas con la convergencia de la inflación a la meta de 3% dentro del propio horizonte (móvil) de pronóstico de Banco de México. El tortuguismo en la persistencia de la inflación subyacente en niveles superior al 4% le ganaron a la liebre del banco central.

Otra manera de explicar lo anterior es la siguiente: si el banco central hubiera decidido hacer una pausa en los recortes en noviembre o diciembre del año pasado, de cualquier forma, ello hubiese implicado un relajamiento de la postura de la política monetaria considerando el repunte de las expectativas de inflación y la persistencia del componente subyacente. Me atrevo a decir que, aun en ausencia de estos recortes, la tasa de interés real ex-ante de corto plazo se hubiera ubicado dentro del intervalo de estimación de la tasa de interés neutral que calcula el propio Banco de México.

Siendo así, los recortes de noviembre y diciembre no sólo llevaron a la postura de la política monetaria a un terreno de neutralidad, sino que además implicaron, en el margen, un relajamiento adicional y significativo de la postura de la política monetaria. En pocas palabras, una pausa en los recortes en los últimos dos meses del año pasado ya era insuficiente para mantener la política monetaria en terreno restrictivo.

El panorama se complica aún más si consideramos los choques inflacionarios que estamos experimentando este mes. Estos choques de oferta, transitorios si usted quiere, representan un reto considerable para la convergencia de la inflación al objetivo de 3% en un plazo razonable. Además de la “tradicional” cuesta de enero, entraron en vigor los “impuestos a la salud”, el aumento del IEPS a la gasolina muy por encima de la referencia internacional (la cotización de Texas) y que seguirá aumentando el precio de la gasolina y otros energéticos conforme al aumento en el nivel general de los precios, los ajustes en otros precios y tarifas del gobierno, la entrada en vigor de los aranceles a productos provenientes de Asia (principalmente de China) y el fuerte incremento al salario mínimo de 13%. 

Si bien estos choques inflacionarios pueden considerados como transitorios y que tienen un efecto de una sola vez por todas al alza sobre el costo de la vida, el banco central debe asegurarse que esta burbuja inflacionaria no tenga efectos de segundo orden sobre el resto de los precios y las expectativas de inflación o que refuerza la persistencia de la inflación subyacente. El proceso de fijación de precios y salarios depende de las expectativas de inflación y el principal mecanismo de transmisión sobre el que opera la política monetaria en México son las expectativas de inflación. Para 2027, las previsiones en la encuesta de Citi son de una inflación general de 3.70% y una inflación subyacente de 3.71%

Estas consideraciones me llevan a afirmar con toda seguridad que la actuación oportuna del Banco de México ante este panorama requiere de un incremento de la tasa de interés objetivo del banco central en la decisión que anunciará este 5 de febrero. Me temo que una pausa en el ciclo de recortes, como suponen los analistas encuestados por Citi, ya no es suficiente dado el panorama inflacionario, la postura de neutralidad de la política monetaria y la falta de credibilidad de que el objetivo de inflación de 3% será alcanzado en el presente año. 

El Banco de México está obligado a subir en por lo menos 25 puntos base su tasa de interés objetivo en su decisión de febrero. Una pausa ya no es suficiente.

Ya no basta con decir que hay que reconocer los avances logrados en la desinflación a partir del máximo de inflación registrado en octubre de 2022 ni hacer comparaciones con lo logrado en el pasado por el propio banco central. Es tiempo de que las acciones de política monetaria del Banco de México respalden su compromiso de cumplir cabalmente con su mandato constitucional de procurar preservar el poder adquisitivo de la moneda nacional. Sus acciones deben ser percibidas en todo momento como congruentes con lograr la convergencia de la inflación al objetivo de 3% dentro de un plazo razonable y la consolidación de un entorno de inflación baja y estable. 

Comentario final

Conviene recordar que el banco central ha reiterado una y otra vez que espera que la debilidad de la actividad económica contribuya a la atenuación de las presiones inflacionarias. 

Aunque el Indicador Global para la Actividad Económica (IGAE) de octubre mostró un repunte significativo en su tasa de crecimiento anual con series desestacionalizadas (1.6%), la variación de este indicador en el periodo enero-octubre de 2025 es de sólo 0.29% en comparación con igual periodo del año previo. Empero, otros indicadores relacionados con la actividad económica, especialmente los relacionados con el empleo y las importaciones de bienes de consumo, continúan mostrando debilidad. Como dice el dicho, una golondrina no hace verano.

Según la encuesta de expectativas de Citi del marte 6 de enero, los analistas pronostican un crecimiento del PIB en 2025 de entre 0.1% y 0.6%, con un promedio y una mediana de los especialistas consultados de 0.4%. Este promedio es prácticamente lo mismo que pronosticó el Banco de México antes de que se diera a conocer el dato del IGAE para el mes de octubre.

El banco central tiene que entender que la mejor contribución que puede hacer al crecimiento económico y al desarrollo del país es lograr y mantener un entorno de inflación baja y estable. Un objetivo que cada vez parece más lejano. 

Abraham Vela Dib Abraham Vela Dib Economista por el Tecnológico de Monterrey, maestro en Economía por el Colegio de México y doctor en Economía por la Universidad de California en Los Ángeles. Fue presidente de la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro (CONSAR) desde 2018 hasta 2021. Antes, trabajó en el Banco de México y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Actualmente es profesor en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).