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Economía, política, historia.

Peculiar decisión del Banxico

15-11-2021 09:14

Banxico está utilizando lo que tiene en su caja de herramientas, pero puede decirse que es un martillo cuando requiere un desarmador.

La inflación sigue, obstinada, en niveles elevados. No es solo México, sino en todo el mundo. Al mes de octubre fue peculiar que el aumento de los precios acumulado durante los 12 meses anteriores en México fue de 6.2%, y en Estados Unidos exactamente la misma cifra. En el caso estadounidense, el nivel más elevado desde diciembre 1990. Para México el mayor nivel desde diciembre 2017. En España, por otra parte, llegó a 5.4%, la cifra más elevada desde diciembre 1992, un fuerte aumento que en mucho se explica por el registrado en los energéticos, sobre todo la electricidad. En muchas naciones, así, se están alcanzando inflaciones no registradas en una generación.

Para mexicanos de cierta edad, una inflación superior al 6% puede no sonar particularmente traumática, considerando lo vivido desde 1973 hasta 2000 (niveles de dos y hasta tres dígitos, sobre todo en 1982-88), pero es el doble que la meta oficial que el banco central tiene desde finales de 2003: 3% con una desviación de un punto porcentual, esto es, un intervalo de 2-4%.

La única herramienta es inadecuada

Banco de México tiene esencialmente un instrumento para frenar el aumento de los precios: la tasa de interés, que por ello ha estado aumentando en meses recientes. Pero el problema es que lo que se busca lograr, y no es inmediato, es frenar la demanda, cuando el problema inflacionario es causado en buena parte por cuellos de botella de oferta. No se espera que los aumentos en el costo del dinero lleven a que, por ejemplo, haya más semiconductores para la industria automotriz.

Esto es, Banxico está utilizando lo que tiene en su caja de herramientas, pero puede decirse que es un martillo cuando requiere un desarmador. Pero usando ese martillo, esto es, con esos aumentos, evita (y eso sí es muy relevante) que se alimenten expectativas de mayor inflación, que por ejemplo se contagien a todavía más elevados aumentos de precios o de salarios en el futuro. El detalle es que ese freno implicará el llevar a la economía a un menor crecimiento, alimentando al menos en un plazo inmediato un estado de estanflación: crecimiento elevado de los precios con bajo crecimiento del PIB.

Inflación transitoria… no tan transitoria

El 11 de noviembre se decidió un nuevo aumento a la llamada tasa de interés objetivo, con el cuarto de punto adicional llevando dicha tasa a 5.0%, el nivel más elevado desde mediados de 2009.

 

El lenguaje del Comunicado correspondiente es a la vez pesimista (o realista) y peculiar. Lo más relevante es que reconoce que la inflación y sus expectativas siguen el alza, y que esto va para (relativamente) largo. La inflación que muchos siguen presentando como transitoria no lo resultará tanto. Lo que muestra el cuadro que se incluye es que se espera que esta cierre el año en niveles no vistos desde el primer semestre de 2001, esto es, alrededor del 7% anual. Por otra parte, que se mantendrá en niveles superiores al 4% por lo menos hasta el tercer trimestre de 2022, y que se alcanzará la meta oficial de 3%, si acaso, hasta el tercer trimestre de 2023.

Una promesa extraña

Lo peculiar del comunicado fue el párrafo que lo cerró antes de anunciar los votos de los miembros de la Junta de Gobierno:

En las siguientes decisiones de política monetaria la Junta de Gobierno evaluará estrechamente el comportamiento de las presiones inflacionarias, así como el de todos los factores que inciden en la trayectoria prevista para la inflación y en sus expectativas. Ello con el objetivo de adoptar una tasa de referencia que sea en todo momento congruente con la trayectoria que se requiere para propiciar tanto la convergencia ordenada y sostenida de la inflación general a la meta de 3% en el plazo en el que opera la política monetaria, como un ajuste adecuado de la economía y de los mercados financieros.

Lo extraño del párrafo es la reiteración de lo obvio, pues se supone que esa clase de evaluación es lo que siempre hace, o deben hacer, las autoridades monetarias. Es un compromiso, por decir lo menos, atípico por lo innecesario.

Como en cierta forma ya es tradición, el subgobernador Gerardo Esquivel votó en solitario en contra del aumento de la tasa de interés. Sus razones son, como es de esperarse con alguien de su trayectoria, claramente sustentadas, aunque quizá no dando el peso relevante a las expectativas de inflación y la forma en que estas pueden aumentar si Banxico no hace lo propio con la tasa. Su razonamiento específico en este caso será conocido, y sin duda debatido, cuando el banco central publique las Minutas correspondientes en un par de semanas.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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