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Economía, política, historia.

La costosa obsesión petrolera

03-01-2022 17:58

López Obrador se ha embarcado en una estrategia extraordinariamente costosa invirtiendo miles de millones de dólares en un Pemex.

El presidente López Obrador en el campo petrolero Ixachi en Tierra Blanca, Veracruz, en mayo de 2019 (Foto: lopezobrador.org.mx)
El presidente López Obrador en el campo petrolero Ixachi en Tierra Blanca, Veracruz, en mayo de 2019 (Foto: lopezobrador.org.mx)

El petróleo ha sido una obsesión de Andrés Manuel López Obrador por prácticamente toda su vida, desde que el entonces joven director del Instituto Nacional Indigenista de Tabasco vio, a partir de 1978, como su estado se inundaba con los recursos provenientes del oro negro que se empezó a explotar masivamente, sobre todo el gigantesco manto de Cantarell en el cercano Golfo de Campeche.

En su gobierno dicha fijación ha tenido dos vertientes principales: el “rescate” productivo de Pemex y la expansión masiva en la refinación de gasolinas. Ha sido una estrategia extraordinariamente costosa, al invertir miles de millones de dólares en una empresa quebrada y masivamente endeudada.

Nuevo intento de “gigante industrial”

La gigantesca deuda de Pemex, alrededor de 113 mil millones de dólares, la gran mayoría bonos internacionales denominados en moneda extranjera, obviamente no fue acumulada por López Obrador. Fue el resultado de emisiones de deuda importantes que iniciaron en el último año del sexenio de Ernesto Zedillo, y que habrían de continuar con Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. En ese caso, la estrategia no varió a pesar de los cambios de gobierno o colores partidistas.

La razón principal del endeudamiento masivo fue el agotamiento de Cantarell y la búsqueda incesante (y muy costosa) de más petróleo, con mayor razón cuando llegó el segundo boom petrolero con precios atractivos y al alza. El primero había sido en 1973-81 y México alcanzó la última parte. En el correspondiente a 2004-14, la ironía fue que inició justo en el año en que empezó a caer la producción petrolera.

Tenía cierta lógica en esos años invertir cantidades enormes de recursos, y como la Constitución prohibía que lo hicieran privados, todo a cargo del Estado mexicano, en ocasiones con el ineficiencia y corrupción que le son tan características. Como Pemex pagaba un monto extraordinariamente elevado de impuestos, en los hechos la empresa se endeudaba para cubrir al menos parte de esa pesada carga tributaria. Un espejismo fiscal que ningún gobierno trató de corregir.

Fueron los repetidos intentos por recrear el “gigante industrial” lopezportillista que trajera raudales de dinero gracias a la explotación de crudo, al tiempo de satisfacer el voraz consumo nacional, y muchas veces subsidiando el consumo de gasolina.

El sueño finalmente se desvaneció a partir del segundo semestre de 2014 con la caída del precio internacional del crudo y se marcó el cierre con la salida de Emilio Lozoya Austin de la Dirección General de Pemex en febrero de 2016, y el arribo de José Antonio González Anaya. La prioridad pasó de ser productiva a financiera: de tratar de evitar el colapso de una empresa quebrada por las malas apuestas acumuladas. Y como parte de ello se empezó a reducir con rapidez la refinación, puesto que se perdía dinero a carretadas transformando el crudo en gasolina (otra muestra más de la ineficiencia de Pemex).

Aparte había una ventaja adicional: desde 2014 ya se permitía la inversión privada en el sector petrolero. El Estado (el dueño del petróleo) podía no invertir un solo peso al tiempo que subastaba bloques para explotación, cobrando por ello. Pemex, por su parte, podía asociarse con empresas extranjeras y nacionales, compartiendo inversiones, riesgos y ganancias (o pérdidas, claro).

Nuevo intento con AMLO

Pero el nacionalismo petrolero y la obsesión de Pemex como gigante industrial regresaron con López Obrador. Al Presidente le parece inconcebible que un país petrolero importe sus gasolinas. El nuevo objetivo fue aumentar la producción y que la totalidad de esta se refinara en México. Un círculo de “soberanía energética” perfecto: sin exportar crudo y sin importar gasolinas. Lo opuesto, en ese sentido, a López Portillo, que buscaba exportar lo más posible para obtener divisas.

Y la meta quedó fijada hace unas semanas para 2023, con la incorporación (se espera) al Sistema Nacional de Refinación de Deer Park (en Texas, pero no hay otra alternativa para cumplir con el sueño de refinar en empresas de propiedad de Pemex), Cangrejara y Dos Bocas, aparte de las seis refinerías previamente existentes.

El sueño parece extremadamente ambicioso, dado que es improbable que Dos Bocas realmente pueda refinar crudo en 2023, aparte de esperar que el resto de las refinerías aumenten su producción, y que no haya más accidentes industriales en las mismas. Pero el principal problema será financiero: se dejará de lado la actividad lucrativa (vender crudo en el exterior) a cambio de una en que se pierde mucho dinero (refinar crudo en el interior).

Desde 2022 hasta el final del sexenio obardorista, Pemex se encarrila, con todo propósito, en una carrera productivamente complicada y financieramente suicida. Una ironía de López Obrador, que no duda en “ahorrar” dinero en muchos rubros que afectan a la población (como es salud) pero que no duda en derrochar a manos llenas cuando se trata de su obsesión petrolera.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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