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Economía, política, historia.

Inflación, Banxico y Esquivel

25-10-2021 08:37

Los argumentos que Esquivel presentó en septiembre están bien sustentados, pero es una argumentación que al parecer no toma en cuenta ciertos elementos relevantes.

Gerardo Esquivel, subgobernador del Banco de México.
Gerardo Esquivel, subgobernador del Banco de México.

La inflación está de regreso en el mundo.

En Estados Unidos subió a 5.4% anual en septiembre, con un aumento en los precios durante ese mes de 0.4%. Dicha cifra es la más elevada en 13 años, justo antes de que el estallido de la crisis de 2008-09 llevase a una brutal recesión mundial, y a muchas economías al borde de la deflación.

En 2008-09 el origen de la crisis fue en el sector financiero, iniciando con la bancarrota de Lehman Brothers, cuyo desplome a su vez dañó al sector productivo. La pandemia de 2020, en cambio, metió un freno nunca visto a nivel global (por lo rápido, generalizado y profundo) al sector productivo. Sí hubo una presión deflacionaria inmediata, pero fue contrarrestada por fuertes expansiones de gasto, y por ello endeudamiento, público por parte de muchos gobiernos. A diferencia de 2008-09, el fantasma deflacionario no se materializó.

¿Permanente o transitoria?

Otra diferencia, desafortunada, fue que la desarticulación productiva fue más larga y profunda que lo previsto, porque la pandemia resultó (en parte por sus variantes) mucho más larga de lo esperado. Con la recuperación a partir de 2009, la inflación quedó estacionada en niveles extremadamente bajos, en parte porque el crecimiento económico en años subsecuentes distó igualmente de ser espectacular. Ahora la recuperación post-Covid, en cambio, trajo inflación.

En Estados Unidos fue la mezcla de un vigoroso empuje a la demanda con los problemas de oferta (la falta de semiconductores, los puertos a reventar) lo que desató la inflación actual. La gran pregunta es si esta es permanente o transitoria. Destacados economistas han respondido que puede ser una o la otra, puesto que hay evidencia que apoya las dos posibilidades. Que lo más probable es que sea temporal, pero bajo ciertas circunstancias puede enraizarse. Esto es, en otras palabras, dicen que quién sabe.

Lo cierto es que los problemas de oferta se están complicando o incluso amplificando, como ha ocurrido con el impacto sobre los precios de la energía, destacadamente el petróleo y gas natural, lo que dará un empujón adicional a los precios y puede frenar un poco la recuperación.

El dilema para el Banxico

En México la pregunta cobra mayor relevancia porque la inflación es todavía más elevada, y claramente arriba de la meta de 3%, con un punto porcentual de desviación permitido. Ya van siete meses en que está por arriba del intervalo de 2-4%, seis de ellos con un nivel cercano al 6% anual, y sin perspectivas de caer pronto, aunque por el momento se ha estacionado.

Por eso la Junta de Gobierno del Banco de México ha resuelto aumentar la tasa de interés objetivo en tres ocasiones desde junio, cada una en un cuarto de punto porcentual, pasando la tasa de 4.00% a 4.75%. En todas ellas la votación ha sido dividida, en las de junio y agosto, los subgobernadores Galia Borja y Gerardo Esquivel votaron en contra del aumento, y en la realizada a fines de septiembre, el único voto contrario fue el de Esquivel. El otrora académico de El Colegio de México ha sido, por ello, el único voto consistente en contra de los aumentos.

Los argumentos que el egresado de la UNAM y Harvard presentó en septiembre están bien sustentados, como es de esperarse de alguien con su trayectoria. Pero es una argumentación que al parecer no toma en cuenta ciertos elementos relevantes.

Considero que aumentar la tasa de interés en esta coyuntura es inefectivo e ineficiente. Es inefectivo porque una mayor tasa no resuelve los factores que originan las presiones inflacionarias: aumento en precios internacionales de los insumos y disrupciones en las cadenas de suministro.

Un argumento impecable, pero que no considera que un aumento inflacionario puede impactar las expectativas al alza del fenómeno. Partiendo de esa premisa, un banco central no reaccionaría, nunca, a choques inflacionarios de oferta.

Es ineficiente porque el aumento sí podría afectar a la economía en varias dimensiones: consumo, inversión, crédito y finanzas públicas.

No es deseable, pero de hecho es exactamente lo que se pretende lograr: impactar negativamente consumo, inversión y crédito (aparte del ahorro), precisamente para reducir la inflación. De lo contrario el aumento no sería eficiente. La inflación no es solo resultado de choques de oferta sino, además, la única forma que tiene Banxico para reducirla es vía la demanda.

Además, el aumento reduce el espacio futuro para cuando la Reserva Federal inicie el proceso de normalización de sus tasas. Anticiparse demasiado a este proceso, podría implicar que en el futuro la tasa deba llevarse a un terreno muy restrictivo para no afectar la postura relativa.

Una consideración sólida, sin duda, aunque podría argumentarse que no necesariamente el Banco de México debe replicar toda acción de la Reserva Federal –como de hecho está haciendo desde hace meses aumentando la tasa objetivo mientras que el banco central estadounidense ha mantenido su política monetaria sin cambios.

Finalmente, el aumento también podría ser contraproducente. Aumentos continuos podrían interpretarse como señales de que la inflación tiene un carácter permanente. Esto podría afectar las expectativas y al proceso de formación de precios. De hecho, del primer aumento a la fecha, las expectativas de corto plazo no han hecho sino aumentar, por lo que el objetivo buscado no se ha alcanzado. Así, cabría preguntarse si no sería mejor una política comunicativa que explicara con claridad la naturaleza del choque inflacionario actual, en vez de responder mecánicamente con aumentos continuos de tasas.

Un argumento peculiar, por no decir que sin sentido. Esquivel ahora sí habla de expectativas, pero para decir que los aumentos en la tasa de interés pueden llevar a los agentes económicos a considerar el aumento inflacionario como permanente, y actuar en consecuencia. No hay lógica alguna en ello, a menos que Esquivel crea que la causa de la inflación es, como pensaban muchos hace décadas, una cuestión de costos, entre ellos el costo del dinero (la tasa de interés).

Finalmente, el que trate de presentar una causalidad entre el aumento en las tasas desde junio y el aumento en expectativas, como si no hubiera tantos otros elementos empujando dichas expectativas, es singularmente falaz. Quizá ello explique por qué sus colegas en la Junta de Gobierno no comparten su diagnóstico y propuesta de remedio, y optaron por una acción restrictiva de política monetaria.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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