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Economía, política, historia.

Estanflación en México

08-11-2021 08:09

Las cifras del INEGI muestran lo que las amas de casa constatan al ver los precios de lo que rutinariamente compran.

Son los alimentos, el gas, la electricidad, medicinas… no es que la inflación se encuentre en niveles elevados, que lo está, es que está golpeando el bolsillo de millones de familias. No es solo la inflación que aparece en los registros del INEGI, sino aquella que perciben directamente las amas de casa. La expresión que lo resume es: “todo está carísimo”. Es la economía de mercado, del mercado de abastos o sobre ruedas.

La inflación en México ha estado por casi dos décadas entre 2% y 7%. Nada mal para los estándares que vivieron generaciones recientes (con niveles de dos y tres dígitos entre 1973 y 2000) pero ahora se conjunta con el magro crecimiento económico. El tercer trimestre del año ya mostró una contracción de 0.2% con respecto al anterior, rompiendo una tendencia de recuperación que de por sí distaba de ser espectacular.

Las cifras del INEGI muestran lo que las amas de casa constatan al ver los precios de lo que rutinariamente compran: en septiembre, con respecto al año anterior, el promedio de las frutas y verduras registra un aumento de 9.4%, los productos pecuarios de 11.3% y los energéticos un 11.7%. La inflación general, mientras tanto, se ubicó en 6.0% exactamente.

Una larga sombra

La sombra sobre la economía mexicana es la del estancamiento con inflación, fenómeno que desde la década de 1960 es conocido como estanflación. Un escenario que por lo menos se extenderá hasta parte de 2022. Combina lo peor de los dos mundos, en que el bajo crecimiento no permite la creación de empleo que se requiere, lo que a su vez presiona los salarios a la baja, salarios que se ven reducidos en su poder de compra por el incremento de los precios.

Los precios deberían contenerse ante la limitada demanda, excepto cuando su aumento se explica por cuellos de botella en la oferta, como es el caso en México y el resto del mundo. Con todo, buscando reducir la inflación, Banco de México inició desde junio un ciclo alcista en las tasas de interés, lo que habrá de desacelerar más a la economía en el futuro. Realmente no hay otra alternativa para bajar la inflación, pero trae ese costo de menor crecimiento en el corto plazo.

Llamarada de petate… de gas

El Gobierno Federal también frena, por su parte, el crecimiento de corto y largo plazo. La obsesión del presidente López Obrador en mantener un déficit fiscal bajo sin aumentar los impuestos implica contener el gasto público y reasignar recursos a sus proyectos de inversión favoritos, que no son precisamente detonantes del crecimiento.

Lo que también significa no utilizar recursos para apoyar a las familias que hoy enfrentan los precios disparados en alimentos y energéticos. Es entendible que un gobierno no plantee subsidios en esos rubros, que en el pasado han demostrado ser tan costosos como ineficientes. El problema es que no se plantea absolutamente nada, lo que es congruente con la política adoptada desde el inicio del sexenio. Si AMLO rehusó utilizar gasto público para salvar empleos, argumentando que ello ayudaba a empresarios, menos todavía hará algo para ayudar en una situación menos grave que la pandemia, aunque apremiante para tantas familias.

Lo que sí hace, en cambio, es demagogia, aparentando preocuparse por los más afectados por las alzas de precios, como mostró la creación de una empresa estatal, Gas Bienestar, para ofrecer gas que se suponía sería significativamente más barato. No fue el caso, dado precisamente el costo que habría implicado el subsidio necesario. De lo que se trató Gas Bienestar era de aparentar.

Freno de largo plazo

Mientras que la política fiscal frena el crecimiento de corto plazo, los ataques presidenciales a la inversión privada, junto con elementos como un crimen sin freno, dañan profundamente el de largo plazo. A casi tres años de gobierno, ya nadie puede llamarse a engaño sobre ese rechazo a la empresa y empresarios privados, y que López Obrador no se detiene por los costos que ello pueda implicar.

El mejor ejemplo es la contrarreforma eléctrica. Sin los votos necesario para lograr (al menos por ahora) la propuesta de modificación constitucional, la discusión legislativa se ha pospuesto por lo menos hasta abril 2022. La noticia es solo relativamente buena, pues inicia seis meses de incertidumbre para el sector, en que ningún inversionista privado en su sano juicio arriesgaría un solo peso.

La fórmula que enfrentará México en el futuro es simple: sin inversión, no hay crecimiento económico, y sin crecimiento no puede haber más empleos, y sin ellos no puede haber mejores salarios. Sin inversión lo que hay es estancamiento, y con empleos y salarios estancados, la inflación reduce el poder adquisitivo. Es lo que está ocurriendo ahora con la estanflación a la mexicana, y lo que seguirá sucediendo por lo menos durante una buena parte de 2022.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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