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Economía, política, historia.

El neoestatismo mexicano

25-10-2020 03:21

La concepción obradorista es clara, al menos en el sector energético: el Estado debe apoyar y defender a la empresa estatal contra las privadas.

En su visita a la Central Termoeléctrica ‘José López Portillo’ en Coahuila, el 24 de octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que el rescate a la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos salvaguarda los intereses del país en materia energética.
En su visita a la Central Termoeléctrica ‘José López Portillo’ en Coahuila, el 24 de octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que el rescate a la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos salvaguarda los intereses del país en materia energética.

Robert A. Caro, el extraordinario biógrafo del presidente Lyndon B. Johnson, es un acucioso estudioso del uso del poder. Sobre ese tema dijo hace no mucho:

El poder no siempre corrompe. El poder puede purificar. Lo que creo que siempre es verdad sobre el poder es que el poder siempre desenmascara. Cuando tienes suficiente poder para hacer lo que siempre quisiste hacer, entonces ves lo que esa persona siempre quiso hacer.

El Presidente López Obrador tiene un poder que no había tenido un titular del Ejecutivo Federal desde Carlos Salinas de Gortari. Con el control absoluto del Congreso, con una Suprema Corte habitualmente obsequiosa ante sus pretensiones, la división de poderes es una formalidad, no una realidad.

 

Del neoliberalismo al neoestatismo

El desagrado de AMLO por lo que llama “neoliberalismo” no es nuevo, fue una constante durante su larga campaña. La sorpresa quizá fue que no se “moviera al centro” como tantos otros líderes políticos una vez electos. Por el contrario, la retórica antineoliberal ha tomado forma de acciones concretas, si bien mezclada con otras políticas públicas claramente liberales, como es la pasión por el libre comercio y los presupuestos equilibrados.

El estatismo obradorista sigue cobrando forma y evolucionando. El tabasqueño muestra claramente su edad (nacido en 1953) y orígenes ideológicos (afiliándose al PRI durante el echeverrismo) con su noción de que la energía es un terreno solo para el Estado. La idea de la iniciativa privada participando en dicho sector le representa claramente un anatema.

En el terreno petrolero, su administración pudo dar reversa al reloj sin tanto problema. La apertura y liberalización tuvieron lugar en el sexenio peñista, en el marco del “Pacto por México” de 2013-2014, que se aprobó justo antes de que se colapsara el precio internacional del crudo. Por ello multinacionales extranjeras mostraron interés realmente hasta 2016-2018. Las “rondas” petroleras fueron un éxito, pero representaron apenas un inicio. Arranque que López Obrador, por ello, pudo frenar en seco apenas tomó posesión. La extracción de petróleo por parte de privados es marginal y así será por años.

 

Echando chispas

En el sector eléctrico la historia es muy diferente. La liberalización inició en 1992, con Carlos Salinas de Gortari. Una apertura limitada, pero que permitió a grandes empresas liberarse del yugo de Comisión Federal de Electricidad o Luz y Fuerza del Centro, (LyFC), esta última cerrada por Felipe Calderón. El Pacto por México permitió una liberalización total, que desde el principio resultó muy atractiva para empresas nacionales y extranjeras.

Varias veces AMLO ha hablado con ensoñación de ese tiempo en que CFE (junto con LyFC) era un monopolio: el único generador y proveedor de electricidad en el país. Puede en 2020 parecer una nostalgia tipo soviético, pero es la que manifiesta recurrentemente. Lo relevante es que al parecer es la meta que busca alcanzar, privilegiando lo más posible a la paraestatal.

Las chispas que han resultado por los choques entre gobierno y empresas privadas han terminado en juicios, que difícilmente iba a poder ganar un gobierno arbitrario. Victorias importantes, sin duda, pero el neoestatismo energético es evidente, como lo es que no va a cambiar al menos hasta 2024. El reciente anuncio de Iberdrola que deja de invertir en México es una consecuencia que a muy pocos sorprendió.

 

El Estado como empresario, defendido por el Estado

Lo que llevó a una larga intervención en la mañanera del 22 de octubre sobre el tema. El principal argumento presidencial fue el ya tradicionalmente utilizado en tantos casos (acusaciones de corruptelas y contubernios entre empresarios y funcionarios públicos):

Estamos en una revisión de todos estos ordenamientos legales porque se abusó mucho… La llamada reforma energética la hicieron para terminar de destruir a Pemex y a la Comisión Federal de Electricidad, y ni siquiera pueden decir que pensando en la gente, porque en todo el periodo neoliberal y sobre todo a partir de que se aprobó la llamada reforma energética se incrementaron los precios de las gasolinas, de la luz, no se benefició al pueblo. Entonces, ahora hay un cambio de política…

En el caso de Iberdrola, una empresa española que empieza a construir plantas de generación de energía, les otorgan contratos muy jugosos los funcionarios del gobierno, pero llega a tanto el arreglo, la asociación entre particulares y funcionarios, que en esta empresa trabajan quienes eran funcionarios cuando se les entregaron esos contratos…  nosotros no vamos a ceder en este asunto porque tenemos que defender el interés público, tenemos que defender el interés del pueblo, de la nación.

A nosotros no nos interesan los negocios privados, nos interesan los negocios públicos o, para no ser tan tajante, los únicos negocios a los que se les debe de dar toda la atención es a los negocios públicos, porque nosotros somos servidores públicos. El gobierno no es un comité al servicio de grupos privados, particulares, de corporaciones, de bancos, de empresas, el gobierno está al servicio del pueblo, de todos los mexicanos…

Si es necesario, propondría en su momento, lo he dicho, una reforma constitucional para que prevalezca el dominio de la nación sobre los recursos naturales y para que el interés general, el interés del pueblo, esté por encima de intereses personales o de grupos, por legítimos que sean. Entonces, somos distintos, ya no queremos la política neoliberal… no hay que olvidar, hace 20 años no había empresas particulares que generan energía eléctrica.

La concepción obradorista es clara, al menos en el sector energético: el Estado debe apoyar y defender a la empresa estatal contra las privadas.

 

AMLO vs AMLO

Los problemas del neoestatismo mexicano apenas inician, puesto que desbordarán el ámbito nacional. La pelea con empresas extranjeras probablemente implicará un enfrentamiento directo con los correspondientes gobiernos, como lo muestra la carta que seis senadores y 37 congresistas enviaron, coincidentemente el mismo 22 de octubre, al presidente Trump.

 

El neoestatismo mexicano, por ello, probablemente chocará con fuerza con su padre intelectual, el también firmante del Tratado de Libre Comercio que apenas entró en vigor. Esa firma representará, en una paradoja del poder, un contrapeso a la arbitrariedad del propio firmante.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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