Econokafka
Economía, política, historia.

El demagogo enojado

10-06-2020 12:15

Quien se cansó de denostar y hasta ofender al Presidente en turno ahora exige, sin empacho, respeto a su investidura.

El presidente López Obrador en un acto público el 5 de Junio en Coatzacoalcos, Ver. (Foto: Lopezobrador.org.mx)
El presidente López Obrador en un acto público el 5 de Junio en Coatzacoalcos, Ver. (Foto: Lopezobrador.org.mx)

Andrés Manuel López Obrador está haciendo algo inusitado en semanas recientes: toparse con la realidad y no poder evadirla. Imposible saber cuánto de lo que ocurre, y de lo que implica, está permeando en su mente. Pero lo cierto es que al menos una fracción de esa dura realidad sí lo está golpeando, puesto que está enojado y a la defensiva.

 

Un teflón fuera de serie

El demagogo se comporta como emanado del pueblo. Con frecuencia es un autoritario que, con sinceridad o cinismo, dice hablar y actuar en nombre de las masas. Habitualmente es cinismo, aunque el resultado es el mismo: el demagogo busca imponer su voluntad alegando que representa el sentir de ese pueblo al que tanto quiere –y que por supuesto también lo ama. El demagogo ya no se pertenece, se entrega por completo a esos millones que lo adoran.

Por casi dos años, desde julio 2018, AMLO ha podido sentirse vindicado. Tras ser derrotado dos veces, aplastó a sus oponentes, de paso arrasando con el Congreso. Encarnó para millones lo que siempre creyó ser: el rayo de esperanza, el histórico personaje que destruiría al neoliberalismo, el adalid del pueblo empobrecido por una clase política corrupta y mendaz.

Ha hecho lo que ha querido, prácticamente sin oposición. Ningún Presidente se hubiera atrevido a borrar, por ejemplo, la línea entre creencias religiosas y gobierno, o a militarizar descaradamente la seguridad, al tiempo de mostrar cercanía con mafias criminales. De la misma forma, comportarse en una forma absolutamente entreguista ante su homólogo estadounidense, o abiertamente ofrecer refugio a personajes tan poco recomendables como Evo Morales, y al mismo tiempo pelearse con la OEA.

Ningún Presidente se habría atrevido a violar a tal grado las regulaciones ambientales, priorizando el petróleo y el carbón por sobre sol y viento. Menos todavía, si cabe, destruir un manglar para hacer una refinería, o dañar selvas para abrir paso a un tren que será impulsado por diésel. Es la misma persona que sin empacho dejó a los pobres sin Seguro Popular, estancias infantiles, comedores comunitarios o quimioterapias para niños. Le han estallado escándalos de corrupción, y sin el menor empacho proclama que su gobierno es impoluto.

No es de sorprender que AMLO se haya sentido invulnerable. Hiciera lo que hiciera, por reprobable que ello hubiera sido con Peña Nieto, Calderón, Fox o Zedfillo, su popularidad se mantenía en la estratósfera. Nada, al parecer, rallaba ese extraordinario teflón político.

 

La realidad golpea, por fin

Pero la conjunción de circunstancias adversas lo alcanzó. La ineptitud y caprichos (desde cancelar Texcoco hasta invertir masivamente en Pemex) llevaron al estancamiento económico en 2019, pero el covid-19 trajo el desplome en 2020, conjuntado con la obstinación obradorista en no aplicar una política fiscal contracíclica. El INEGI estima que alrededor de 12 millones de personas pasaron de trabajar a ser inactivos entre marzo y abril.

El rechazo es cada vez más abierto, y ha sido evidente al Presidente cuando se obstinó en salir de Palacio Nacional (a pesar de los contagios al alza). El otrora golpista hoy se enfrenta a un reclamo: que renuncie.

El resultado ha sido un despertar parcial de AMLO. Ese teflón no ha desaparecido, pero muestra daño. Y el resultado es el demagogo enojado. Regresa el personaje del “compló”, como tantas veces buscando responsabilizar a otros por esa creciente impopularidad. El tabasqueño nunca fue un demócrata, pero de nuevo lo demuestra con su talante autoritario. Quien se cansó de denostar y hasta ofender al Presidente en turno ahora exige, sin empacho, respeto a su investidura.

Lo único que puede preverse es que el escenario se habrá de deteriorar más, a medida que la ciudadanía insatisfecha cobre mayor impulso. Obrador montó con éxito al tigre del descontento; nunca pensó que este podría voltearse y devorarlo.

 

La incógnita del furioso

La gran incógnita hoy es a los extremos que llegará AMLO a medida que la realidad lo siga humillando en sus pretensiones mesiánicas. Ante la crítica ya no exhibe la sonrisa sardónica, sino una abierta molestia. En la plenitud del poder, critica igual a periódicos que a Facebook o Twitter, mencionando sin empacho a personas que lo incomodan.

Lo que es prácticamente una certeza es, por desgracia, que la realidad no traerá un cambio de rumbo. El inquilino de Palacio es tan pagado de sí mismo que se cree infalible, y no variará, por ejemplo, la costosísima apuesta petrolera. Sus planes son siempre perfectos, el problema son los saboteadores que encuentra con creciente frecuencia en su camino.

El demagogo se enoja con cada vez mayor frecuencia. Cada desquite que busque ante sus enemigos contribuirá a desmoronar más al país.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía (Essex, Reino Unido), Licenciado en Economía (ITAM) y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UNAM). Profesor-Investigador en el ITESO.Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional y en el gobierno de México.
ÚLTIMAS ENTRADAS
ARCHIVO HISTÓRICO
<< Junio 2020 >>
D L M M J V S
 
01
02

03

AMLO, el golpista acorralado
04
05
06
07
08
09

10

El demagogo enojado
11
12
13
14
15
16

17

La paradójica corrupción Obradorista
18
19
20
21
22
23

24

Promesas y obstáculos del liberalismo en México
25
26
27
28
29
30