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Economía, política, historia.

Dos Bocas sin fondo

05-09-2022 18:23

La obsesión del inquilino de Palacio Nacional con el petróleo es evidente, pero todavía más extrema la que tiene con la gasolina.

López Obrador en la inauguración de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, el 1 de julio (Foto: presidente.gob.mx)
López Obrador en la inauguración de la refinería de Dos Bocas, Tabasco, el 1 de julio (Foto: presidente.gob.mx)

La refinería de Andrés Manuel López Obrador ya puede confirmarse como un desastre.

Los tres proyectos estrella del obradorismo, AIFA, Dos Bocas y el Tren Maya (el corredor transístmico apenas se menciona), son destacados ejemplos del enorme costo de la ineptitud y la improvisación en la política pública. La reciente admisión sobre los costos del proyecto ubicado en el municipio de Paraíso muestra que el Gobierno Federal no ha podido ya ocultar la realidad.

Tres proyectos en que el tabasqueño no puede culpar, como hace siempre que puede, a las administraciones del pasado (de ser posible la de Felipe Calderón). Los tres son producto directo de su persona, iniciados en su gobierno, e impulsados con toda la fuerza que otorga el manejo discrecional de los recursos. Dinero que en mucho presiona a las finanzas públicas. Recién llegado a la titularidad de la Secretaría de Hacienda a mediados de 2019, Arturo Herrera trató de frenar Dos Bocas, y fracasó estrepitosamente. Hoy se rumora que Rogelio Ramírez de la O quiere renunciar al mismo puesto ante ese costo sin control.

 

De la fantasía a la realidad

La obsesión del inquilino de Palacio Nacional con el petróleo es evidente, pero todavía más extrema la que tiene con la gasolina. Que México fuese un productor importante de petróleo y que al mismo tiempo se comprara gasolina en el extranjero es algo que ofende profundamente a López Obrador, una muestra más del entreguismo de los gobiernos neoliberales. El que no se cansa de presumir de austero se olvida de toda prudencia financiera cuando se trata de sus proyectos favoritos. Porque dejar de comprar el combustible en el extranjero no es cuestión de pesos y centavos, sino de dignidad nacional.

El sueño obradorista sobre la refinación siempre estuvo presente. Durante la campaña de 2012 prometía que iba a construir cinco refinerías, cantidad que redujo, a dos, seis años más tarde. Argumentaba que con lo que costaba el flete de importar gasolinas durante un año, con eso se construía una refinería. Por alguna misteriosa razón desapareció la propuesta para Atasta, Campeche, y finalmente solo quedó Dos Bocas.

Una refinería que sería construida en tres años y con ocho mil millones de dólares, anunció con absoluta seguridad en 2019. Cuando ninguna empresa extranjera aceptó esas condiciones, anunció que entonces Pemex lo haría, y quizá hasta más barato.

¿De dónde salieron las cuentas tan alegres de tiempo y dinero? Al parecer de un viaje que hizo Rocío Nahle a la India antes de que se tomará posesión. La realidad mostró ser un poco más complicada, aunque nadie le quitó a AMLO el gusto de inaugurar la refinería en julio pasado, tras tres años de iniciado el proyecto (y festejando un aniversario más de su elección). Claro, no refina ni una gota, pero eso no importa.

 

El contraste Deer Park

Las estimaciones más recientes (y que por supuesto pueden aumentar) están ahora entre los 20 y los 23 mil millones de dólares. Es que, anunció López Obrador, no se habían incluido en la estimación del costo ciertas cuestiones como los gasoductos o toda la infraestructura necesaria para generar la electricidad que requerirá la planta.

Agregó que no había de qué preocuparse, que nadie estaba lucrando con el proyecto. Haciendo a un lado las corruptelas potenciales, debe pensar que todos los materiales para construir semejante proyecto los venden las empresas al costo.

Pero además destaca la pieza adicional, y sorpresiva, en el tablero gasolinero: la compra de Deer Park, una paradoja por decir lo menos, dado que ahora México fortalecerá su soberanía energética con una refinería que se ubica en Houston, Texas. A menos que se recupere ese territorio, perdido en 1836, será gasolina importada.

Pero la importancia de Deer Park destaca en otro aspecto mucho más importante. Al parecer se pagaron alrededor de 1,500 millones de dólares por el 50% de la empresa que no era ya propiedad de Pemex. Este pago incluye lo cubierto a Shell y asumir diversas deudas y otros pasivos. Esto por una planta que refina 340 mil barriles de crudo por día. Así, el costo de la refinería completa sería de 3,000 millones de dólares. Quizá menos, pero esa cifra al parecer comprende absolutamente todo.

Una coincidencia peculiar: se espera que Dos Bocas refine 340 mil barriles de crudo. Así, con lo que se estima costará (y que, claro, puede aumentar) se podrían adquirir entre siete y ocho refinerías como Deer Park. La mejor muestra, quizá, del tiradero de dinero que representa el proyecto que está a años de terminarse. Lo más probable es que realmente produzca gasolina como se proyecta hasta el siguiente sexenio.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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