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Economía, política, historia.

AMLO no teme al fracaso

19-09-2022 10:12

La política pública obradorista tiene varios sellos que prácticamente garantizan el desastre en cada uno de los ambiciosos proyectos emprendidos.

Tras casi cuatro años en el poder, el tiempo se agota y los fracasos se acumulan para Andrés Manuel López Obrador. Si bien su nivel de autoengaño en extraordinario, es de suponerse que permea en su persona la suficiente realidad para entender que sus más extravagantes fantasías se han evidenciado como exactamente eso.

 

Fracaso tras fracaso

La política pública obradorista tiene varios sellos que prácticamente garantizan el desastre en cada uno de los ambiciosos proyectos emprendidos:

- Improvisación. “Porque así se me ocurrió” bien podría ser la respuesta del tabasqueño a Dos Bocas, AIFA, Tren Maya, INSABI, Segalmex, Pemex o Guardia Nacional. Tiene la idea muy general, o alguien le vendió un dibujo sobre una servilleta, y ordena que se ejecute. No hay planes o proyectos detallados, como tampoco análisis de factibilidad o costos. Se arranca porque así lo decidió el Señor Presidente, como en los más añejos tiempos del priato.

- Ignorancia e ineptitud. No solo ignora lo que se está haciendo, sino que aquellos encargados de ejecutarlo tampoco están preparados. Lo que premia AMLO es la lealtad sin cuestionamientos. Quienes designa para liderar sus proyectos tampoco tienen idea, pero aceptan, con un arrojo y ambición que no compensan su ignorancia, y por ende ineptitud.

- Prisa, mucha prisa. Los proyectos se deben acabar rápido, porque el inquilino de Palacio Nacional los quiere ver funcionando mientras sigue en la presidencia, y entre más pronto, mejor. Se trata de cortar el listón para la foto y proclamar el triunfo, después ya se verá si realmente funcionan o no. AIFA y Dos Bocas son ejemplos destacados de ello.

El AIFA fue algo diferente a otros proyectos porque ya existía el aeropuerto (de uso militar) y se amplió. El problema es conectarlo adecuadamente con el área metropolitana a la que se supone sirve, sustituir a una terminal aérea a la que se llega con facilidad dentro de la propia urbe. Pero AMLO fantaseaba con un “Sistema Aeroportuario Metropolitano” (para nombrar sus ocurrencias es excelente), algo así como Londres o Nueva York con sus múltiples terminales aéreas, sin pensar en conectividad u orografía.

Lo mismo puede argumentarse del INSABI. Se supone que la estructura ya estaba lista, usando el Seguro Popular como base. Pero al parecer quiso ahorrarse mucho dinero y operar un sistema de salud sobre las ruinas del anterior. No se cansa de decir, desde inicios de 2020, que necesita un poco más de tiempo para funcionar, siempre prometiendo que “como en un año” ya estará ese sistema de salud con cobertura universal y gratuito.

Todo indica que con Pemex ya se rindió ante la realidad, puesto que la producción de crudo no aumentó en forma considerable como ilusamente esperaba. En las aguas someras del Golfo de México no apareció un nuevo Cantarell. Si bien AMLO es muy despectivo con los “tecnócratas”, admira a ciertos grupos con conocimiento técnico, como pueden ser ramas de los militares, los petroleros o electricistas. Espera que, con la guía de uno de sus colaboradores, desatarán todo su potencial. Es su expectativa a pesar de que sus designados sean ignorantes (el mejor ejemplo es precisamente Pemex) o disten de ser honrados (como lo demuestra Segalmex).

 

El pacificador mundial

Quizá los fracasos son los que estén impulsando a López Obrador a mirar más allá de las fronteras nacionales. El alérgico a viajar al extranjero ahora se erige en campeón de la paz mundial. Como algunos megalómanos del pasado, destacadamente Luis Echeverría y José López Portillo, busca en el exterior el éxito que no puede lograr en México.

AMLO no se limita al ámbito regional o a pelearse con Estados Unidos (y España), sino que sus ambiciones son planetarias. Pero aquello que lo caracteriza, permanece: es improvisado, inepto y quiere resultados inmediatos. Es el “abrazos no balazos”, pero proyectado al conflicto entre Rusia y Ucrania: que se proclame una tregua de cinco años (al parecer aceptando que el territorio ucraniano ocupado siga bajo control ruso) y que Putin y Zelenski se pongan a platicar en persona, en un proceso cuidado por el Papa Francisco, el Secretario General de la ONU y el Primer Ministro de la India. Un “plan de paz” que no se atrevería a presentar un estudiante de Relaciones Internacionales. Pero López Obrador no tiene miedo al fracaso.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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