Econokafka
Economía, política, historia.

AMLO, el golpista acorralado

03-06-2020 08:43

Algo muestra que AMLO lanzó el último día de mayo un mensaje en el que habló incesantemente sobre la posibilidad de renunciar si el pueblo así lo manifestaba.

El presidente Andrés Manuel López Obrador en un mensaje difundido en redes sociales el 31 de mayo.
El presidente Andrés Manuel López Obrador en un mensaje difundido en redes sociales el 31 de mayo.

Lo mejor que podría hacer Andrés Manuel López Obrador es renunciar. Quizá alegando motivos de salud, a falta de algún otro motivo que pueda medianamente salvar su cara. Sería medianamente creíble, dado el obvio desgaste que le ha implicado el gobernar. Y evitaría que siguiera exhibiendo esa ineptitud se hizo evidente desde el inicio de su sexenio, de hecho, desde su activo periodo como Presidente electo.

 

La realidad inclemente

La pandemia del COVID ha terminado por acorralar a AMLO. Una crisis inédita demandaba a un líder con visión, lo que muchas veces se denomina un estadista. El inquilino de Palacio ya había mostrado ser un soberbio e inepto, pero esta crisis ha acabado por mostrar que el emperador va desnudo.

La rigidez mental del tabasqueño le impide entender que el cambio de circunstancias requiere un cambio de estrategia. El titular del Ejecutivo ni siquiera es capaz de imitar lo que se hace con éxito en otros países.

La realidad será inclemente. No hay otros datos para refugiarse, aunque sin duda el Presidente intentará encontrarlos. Pero algo permeará en su mente, aunque sea por el rechazo popular que experimentará en sus (en estos momentos irresponsables) giras. No podrá inventar cifras alegres ante una brutal recesión y con el país convertido en una fábrica de pobres.

Por más que trate, no podrá vender su “íbamos tan bien”. Hoy la noticia son los 12 millones que perdieron su condición de ocupados, y por ello ingreso. Mañana será un crimen que explota y quizá revueltas sociales.

Algo muestra que AMLO lanzó el último día de mayo un mensaje en que habló incesantemente sobre la posibilidad de renunciar si el pueblo así lo manifestaba. No mañana o en los próximos meses, por supuesto, sino por medio del referéndum revocatorio que tendría lugar en 2022. Habló de las críticas en su contra como algo que le honra.
 

 

Interinato y elecciones

Si ahora se pide que deje el cargo, lo más probable es que ese reclamo se acentúe durante las próximas semanas y meses. Ello ocurrirá porque hay un plazo que abre la posibilidad de una nueva elección presidencial. Renuncia (u otros motivos) que lleven a la absoluta falta del Presidente dentro de los primeros dos años del periodo presidencial llevarían a un interinato y la convocatoria de nuevas elecciones, para así elegir a un nuevo Ejecutivo para el resto del sexenio. El plazo es claro: el 30 de noviembre de este año, poco menos de seis meses.

Es por ello que han surgido grupos que se han establecido como objetivo el lograr esa dimisión antes de esa fecha, porque posterior a ella el Congreso escogería a un Presidente Sustituto que gobernaría hasta 2024. Lo cierto es que es muy improbable que exista una forma de lograrlo.

AMLO nunca comprenderá su incapacidad para ser un buen gobernante. Al contrario, lo más probable es que se siga vislumbrando como alguien que pasará a la historia como la cabeza de una gesta a la altura de la Independencia, Reforma y Revolución: la Cuarta Transformación. Para los partidarios de López Obrador, la pretensión de que renuncie antes de cumplir los dos años en el cargo se trata llanamente de un intento golpista.

 

AMLO, el golpista

Hay un punto en ese argumento, pues al fin y al cabo lo que se plantea es forzar una renuncia presidencial. El problema en el caso de AMLO es la ironía que él es un golpista, y probado en los dos sexenios anteriores al suyo.

Lo más evidente fue la elección presidencial de 2006. Hasta hoy, el tabasqueño sigue obstinado en ganarla. Felipe Calderón es el eterno enemigo al que nunca podrá vencer. El bloqueo de Reforma, la proclamación como “Presidente Legítimo”, la “toma de posesión” de opereta en el Zócalo capitalino no fueron pantomimas, sino expresiones (sobre todo los bloqueos) del golpista. El creyente, hasta hoy, que su razón está por encima de las leyes, mostró desde entonces sus verdaderos colores. La democracia, para AMLO, es un camino al poder, y de lo contrario busca otros.

Lo volvió a hacer en 2014, exactamente hace seis años. No era casualidad; buscaba exactamente lo mismo que aquellos que ahora buscan su salida de Palacio Nacional: una elección presidencial temprana de acuerdo a la norma constitucional. Fueron meses de insistencia con lo mismo: la renuncia de Enrique Peña Nieto, para así tener una pronta cita con las urnas.