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Economía, política, historia.

AMLO, el empeorador

22-07-2020 11:08
El presidente Andrés Manuel López Obrador en uno de sus tradicionales mensajes transmitidos por redes sociales el 5 de julio.
El presidente Andrés Manuel López Obrador en uno de sus tradicionales mensajes transmitidos por redes sociales el 5 de julio.

El peor Presidente en más de un siglo en la peor época en casi un siglo. Siendo precisos, el peor titular del Ejecutivo desde Victoriano Huerta enfrentando la crisis más grave desde 1932, en plena Gran Depresión.

En tiempos de relativa prosperidad global, como ocurrió en los sexenios de Salinas y Zedillo, la ineptitud de López Obrador hubiera sido menos evidente. En los años del petróleo caro, la década 2003-2013, habría gastado como loco, pero sin transformarse en un Chávez. Se hubiera aliado fascinado con Chávez, Lula y Evo, aunque con la limitante de ser un subordinado obediente de Bush hijo u Obama.

Pero al autoritario demagogo, a un ignorante que cree dominar muchos campos del conocimiento y la política, le correspondió pilotear la nave del Estado mexicano en un huracán categoría 5. Mientras que esta hace agua y se hunde, ha proclamado con su habitual aplomo que su administración estaba preparada desde hacía meses para la pandemia, que México era ejemplo para el resto del mundo en su manejo y, por supuesto, que le venía como anillo al dedo. Una constante exhibición del mesiánico que cree que puede alterar la realidad con la fuerza de sus palabras, que repetir mentiras las convertirá en verdad.

No solo se trata de la pandemia: AMLO es el empeorador de cualquier crisis, y se le han presentado muchas en forma casi simultánea. Con manos de estómago, daña o destruye todo lo que toca. Llas crisis más graves que el inquilino de Palacio se ha encargado de empeorar son tres: salud, economía y seguridad.

 

La crisis de salud

El timing fue casi perfecto: AMLO destruyó el Seguro Popular cuando lo que sería una pandemia global iniciaba su avance. Un golpe que se agregó al desmantelamiento del aparato estatal para la operación del servicio público de salud, destacadamente la compra y distribución de medicamentos. Todo, por supuesto, alegando corrupción y para quedarse con el dinero (para usarlo en sus prioridades).

Un aparato administrativo destruido fue un caldo de cultivo excepcional para recibir al COVID-19 y amplificar el daño, con la asistencia de personeros como el Subsecretario de Salud. La incógnita siempre será cuántos muertos por el coronavirus, de niños privados de quimioterapias, de otros que perdieron servicios médicos o tratamientos, estarían vivos de no haber sido por el empeorador.

 

La crisis económica

Desde 2018 el Presidente mostró su impericia económica, destruyendo el proyecto del aeropuerto de Texcoco cinco semanas antes de tomar posesión (por supuesto, alegando corrupción).

El tabasqueño es un clásico líder de república bananera, viendo a los empresarios como potenciales asociados o enemigos. El capitalismo de cuates es lo suyo, con la cercanía y la componenda –o la amenaza y la arbitrariedad. AMLO proclama que quiere mucha inversión, a menos que sea en el sector que quiere solo para el gobierno (energía) o que por razones misteriosas se ha ganado su animosidad (Constellation Brands).

La fuerte caída en la inversión privada en mucho explica que el primer año de gobierno se registrara una recesión, la primera en una década. Lo que enfilaba a ser una desaceleración la transformó en contracción.

Lo que debió ser una severa recesión en 2020 terminará en depresión (caída del PIB de dos dígitos) ante su empecinamiento de que una política fiscal contracíclica implica corrupción, por supuesto, y favorece a los empresarios. Indiferente ante el hundimiento de empresas, no entiende que implica la pérdida de empleos, que actualmente el INEGI cifra en más de 12 millones.

 

La crisis de inseguridad

“Abrazos, no balazos”. AMLO mantiene su política de sacar una bandera blanca ante los grupos criminales, que en cambio muestran mayor capacidad ofensiva y atrevimiento en sus acciones y despliegues. Los muertos se acumulan y rompen los máximos históricos, al tiempo que estallan otros crímenes como las extorsiones a negocios, lo que empeora la economía.

La herencia que recibió AMLO en materia de seguridad era lo más problemático. Su aparente expectativa de que los grupos criminales responderían a sus abrazos, quizá negociando entre ellos para tener una especie de paz concertada, se ha demostrado como ingenua en grado extremo. El Presidente proclama con absoluta certeza su confianza en que su estrategia funcionará.

El desempleo masivo, los millones que repentinamente se encontraron sin ingresos por la pandemia, empeorará la inseguridad. Toda persona que por desesperación opte por unirse al crimen tiene además la noción de que las fuerzas de seguridad están atadas, en los hechos han claudicado de hacer su trabajo. El empeorador ha creado la tormenta perfecta para que un problema de inseguridad se agrave en forma considerable.

 

La necedad del mesiánico

No hay posibilidad de mejora salvo por agotamiento natural. En algún momento la pandemia empezará a ceder, aunque sea por inmunidad colectiva. Eventualmente la economía iniciará una recuperación, por tímida que sea. La inseguridad explotará por largo tiempo, quizá en algún momento llegando a un pico (aunque este puede ser extremadamente elevado).

No se puede contar con AMLO para que algo cambie, inalterable como se ha mostrado en sus actitudes y estrategias. Ha sido y será, en todo su sexenio, un empeorador.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía (Essex, Reino Unido), Licenciado en Economía (ITAM) y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UNAM). Profesor-Investigador en el ITESO.Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional y en el gobierno de México.
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