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Economía, política, historia.

AMLO aplana la curva… pero de la economía

27-05-2020 08:49
"Tan bien que íbamos..." es la expresión del Presidente López Obrador que mayor difusión tuvo, de su mensaje sobre la situación económica del país el domingo 24 de mayo (Foto: lopezobrador.org.mx)

Del impacto de la pandemia en México en cuestión de enfermos y muertos no hay datos sólidos. Se puede hablar de modelos y de multiplicar por cierto factor, pero la falta de pruebas y los fallos de registro no permiten tomar los números del Gobierno Federal con ninguna seriedad. De ser correctos, el contagio sería muy controlado, pero la tasa de mortalidad extremadamente elevada.

 

Añoranza por el crecimiento mediocre

Con respecto a la economía, el escenario numérico es distinto, porque están INEGI, Banco de México y Hacienda, no un Dr. López Gatell pontificando en Palacio Nacional.

Por muchos años, ya casi cuatro décadas, el país ha tenido un crecimiento mediocre, apenas ligeramente superior al de la población. El último año de crecimiento espectacular fue un muy lejano 1981, aunque fue una expansión inflada por un déficit y endeudamiento enloquecido. La resaca de esa borrachera se pagó por años. Pero, con todo, desde entonces los únicos años de crecimiento respetable han sido aquellos que han seguido a una contracción.

 

 

 

Ese bajo crecimiento parece hoy una edad dorada comparado con lo que lleva el sexenio obradorista, con una contracción marginal de -0.1% en 2019, y lo que se espera sea la peor recesión en casi un siglo en este año. Los pronósticos optimistas indican una contracción de -7.0% en 2020 (que contrasta con el -6.3% de 1995 y el -5.3% de 2009), y los pesimistas una caída en los dos dígitos. Y todo número que supere -10.0% no es recesión, es una depresión económica.

 

COVID-19: un excelente pretexto

La recesión o depresión tiene una causa clara, y es externa: la pandemia global que está azotando al mundo desde marzo. Nadie puede argumentar que la economía nacional a pique tiene como causa las acciones del gobierno obradorista. Pero lo cierto es que, también, el COVID-19 ha dado al presidente López Obrador el pretexto para reescribir la historia, por más que no engañe a nadie.

Fue un momento digno de José López Portillo, aunque sin los vuelos retóricos. No dijo “Soy responsable del timón, pero no de la tormenta”, pero sí “Tan bien que íbamos, y se nos presenta lo de la pandemia”. En pocas palabras, el desastre económico de los primeros 15 meses de gobierno quedó transformado en un periodo positivo, por desgracia truncado por el coronavirus. Sin duda será un pretexto que será utilizado con frecuencia en los próximos meses, quizá por años: “si no hubiera sido por la pandemia, entonces… “. Por supuesto, mucho será cierto, pero no totalmente.

Porque el errado proyecto de nación no ha sido alterado, sino reafirmado. Nada mejor para ilustrar la irracionalidad obradorista que la estrategia suicida con respecto al petróleo en general y Pemex en lo particular. Ya había iniciado la pandemia cuando se realizó otra farsa disfrazada de consulta, esta vez con respecto a la inversión de Constellation Brands. En plena pandemia, se busca cambiar dramáticamente las reglas en torno a la generación de electricidad, de paso obstaculizando a energías verdes.

 

Aplanando todavía más

De Texcoco a Constellation Brands, el sello obradorista es el desprecio por los contratos. Por ello la inversión empezó a desplomarse desde los últimos meses de 2018, no en 2020 con la pandemia.

 

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La obsesión es el petróleo, y con tal de obtener dinero para explorar, extraer y refinar se está incluso destruyendo el propio aparato gubernamental, como ha sido la reciente orden de recortar 75% el gasto de operación en dependencias federales. A todo ello es imperativo agregar, por supuesto, el rechazo tajante a expandir el gasto público por medio de un mayor déficit y endeudamiento, esto es, una política fiscal contracíclica.

Todo ello lleva a que la curva del crecimiento será aplanada mucho más, lo que ya empezó a evidenciarse desde el primer trimestre del año, y como lo reflejan las cifras de PIB recién publicadas por el INEGI. Lo mismo ocurre con el empleo, dado que el Presidente considera que salvar empleos es rescatar empresas, y ayudar a empresas es apoyar a empresarios con el dinero del pueblo. La destrucción del empleo no solo será mucho mayor a lo que pudo ser, sino muchos puestos de trabajo se habrán perdido para siempre.

 

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Por supuesto, será imposible separar los efectos del COVID-19 externo de la soberbia e ineptitud interna, puesto que se refuerzan. Ante el desastre económico siempre quedará la muletilla: “íbamos tan bien, pero… “. No será ningún consuelo para los millones que habrán pasado a la pobreza y pobreza extrema.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía (Essex, Reino Unido), Licenciado en Economía (ITAM) y Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UNAM). Profesor-Investigador en el ITESO.Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional y en el gobierno de México.
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