Cinetlán
Una ciudad de ideas que se levanta sobre una laguna infinita de películas.

El Club de los Idealistas

02-10-2020 15:29

En cuanto a 'El club de los idealistas', es por lo pronto, la luz de la cartelera nacional del año del COVID, y una película mexicana chiquita que crecerá al paso del tiempo.

El Club de los Idealistas, una película dirigida por Marcelo Tobar
El Club de los Idealistas, una película dirigida por Marcelo Tobar

Hace tres años conocí a Marcelo Tobar, el director de 'El Club de los Idealistas', en una conferencia que impartió en la Universidad de la Comunicación, con estudiantes de la carrera de Cine, sobre su película 'Oso Polar', que iba a presentarse en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2017.

Filmó 'Oso Polar' con un Iphone 6, tras haber visto 'Tangerine' de Sean Baker. Me gustaron mucho sus conceptos, su filosofía cinematográfica me pareció realmente muy fresca, muy actual.

Entre los conceptos de los que habló y que me parecieron realmente interesantes, era la posibilidad de filmar con bajo presupuesto pero con equipo profesional. Filmar además rápido, ir del guion o la idea de la película, a la producción y postproducción en un año, máximo dos. No como antes, que los directores mexicanos sobaban su proyecto casi diez años entre la idea y la conclusión, por la manera en que funcionaba el cine antes.

“Si te tardas cuatro años en filmar un guion, quizá tu vida ha cambiado tanto que ya también cambiaron tus intereses” dijo. Considero que tiene razón.  Narró además como la exhibición pues es casi inmediata, pues podía pasar del Iphone a una maqueta en días, y de ahí a salas de cine en días, y lo hizo para realizar un pitching de venta de su película. Rechazó ofertas de distribución y realizó una distribución casera, por decirlo de alguna manera, con lo que maximizó los ingresos de la película. Me emocionó mucho la conferencia. La película y él salían ese fin de semana a Morelia.

Un profesor de cine de vieja generación, -de hecho, una vaca sagrada- echó pestes de Marcelo, de sus conceptos y su conferencia, y dijo que lo que había mostrado: las escenas de 'Oso Polar', le parecían indignas de presentarse a alumnos de cine. Yo no opiné lo mismo. Bueno… él tuvo esa opinión. Dos semanas después le informé al profesor que 'Oso Polar' había ganado el Ojo, es decir el primer premio a mejor largometraje mexicano en Morelia. El profesor ya no dijo nada.

Otro afamado crítico cinematográfico al que sigo desde hace más de 30 años, reseñó el festival pero no habló de 'Oso Polar'. Cuando le pregunté por tweeter, me dijo que le había entretenido (lo que es un elogio en boca de este crítico) pero que le parecía una película muy chiquita. Desde entonces sigo meditando lo que significa una película muy chiquita. En fin.

Han pasado tres años y he vuelto, a Dios gracias, a las todavía vacías y desoladas salas de cine, y he visto la cartelera y he visto dos películas mexicanas en ella, una era 'El club de los idealistas', y la elegí por que aparecía en el cartel Nailea Norvind, actriz que admiro mucho desde chaval, por su Quinceañera, pero que vi también haciendo tremendo papel en La otra familia de Gustavo Loza, donde interpreta a una adicta. La verdad no sabía que la dirigía Marcelo Tobar.

Inicia la película un tanto convencionalmente, una secuencia de créditos con un auto sobre una carretera serrana, un dron que lo sigue, pero con música de Charlie García: mi músico favorito de la oleada del Rock en tu Idioma de los ochenta. Que bien empezó, pensé. Todo el soundtrack de la película es estupendo. Luego aparece un reparto de lujo, además de Nailea, están Tiare Scanda, Claudia Ramírez, Yolanda Ventura -sí, la ficha amarilla de Parchis-, Andrés Palacios y Juan Pablo Medina -con gran papel- entre otros.

Mientras avanza la película se siente muy fresca en todos los aspectos: pareciera que los espectadores somos fisgones de una verdadera reunión de amigos, de muchos años. Todos son cuarentones y cincuentones. La cámara, y la dirección de escena es muy espontánea, (nos recordó el corto 'Revolución' de Carlos Reygadas) quizá por ejercicios de improvisación o trabajos de personajes en interacciones planteadas al momento, pero no prediseñadas. Se siente como 'Neurosis de Mujer' de Cassavetes. O para un referente más contemporáneo como 'Roma' de Cuarón, con un estudio psicológico profundo de personajes.

Entendemos que estos amigos han pasado o pasan por días muy duros, estos conflictos son humanos y universales, y nos hablan a todos, podemos identificarnos con ellos. El peso de realidad es agobiante. En momentos no se siente una solidaridad real entre los amigos, la amistad parece pender de las viejas aventuras juveniles, más protocolaria, forzada. Pero cuando explota el conflicto, la integridad de los amigos resulta conmovedora. Estruja emocionalmente. Digamos que brota el melodrama del magma de la realidad, y te retuerce el corazón.

En el cine no es fácil alcanzar este tipo de clímax, y la verdad el cine mexicano no lo acostumbra, por lo general es un cine emocionalmente frío, hierático. Se debe definitivamente a un director que ha alcanzado su madurez artística, en su cuarta película. Sencillez de recursos, de discurso, honestidad y autenticidad. Altos valores humanos y artísticos que se encuentran en lo mejor del cine mexicano del nuevo milenio, en Fernando Eimbcke, Francisco Vargas, Rigoberto Perezcano, Alonzo Ruizpalacios, y algunos otros. Pero emocional y cálido, lo que es un paso adelante.

Hay que integrar a Marcelo Tobar en este selecto club, con un asterisco. En cuanto a 'El club de los idealistas', es por lo pronto, la luz de la cartelera nacional del año del COVID, y una película mexicana chiquita que crecerá al paso del tiempo. Al tiempo.   

 

ADENDA

Volví al cine tras la cuarentena, pero en el semáforo amarillo. Al entrar a la plaza, pasar por el tapete húmedo, la toma de temperatura, cubrebocas, liquido sanitizador en el cuerpo y gel antibacterial. Dirigirse a la sala entre pasillos desiertos. La taquilla vacía con su acrílico alto, como de banco.

La taquillera dice: “Escoja sus asientos, los blancos están vacíos, los azules no, por la sana distancia”-y añade- “En realidad no hay nadie más para esa función, solo estaría usted”. Al ingresar al complejo, nuevamente la toma de temperatura. CINEMEX además la registra junto con tu nombre. Las secciones de la sala vacías igual, algunas incluso cerradas. El café, los helados. Pasas directamente a dulcería. Ves las novedades en los artículos promocionales. Pasas a la sala, efectivamente vacía. La mayoría de los asientos con cintas amarillas, como las que se usan para acotar los crímenes. En cinco funciones a las que fui, Mutantes de Marvel, Avalancha, una mexicana, dos mexicanas, etc., solo en la maltratada Tenet -maltratada por la crítica nacional- había otras dos parejas.

Aunque las salas de cine han abierto, todavía gobierna el miedo. La sospecha de un rebrote… las pérdidas, siguen haciendo mella en el público. Este ir al cine, es atípico, triste, patético. Pero ay… el amor al cine. Snif. Estos decadentes mausoleos volverán a su esplendor cultural, un día. Lo sé.

ACERCA DEL AUTOR
Luis F. Gallardo
Nació en la Ciudad de México, en medio de los cohetones que echaban los suavos y zacapoaxtlas para conmemorar la batalla de Puebla, un 5 de mayo de 1975. Pertenece a la generación 1996 del CUEC, donde estudió Cinematografía, también estudio Letras Hispánica en la UNAM. Se especializa en guiones de programas de televisión cultural y educativa, de esos que pasan de madrugada. 18 años de experiencia en docencia, capacitación e investigación cinematográfica. Ha visto un par de películas. Baila salsa.
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