Cinetlán
Una ciudad de ideas que se levanta sobre una laguna infinita de películas.

Cosas imposibles

09-07-2021 17:28

La película de Ernesto Contreras escapa a los estereotipos y marcos del cine ordinario, aún del cine de Hollywood, y termina siendo luminosa y redentora.

"Cosas Imposibles" (2021), la película de Ernesto Contreras.

Rara vez las mejores películas, y mucho menos las nacionales, resisten las presiones del mercado americano, mucho menos en verano, largas temporadas de verano han transcurrido sin un solo estreno nacional.

Es otro aspecto notable de la hermosa película de Ernesto Contreras, que estrenó con 433 copias a nivel nacional, con todo y sello de calidad de Cinemex, y publicidad especial de ambas cadenas, apenas resistió una segunda semana, sobrevivió al estreno de Rápido y Furioso 9, aunque acorralada en tres o cuatro funciones diarias en una sola sala por complejo.

Pero no resistió a La Purga por siempre, dirigida por el “Perrito Bomba”, el mexicano Everardo Gout, con Tenoch Huerta y Ana de la Reguera, un churro de la infumable saga de “La Purga”, cuya película original es aceptable, pero cuyas secuelas y spinof son -la mayoría- bastante lamentables. Ni que decir de su aburrida serie, extender durante 10 episodios de 50 minutos, lo que se narró con buen ritmo en una hora y media, es un monumento al tedio, y a la falta de imaginación y creatividad.

Pues este churro -que se sostiene en la fama de una peli de culto- desplazó de salas comerciales la película de Ernesto Contreras. Para el cine mexicano, mantenerse por más de dos semanas en cartelera, parece una cosa imposible aunque sea un gran mérito en verano.

Hace muchos años, en el contexto del Tratado de Libre Comercio, según narró la maestra Marcela Fernández Violante en un evento público, Jack Valentí, el legendario zar de las majors americanas manifestó que ellos (los USA) querían el mercado mexicano. Cuando le dijeron si quería una parte del mercado mexicano o una mejor parte que la que tenían en aquel entonces, Valenti asertivo, afirmó: No, queremos TODO EL MERCADO MEXICANO. Todo es todo. Y Salinas lo entregó.

Desde entonces y hasta hoy, el cine mexicano mantiene una participación marginal en su propio mercado. Que una película como Cosas Imposibles, con su calidad, no resista dos semanas en cartelera, habla de esta inopia, de esta indigencia de la producción nacional que mendiga salas y horarios.

Que una película mexicana ceda espacios frente a blockbusters como Rápido y Furioso 9, puede entenderse desde una perspectiva de negocios, esta película llena las salas de cine. Pero que buen cine mexicano pierda espacios frente a churros infumables, o de relleno, como La purga por siempre parece francamente injusto.

Ahora, este asunto ni siquiera tiene que ver con la calidad, ya que es un criterio que puede ser hasta cierto punto cuestionable: toda película mexicana debería tener derecho a mejores espacios y horarios, y semanas de exhibición, por el simple hecho de estar en su mercado natural, en México. Eso sí, cuantimás si las películas en cuestión son consideradas de calidad, por los propios distribuidores y exhibidores.

Hablemos entonces de los méritos y calidad de Cosas Imposibles. Afirmé en mí escrito pasado que es una película inédita, que valía la pena verla en cines. El cine mexicano de finales de los ochenta y principios de los noventa es muy oscuro, prevalece un tono patético grotesco, opresivo. Yo llamé a este estilo del cine mexicano precisamente el esperpento mexicano, y tiene un corpus muy amplio de películas.

Quizá una de las primeras y mejores películas del esperpento mexicano sea Obdulia (1987) de Juan Antonio de la Riva, seguida quizá de Profundo Carmesí (1996) de Ripstein, si se realiza un esquema comparativo con la ópera prima de Ernesto Contreras, Párpados Azules (2007), a través de tres película, de tres épocas, se entenderá mejor esta estilística. Y es tan dominante que aún encontramos esperpento en el cine reygadiano, y en sus discípulos o seguidores, también ahí puede inscribirse Nuevo Orden de Michel Franco, esa especie de purga tropicalizada.

El llamado “cine de arte mexicano”, por decirlo así, no ha podido escapar de esta tendencia. Es un cine miserabilista, donde personajes aparentemente cotidianos adolecen de graves trastornos sexuales y/o de la personalidad, en clave realista -aunque la mayoría son farsas grotescas o existenciales-, que transcurren en el humus cotidiano, en las que prevalece la acción abyecta, y se presenta lo más aberrante y siniestro de la sociedad mexicana, como si fuera la realidad mexicana en síi.

Por eso, se agradecen todas aquellas películas mexicanas que logran escapar de ese vórtice.  A veces la única diferencia, entre el esperpento y un discurso de mayor calado, es simplemente el trabajo en la psicología de los personajes: como ocurre en Los Olvidados de Luis Buñuel; en Pueblo de Madera de Juan Antonio de la Riva, o en Roma de Cuarón. La autonomía, que la psicología le brinda a los personajes, hace que el trazo del discurso se complejice.

Ahora bien, de lo que si carece el cine mexicano por completo es de discursos luminosos. La alegría de vivir, el éxito, la sexualidad sana, el amor, la familia unida, los relatos de esfuerzo, dedicación, superación, etc. Son prácticamente inexistentes. También por eso la comedia romántica mexicana, aún con todo lo pueril que llega a ser, atrae a los espectadores. Ofrece no solo algo diferente, sino también algo entretenido.

Éstas también son claves de lo peculiar que es Cosas Imposibles (2021) de Ernesto Contreras, quién al fin ha logrado escapar del estilo esperpéntico, para narrar una historia que es al mismo tiempo realista y psicológica, y que escapa a los estereotipos y marcos del cine ordinario, aún del cine de Hollywood, y que termina siendo luminosa y redentora. Voy a apuntar tres aspectos de esta película que me parecen destacados, sin ser los únicos, ni los más relevantes, sino los que a mí más me llaman la atención.       

1) Amistad Insospechada: (AVISO DE SPOILER) Hay un toque de Clint Eastwood en esta película, sobre todo de su entrañable Gran Torino (2008), donde el viejo Clint nos narra de una manera convincente, como puede establecerse una amistad insospechada. Sin su tono trágico, una de las Cosas imposibles que pasan en la película de Ernesto radica precisamente en el establecimiento de esta amistad entrañable entre Matilde (Nora Velázquez) y Miguel (Benny Emmanuel), una relación de amistad entre una mujer de la tercera edad, viuda y el joven dealer del barrio.  

2) Escapar de las drogas: ¡Ay… caray! No sé como llamarlo, será un clisé -dixit Joel Meza @JoelvsMonstruos-, parece más un tópico, una tradición fílmica o una inercia fílmica, sustentada en innumerable cantidad de película, en las que una vez que uno ingresa al mercado de las drogas, es prácticamente imposible salir, salvo con dos pies por delante.

Brian de Palma filmó una interesante película paródica de este tópico Carlitos Way (1993) -en México se conoció como Atrapado por el Pasado, lo que es al mismo tiempo spoiler y destino- con Al Pacino y Sean Penn. Pero han corrido kilómetros y kilómetros de película con este entramado; y también series de televisión, los Soprano (1999), The Wire (2002), Ozark (2017) y un sinfín más. Incluso esa simpática serie noruega Lilyhammer (2014) con Steven Van Zandt en su papel de mafioso neoyorkino. Por eso llaman mucho la atención los discursos a contrapelo, y son bastante pocos. Quizá el más notable sea la película Clockers (1995), obra maestra de Spike Lee, un acercamiento profundo y humano al tema. Escapar del mundo de las drogas parece otra de esas cosas imposibles que son posibles en la película de Ernesto, basta la voluntad, la decisión y el deseo de vivir una mejor vida.

3) Procesos psicológicos complejos: comentaba que el cine mexicano prefiere trabajar con estereotipos y personajes simbólicos, más que con personajes psicológicos. Y que, por esta razón destacan aquellas películas que trabajan la psicología. Y la película de Ernesto transcurre en la psicología freudiana, quizá bajo la influencia de Woody Allen, quien a su vez lo retoma de Ingmar Bergman, aunque en clave de comedia.

En Cosas Imposibles se produce un proceso psicológico complejo, pues la señora Matilde sufre alucinaciones, proyecciones de su Esposo – o del Superyo- lo que Freud y el psicoanálisis, denominan fantasmas, y que son nodales en los procesos psíquicos de todos los seres humanos, y según los freudianos en la terapéutica. Alguna vez Woody Allen proyectó a la mamá de un personaje en Edipo Reprimido, su relato en Historias de Nueva York (1989), la película relata el proceso de expiación y sanación de este proceso traumático. Y lo hace muy bien, con la sombra y la luz, con el sufrimiento y la expiación.

Por todo ello y más, recomiendo la película Cosas Imposibles de Ernesto Contreras. Obvié la cuestión de género pero es otro elemento presente, y destacable. Pero al final, siendo lo sencilla que es, lo económica, en un sentido artístico muy elevado -hablamos de Machado, de Ozu, del maestro Miguel Delibes- tiene esta capacidad de comunicarse con el público, lo que es tan inusual en el cine mexicanoii. Es conmovedora, y muestra un México que también existe. Uno que no ve solo la sombra y la oscuridad de un destino cerrado, sino también la luz y el presente que se abre al futuro en posibilidades infinitas.

 

[i] En el esperpento mexicano los personajes oscilan entre el egoísmo extremo, criminal, y la estupidez radical, alguien se chinga a alguien, casi siempre a niveles desproporcionados. Otro rasgo es que casi siempre la mirada es de arriba hacia abajo, es vertical. Son directores que pertenecen en su gran mayoría a la verdadera clase media mexicana, o sea la que deberíamos llamar clase alta, la que nació con todos los privilegios. Muchas de estas películas son en realidad su mirada prejuiciada de las clases bajas. Chicuarotes (2019) de Gael García Bernal demuestra lo imposible que es escapar de ese centro de gravedad estilístico. Esta es una de las tantas razones por las que el público mexicano escapa al cine americano, éste cuenta al menos con un marco más amplio de discursos mágicos, entrañables.

ACERCA DEL AUTOR
Luis F. Gallardo
Nació en la Ciudad de México, en medio de los cohetones que echaban los suavos y zacapoaxtlas para conmemorar la batalla de Puebla, un 5 de mayo de 1975. Pertenece a la generación 1996 del CUEC, donde estudió Cinematografía, también estudio Letras Hispánica en la UNAM. Se especializa en guiones de programas de televisión cultural y educativa, de esos que pasan de madrugada. 18 años de experiencia en docencia, capacitación e investigación cinematográfica. Ha visto un par de películas. Baila salsa.
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