Pan, Circo y Pecunia
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Cuándo no es Trump…¡Es Carstens! y otro golpe al peso

01-12-2016 10:55

La saga de Carstens y el peso continúa. Casi casi es ya tan larga como la de Trump. Que Donald Trump es un enemigo del peso ya lo sabemos. Lo que empezamos a preguntarnos es si también lo es Agustín Carstens.

La saga de Carstens y el peso continúa. Casi casi es ya tan larga como la de Trump. Que Donald Trump es un enemigo del peso ya lo sabemos. Lo que empezamos a preguntarnos es si también lo es Agustín Carstens.

Sabemos que Trump ha castigado mucho al peso. Es nuestro “Trumpómetro”.  Su “America First”, su propuesta de revisar o rechazar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), su idea de construir un muro que paguen los mexicanos, quizás bloqueando o gravando las remesas familiares, puede desequilibrar a la balanza de pagos de México.

La entrada de dólares a México se puede restringir por tres vías: por las exportaciones de bienes y servicios, por la entrada de remesas familiares y la Inversión Extranjera Directa. Y por eso el peso lo está pagando caro. 

A Banxico, para contrarrestar el efecto de Trump, sólo le queda dos cosas: retener los dólares que siguen en México subiendo las tasas de interés y/o inyectar dólares al mercado de los que tiene guardados en sus cofres, en las reservas internacionales. Frente al “Trumpómetro” nosotros teníamos al “Carstenstrómetro”. Tendría que haber utilizado las dos medidas a destajo, al menos inicialmente, para contrarrestar el “shock” de Trump.

Pero el sentido de la oportunidad no es la gran virtud de Carstens. El día 9 de noviembre, cuando ya se conocía la victoria de Trump y el peso se despedazaba, no movió un dedo, más allá de hacer una comparecencia con el Secretario de Hacienda José Antonio Meade diciendo que la economía mexicana estaba preparada para recibir los golpes. Sólo ese día el peso se hundió un  7.7%, una caída mayor a la acumulada durante todo el año (y llegó a hundirse ese día hasta un 11.3%).

Cuando por fin llegó el día de la reunión de política monetaria, cuando pensábamos que por fin daría un golpe en la mesa y dejaría constancia de que existe, subió tímidamente las tasas, casi de forma imperceptible para el aumento que le estaba pidiendo el mercado. El incremento de 50 pbs a 5.25%  supo a poco, muy poco, y el peso tras conocerse la decisión sufrió otro golpetazo. Por eso decíamos aquel día que “Cuando no era Trump… ¡era Carstens!.

Desde entonces, el peso ha permanecido vapuleado, casi siempre por encima de los 20.50 pesos por dólar y cerca de su nivel más débil de la historia, los 20.85 pesos por dólar. Que el peso sufre quedó muy claro ayer. La OPEP decidió recortar la producción de crudo y el barril de crudo voló: tanto el WTI como el Brent volaban más de un 8.0% (y el avance prosigue hoy). Era para que el peso se hubiera apreciado un 2% en un día. Nada de eso pasó: el peso, ayer, apenas se movió.

Pues bien, hoy, con el peso prendido de alfileres, Carstens anuncia que se va. O realmente Carstens tiene el peor sentido de oportunidad del mundo; o realmente hay alguna extraña razón por la que quiso dar un golpe en la mesa en el peor momento posible, y no sobre el mercado sino sobre el ámbito político, porque trae desavenencias con alguien y quiso poner en claro quién es quién.  

Sí, se decía que Agustín Carstens era uno de los candidatos para suceder al español Jaime Caruana al frente del Banco de Pagos Internacionales (BIS por sus siglas en inglés). Pero el pasado 23 de noviembre, durante la presentación del Informe Trimestral, Carstens afirmó que él no había recibido ninguna propuesta. Si fue así, fue recibirla y aceptar. Hoy anunciaba su renuncia al cargo y que abandonará el cargo el primero de julio. 

La consecuencia es un nuevo shock sobre el peso: en el momento de escribir esta nota cae un 0.9% a 20.75 pesos por dólar. Pero en la cotización intradía llegó a los 20.87 pesos. En el año, la divisa mexicana se ha desplomado casi un 20% y es la peor moneda del mundo entre las más negociadas del planeta. 

No, el sentido de oportunidad no es  la mejor virtud de Carstens. Cuando pudo y debió hacer algo se quedó de brazos cruzados. Y hoy, que podría no hacer nada, o al menos permanecer callado, le entró la urgencia de hablar. El “Carstentrómetro” funciona al revés. 

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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