Pan, Circo y Pecunia
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Lo bueno, lo feo y lo malo de Videgaray

08-09-2016 10:10

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) cambia de manos. Luis Videgaray, el hombre de confianza del presidente Enrique Peña Nieto desde que fue gobernador del Estado de México, el que coordinó su campaña presidencial y la transición de gobierno, el que iba a transformar el país con las reformas estructurales, el que iba a mejorar la productividad de los trabajadores mexicanos e iba a sacar a la economía de un crecimiento mediocre, el que iba a obrar el milagro económico y parecía aspirar a la silla presidencial, no logró acabar el mandato.

El flamante y todopoderoso secretario, que fue nombrado en su primer año mejor ministro de hacienda del mundo, renunció ayer y será reemplazado por José Antonio Meade, un viejo conocido en la SHCP, un valor seguro. Lo hizo en un día muy significativo: en la víspera de la entrega al Congreso del Paquete Económico para el 2017, el cual será presentado ya por el nuevo titular de Hacienda.

Su paso por el gobierno no fue lo glorioso que cabría esperar de un funcionario tan altamente preparado y, al final, se fue con una gestión de claroscuros. Hubo cosas buenas, regulares y otras en las que se pudo hacer más. Y sin duda, su historia como secretario de Hacienda hubiera sido muy distinta si no se le hubiera atravesado, en su carrera al frente de las finanzas públicas, el colapso del precio del petróleo.

 

Lo bueno

Lo mejor de su gestión, sin duda, fue la reforma tributaria. Sobre todo por su oportunidad. La reforma no pudo llegar en mejor momento. No hubiera sido así, y nos tememos que México ahora mismo estaría sumida en una gran crisis fiscal y, con muchas probabilidades, atravesando una recesión como sucede en otras latitudes de Latinoamérica. El propósito de la reforma fiscal era fortalecer las finanzas públicas, complementar a la recaudación petrolera, hacer a los ingresos públicos menos dependientes de las veleidades del precio de la mezcla mexicana. Si el precio del barril se hubiera mantenido en torno a los 100 dólares, posiblemente la historia de Videgaray sería muy distinta. Pero sucedió que la revolución del “fracking” en Estados Unidos inundó al mundo de petróleo y sus precios se desplomaron. Y ese hecho marcó, y dificultó, la gestión de Videgaray.

Por un lado, la reforma tributaria no sirvió para complementar a los ingresos petroleros, sino para contrarrestar su desplome. A México ya no le iba a sobrar dinero para robustecer sus finanzas, sino que cada peso ganado por la reforma tributaria iba destinado a tapar el agujero que dejaba cada peso perdido por la caída del precio del crudo. La reforma tributaria no sirvió para estar mejor, en términos de ingresos, sino para quedarte prácticamente igual.

Por otro lado, el desplome de las cotizaciones petroleras arruinó la reforma energética, de la que se esperaba obtener carretadas de dinero, no sólo por los contratos que el gobierno iba a vender y los impuestos que iba a cobrar a Pemex y a las empresas privadas que entraran a México, sino también porque pronosticaban que, con la ayuda de la inversión del sector privado, por fin repuntaría la producción de crudo.

 

Lo feo

Lo feo de su gestión ha sido el crecimiento económico. Su administración pecó, sistemáticamente, de optimista. En todos los años, y por mucho, se equivocó en su pronóstico de crecimiento, como si le ganara su deseo de ver a la economía creciendo a tasas cercanas al 4.0% frente a una realidad terca y tozuda que apenas le daba para un 2.0%.

Ese deseo probablemente le viniera de constatar que, antes de llegar a la secretaría, la economía crecía con una tendencia del 4.0%, y por encima incluso de los pronósticos del propio gobierno. Entonces, en los últimos años de Calderón, bajo la gestión de Cordero y Meade, quien regresa de nuevo a la secretaría, la economía mexicana era de las más dinámicas del mundo, sólo por detrás de China e India.

Pero llegó Videgaray y, de forma inesperada, la economía mexicana entró en un bache monumental. En su primer año apenas creció un 1.4%, muy por debajo del 3.5% presupuestado por el gobierno. El disgusto se produjo por la hecatombe del sector de construcción, que ese año se contrajo un 4.8% tras haber crecido un 2.5% el año previo. Eso provocó que el sector secundario se contrajera un 0.5% en el 2013 tras aumentar un 2.9% un año previo.

¿Qué pasó en la construcción para que hiciera trastabillar a la economía mexicana? En esencia, dos cosas. Uno, se cambió la política de vivienda: de un modelo de vivienda horizontal en los suburbios de las ciudades se pasó a otro vertical en el centro de las urbes. El modelo anterior era un completo fracaso, un desastre, y cambiarlo era lo correcto.

Lo que no resultó acertado fue cómo se gestionó el cambio de un modelo a otro. En vez de conducir una transición gradual, se abandonó a las constructoras de vivienda a su suerte, atiborradas de terrenos y casas de escaso valor en los suburbios. En consecuencia, Homex, Urbi y Geo quebraron, y el sector de “edificación” de vivienda, de una importancia estratégica fundamental en la economía, se hundió un 5.2%, sin capacidad técnica para seguir construyendo y aniquilado en la bolsa. El segundo tema que afectó a la construcción fue que, como resultado del cambio en la administración, se produjo un rezago en la ejecución del gasto en infraestructura de carreteras, puentes, aeropuertos y de más, por lo que el componente de “ingeniería civil” se contrajo un 4.7%.

Superado el 2013, absorbido todo el shock en la construcción, parecía que la economía podría retomar vuelo. Videgaray apostó fuerte. Después del lúgubre crecimiento durante su primer año, para el segundo estimó un crecimiento de 3.9%. Pero de nuevo erró: la realidad fue otra magra tasa de 2.2%. Ése fue el costo que tuvo que pagar por la reforma tributaria, que golpeó al gasto de consumo privado. El sector terciario, el de servicios, que en el primer año había aumentado un 2.4%, se frenó a un 1.8%.

Digerida la reforma fiscal, se pensaba que ahora sí, llegaría por fin el crecimiento. Para el 2015 apostó por una tasa de 3.7%. Pero la crisis petrolera y el estancamiento de la manufactura mexicana como resultado de la pérdida de dinamismo de la actividad fabril en Estados Unidos hizo que el crecimiento decepcionara de nuevo con una tasa de 2.5%. Para este año, con la credibilidad ya mermada, auguró una expansión de 3.1%, recientemente recortada a un rango de entre 2.0% y 2.6%. El consenso de analistas de la última encuesta de Banxico prevé un aumento de 2.2%.

 

Lo malo

Lo que le quedó pendiente fue un ajuste serio en el gasto público. Si por el lado de los ingresos hizo un trabajo fabuloso, el presupuesto “base cero” quedó en nada, en una caricatura de lo que tenía que ser.

No se atrevió a realizar un ajuste decisivo en el gasto corriente ante el elevado costo político que implicaba y prefirió concentrar los esfuerzos de ahorro en el gasto en capital, en la inversión. Ni en calidad ni en tamaño los recortes del gasto han sido los apropiados.

Buena prueba de ello es que le deja a su sucesor una papa caliente, con las agencias de calificación escudriñando cada número para evaluar si realmente México se compromete con una austeridad fiscal que exige, por parte del gobierno, más transparencia, menos burocracia y privilegios, y menos publicidad. Hoy se verá si, al dejar la silla y con el presupuesto ya cocinado, cumplió por fin con ese vacío.

 

INFOGRAFÍA

El colapso del precio del petróleo marcó la gestión de Videgaray. En los dos años previos a la llegada de Peña Nieto, el petróleo promedio algo más de 100 dólares, mientras que durante la gestión de Videgaray no llegó a los 70 dólares y a principios de año llegó a caer a los 18.90 dólares. Ese comportamiento del barril complicó enormemente la gestión de las finanzas públicas y de la economía… 

… en primer lugar, arruinó la reforma energética; y en segundo, provocó una fuerte contracción de los ingresos petroleros. El gran logro de Videgaray fue sacar una reforma tributaria a tiempo, antes de que se despeñara el precio del crudo, que más que compensó la caída de los ingresos petroleros, lo que ha evitado que México entrara en una gran crisis fiscal y en una recesión como otras economías de Latinoamérica… 

… si bien se evitó un escenario catastrófico, la economía entró en un bache monumental nada más entrar Videgaray a la SHCP. De crecer a ritmos de 4%, pasó a 1.4% durante su primer año, debido sobre todo a una severa recesión en la construcción. La Reforma Fiscal, la crisis petrolera y el estancamiento de la manufactura de EU impidieron que la economía despegara y quedó muy lejos de las tasas que Videgaray pronosticaba… 

… pero el  punto más flaco de su gestión fue el manejo del gasto público y la deuda. Pese a los problemas de ingresos, nunca acometió un plan serio de recorte de gasto, ni siquiera con el llamado presupuesto “base cero”. El gasto total ha seguido creciendo impulsado por el gasto corriente, que en 2013 representó un 79% del gasto total y en el 2015 un 81% mientras el gasto en capital pasó de un 21% a un 19%.

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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