Pan, Circo y Pecunia
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La SHCP y Banxico salen al alimón a restaurar la credibilidad de México

18-02-2016 16:25

Se tardaron, pero lo hicieron a lo grande, como si fuera una gran misa papal. En una amplia mesa de madera, sentados codo con codo, flanqueados de sendas banderas mexicanas y con un fondo de lámparas y estatuas neoclásicas de bronce forjado, el Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray, y el gobernador de Banco de México (Banxico), Agustín Carstens, comparecieron para anunciar un gran plan de shock. 

Era necesario e insoslayable. El discurso de que México era distinto a otras economías emergentes, de que su marco macroeconómico era sólido, de que estaban listos para enfrentar tempestades, empezaba a hacer aguas. Hasta hace poco los inversionistas habían comprado a pies juntillas el discurso de que México era un país mejor preparado y de menor riesgo que otras economías emergentes. La retórica nos venía a decir que el país gozaba de una buena salud macroeconómica, un país que contaba con cuentas fiscales saneadas, una deuda pública en bajos niveles, un déficit externo sostenible y una inflación contralada, por debajo del objetivo central de Banxico. Bajo ese cuadro general, México aguantó el año pasado mejor que otros países emergentes los embates de los mercados internacionales. 

Pero todo cambió con la llegada del 2016. Desde el principio de año, México se convirtió en la comidilla de los corrillos de inversionistas por dos grandes boquetes que se abrieron en sus mercados financieros, dos grandes oquedades por donde se estaba escapando toda la credibilidad de ese discurso. El más evidente, y del que más se ha hablado desde que empezó el año, fue el peso mexicano: que nuestra divisa era, de entre las principales monedas del mundo, la más castigada en lo que se llevaba de 2016  era ya plática habitual en los mentideros financieros. 

El segundo boquete, menos visible y popular que el peso, tiene unas crípticas siglas en inglés: les llaman CDS, o “credit default swap”. Se trata del costo que el mercado fija para comprar un seguro contra el riesgo de impago de un bono soberano de México. Si la prima del seguro es baja, quiere decir que el prestatario es fiable; pero si se encarece, significa que su confiabilidad se está deteriorando. Pues bien, si a mediados de 2014, el costo de la prima era ligeramente superior a los 60 puntos base (pbs), el jueves pasado llegó a situarse en más de 230 pbs (el costo de la prima se mide en pbs respecto al valor nocional del seguro). De nuevo era México el peor librado: de entre los países que poseen la misma calificación por S&P’s 500, la “BBB+”, México era donde más se había incrementado el precio de los CDS. Este segundo boquete, por tanto, estaba directamente relacionado con la percepción de riesgo que los mercados tienen de México. 

La abrupta depreciación del peso y el rápido encarecimiento de los CDS indicaban, por tanto, que los mercados ya no veían a México un destino tan seguro y fiable como se venía presumiendo. Los inversionistas ya no estaban comprando ese discurso, y existía el riesgo de que, ante otra oleada de aversión al riesgo, los inversionistas foráneos, cuya exposición a México es más alta que hacia otras economías emergentes, pudieran vender sus activos de manera caótica y desordenada. 

Que el mercado viera cada vez a México como un país de mayor riesgo tiene su sustento. Por el lado de las cuentas públicas, la reforma hacendaria ha mejorado la recaudación fiscal y la dependencia de México de los ingresos petroleros es inferior a la de otros países. Pero por el lado del gasto no se ha hecho un buen trabajo, incluyendo el poquitero “presupuesto base cero”. En consecuencia, el déficit público se ha venido deteriorando, y si no se hace más esfuerzos de reducción de gasto y los precios del crudo permanecen deprimidos, la situación se puede complicar mucho más el año que viene, una vez que las actuales coberturas hayan vencido y el gobierno haya agotado su capacidad de incrementar la recaudación no petrolera (salvo que anuncie nuevos impuestos). 

El año pasado, el déficit público se incrementó un 14.3% en términos reales y representó un 3.5% del PIB, el más elevado en casi tres décadas. La regla del equilibrio presupuestario que prevaleció hasta el 2008 no se ha logrado restablecer, y con el precio del crudo por los suelos y ante la ausencia de un verdadero plan de ajuste del gasto, es de prever que la situación siga empeorando. La deuda pública, afectada tanto por el creciente déficit público como por la depreciación cambiaria, se ubicó en el 2015 en una 45.7% del PIB, lo que contrasta con 36.4% del PIB en diciembre de 2012, antes de que se iniciara esta administración. 

Para colmo, la quiebra de Pemex y la promesa del gobierno de que será recapitalizada pone en otro brete a las finanzas públicas. Gran parte del deterioro en la percepción de riesgo de México está asociada a la actualidad inviabilidad financiera de Pemex: si los CDS de Pemex, a finales de 2014, rondaban los 100 pbs, a finales de enero superó los 450 pbs, lo que forzó a Videgaray a anunciar que el gobierno inyectará capital a la petrolera. El dilema es de dónde sacará la administración de Peña Nieto los recursos para capitalizar a la empresa. 

El sector externo también se está descarrilando: la balanza petrolera, tradicionalmente superavitaria, lo que contribuía a equilibrar el déficit no petrolero, arrojó el año pasado un déficit de casi 10,000 millones de dólares (mdd). De este modo, el déficit comercial se disparó a 14,460 mdd en el 2015 frente a 2,849 mdd el año previo, y se está reflejando en toda la cuente corriente: de enero a septiembre el déficit corriente fue de 2.9% del PIB, el más elevado para un período similar desde 1998. 

Finalmente, la rápida depreciación del peso también ha puesto en guardia a Banxico, que ve como la inflación de mercancías se empieza a trepar, algo que ya es muy notorio en los precios mayoristas, medido por los precios al productor.    

Por tanto, la solidez macroeconómica se está resquebrajando y había que hacer un esfuerzo por restablecerla. Había que hacer un anuncio grande y pomposo, que tuviera un efecto inmediato sobre los mercados, algo que refrendara que el gobierno mexicano no dejará que los fundamentales mexicanos se debiliten.  Así, tanto la SHCP y Banxico unieron fuerzas y en una acción coordinada trataron de cubrir todos los flancos: el lado fiscal, el monetario y el lado cambiario. 

Por el lado fiscal, se anunció un recorte de 132,000 millones de pesos (mdp), lo que representa un 0.7%v del PIB y donde el mayor esfuerzo de ahorro recae sobre Pemex (-100,000 mdp). Sobre esta medida haríamos tres observaciones: una, que creemos que se queda corto para la magnitud del problema fiscal que enfrenta México; dos,  que el hecho de que el peso del ajuste recaiga sobre Pemex tendrá efectos contraproducentes, pues puede mermar aún más la plataforma petrolera y repercutir de forma negativa en los ingresos petroleros; y tres, que tendrá un impacto negativos sobre el crecimiento económico. 

Por el lado monetario, Banxico anunció que en una reunión extraordinaria celebrada ayer se acordó elevar las tasas de interés en 50 pbs para situarla en 3.75%. Esto fue una gran sorpresa dado que Carstens se había mostrado contrario a reunirse fuera de calendario. El objetivo del apretón monetario es contener la salida de capitales de México para seguir financiando el creciente déficit corriente, y frenar la debilidad del peso para que no termine por contagiar a la inflación. Ahora bien, tendrá dos efectos negativos: uno, encarecerá el costo del crédito, lo que afectará al ritmo de expansión de la economía; y dos, encarecerá el costo del servicio de la deuda, lo que contrarrestará parte del esfuerzo de ahorro de Videgaray.   

Por el lado cambiario, se mudó la estrategia de intervención. Se suspendió el programa de venta de dólares y a cambio intervendrá de manera discrecional en el mercado de divisas: no avisará cuándo ni con qué montó ni en qué niveles intervendrá, si es que pretende defender una cotización. Sin duda, este mecanismo será más efectivo para aplacar los ánimos especulativos de los inversionistas y creemos que es un acierto. Para dejar claro que tan efectivo será, ayer dio un golpe de contundencia, y aunque los mercados tenían una sesión tranquila, intervino de forma masiva en el mercado. 

El anuncio funcionó: el peso se apreció un 2.8% en la jornada de ayer para cerrar en los 18.36 pesos por dólar, aunque puede saber a poco si tenemos en cuenta que tras el anuncio del aumento de las tasas llegó a apreciarse un 4.9% y cotizar por debajo de los 18 pesos. Lo malo es que ni con el rally de ayer, el peso se quitó el estigma de ser la peor de las grandes divisas del mundo, con una depreciación en el año de 6.3%. También se abarató el CDS de los bonos soberanos de México, que se redujo a 205 pbs comparado con 218 pbs el día previo, y el de Pemex, que pasó a 413 pbs frente a 427 pbs. 

Si la Fed no sube y no hay otro cataclismo en los mercados, la política de tasas de Banxico junto con la estrategia de intervención cambiaria puede ser suficiente. Sin embargo, la política fiscal sigue despertando dudas: el recorte sabe a poco y sobre todo, hay incertidumbre respecto de dónde se sacarán los recursos para capitalizar a Pemex. Videgaray señaló que parte vendrá de los remanentes de Banxico, pero no es suficiente. De modo que por el lado fiscal nos tememos que se precisará mucho más que un mero golpe de efecto. 

 

INFOGRAFÍA

El discurso de que México era más sólido y estaba mejor preparada que otros países emergentes empezaba a hacer aguas. No sólo el peso era la peor divisa entre las principales monedas del mundo, sino que además era la economía donde el riesgo crediticio, medido por los CDS, se había trepado más de entre los países que poseen la misma calificación crediticia, de BBB+. Parte de ese deterioro se debió a Pemex… 

Fuente: Bloomberg

… ese deterioro en parte está justificado. México ha olvidado su regla del equilibrio presupuestario y se ha dirigido a déficits fiscales cada vez más amplios. El año pasado, el déficit público aumentó en un 14.3% real y se situó en 3.5% del PIB, el más alto en casi tres décadas. El déficit público junto con la depreciación cambiaria ha llevado el nivel de deuda a un 45.7% del PIB frente a 36.4% en 2012…  

Fuente: SHCP

… además, el tradicional superávit de la balanza petrolera, que tenía un carácter equilibrador, se ha convertido en un déficit de casi 10,000 mdd, lo que ha implicado un deterior de toda la balanza comercial y del saldo por cuenta corriente. De enero a septiembre, el déficit corriente fue de 2.9% del PIB, el más elevado para un período semejante desde 1998…  

Fuente: Banxico

… la SHCP y Banxico trataron de restablecer la confianza de los mercados en la solidez macroeconómica de México anunciando un recorte de gasto público, la expectativa de un plan para inyectar capital a Pemex, una subida de tasas de interés y una nueva estrategia de intervención cambiaria, que ya aplicaron ayer. El peso ayer avanzó un 2.8% para cerrar en los 18.36 pesos, pero sigue siendo la peor divisa entre las principales del mundo (-6.3%).

Fuente: Bloomberg 

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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