Pan, Circo y Pecunia
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Por qué en el referéndum no se juega un Grexit

02-07-2015 14:06

Pese a todas las amenazas que se lanzan entre Atenas y Bruselas, esto cada vez huele más a partida de póquer. Nadie se termina de creer que Grecia vaya a salir del euro: todo suena a farol. Ni la canciller alemana, Angela Merkel, ni el primer ministro griego Alexis Tsipras, son ingenuos.

Pese a todas las amenazas que se lanzan entre Atenas y Bruselas, esto cada vez huele más a partida de póquer. Nadie se termina de creer que Grecia vaya a salir del euro: todo suena a farol. Ni la canciller alemana, Angela Merkel, ni el primer ministro griego Alexis Tsipras, son ingenuos. Sólo juegan sus bazas… hasta la extenuación. Los dos bandos han apostado alto y han llevado la situación a un extremo inimaginable. El último envite lo lanzó Tsipras el fin de semana pasada. De manera inesperada, arrojó sobre la mesa su carrera política. Levantándose de la silla dijo que iba con todo: cierre de bancos, impago, fin del rescate y referéndum. El costo del tamaño de sus redaños es bastante oneroso, pero ahí está su apuesta.  

La mano que lleva Tsipras es que Grecia permanezca en el euro, se atenúe el castigo de la austeridad sobre el pueblo griego, se reestructure la deuda y que Europa le siga prestando. La mano de Merkel es que Grecia permanezca en el euro bajo las condiciones establecidas por los acreedores y que Tsipras salga del gobierno. Pero nadie juega a que Grecia sea defenestrada de la moneda única: los dos saben que es una situación en la que todos pierden, y alguien tendría que volverse loco para que llegara a suceder.

Tras su órdago, el primer ministro griego regresó a Atenas muy seguro y ufano. Imploró a los ciudadanos griegos que votaran por un “no” rotundo, que eso le daría un gran poder de negociación, y que votaran sin miedo, jactándose de que Europa, en ningún caso, se atrevería a echarlos de Europa por los elevados costos que implica.

Inesperadamente, el ministro de finanzas alemán Wolfgang Schäuble, arquetipo de la rigidez e inflexibilidad teutona, pareció dar la razón a Tsipras. El martes, en plena campaña de Bruselas por el “sí”, dijo en una reunión con legisladores germanos que incluso con el resultado de un “no” en el referéndum del domingo, Grecia podía permanecer en el euro. ¿Por qué ese aparente paso atrás?

El resultado del referéndum, desde luego, no está nada claro. Por el lado del “no”, hay un voto duro difícil de mover, que es el de Syriza, los comunistas de KKE y la extrema derecha de Aurora Dorada (junto con Krugman y Stiglitz). En las elecciones de enero, esas tres formaciones políticas obtuvieron en torno a un 48% de los votos. En el bando contrario, el del “sí”, se ubican los conservadores de Nueva Democracia y de To Potami junto los socialistas del Pasok. La votación que obtuvieron ellos en las últimas elecciones fue de casi el 39%. Tsipras, pese a que ha perdido popularidad, todavía cuenta con un respaldo cercano al 50%.   

En Bruselas apuestan que la visceralidad inicial con la que se recibió la propuesta de referéndum de Tsipras la irá venciendo el miedo de los votantes ante la exasperación de los ciudadanos ante la imposibilidad de recuperar sus ahorros. Al fin y al cabo, es su fortuna de toda una vida lo que está en juego.

Algunas encuestas revelan la pérdida de auge del “no”. Un sondeo realizado entre el 28 y 30 de junio daba una victoria al “no” con un 54% de respuestas frente a un 33% a favor del “sí”. Sin embargo, el sesgo del voto, siempre favorable al “no”, se moderó tras conocerse la noticia del “feriado bancario”, tendencia que se puede haber acentuado conforme las penurias del “corralito” la resienten los griegos en sus bolsillos. La última encuesta de GPO, citada por euro2day.gr, muestra que 47.1% votarían por el “sí” y un 43.2% por el “no”. Además, 74% de los griegos se inclinan por permanecer en el euro “sin importar los sacrificios”.

Pero sea el resultado que sea, ¿por qué en el referéndum” del domingo no está en juego el Grexit?  Porque esa no es la jugada. En caso de ganar el sí, perderá Tispras: dimitirá y se estudiará si se constituye un gobierno de tecnócratas, o se forma un gobierno de coalición nacional o se convocan elecciones inmediatamente.  En ese caso, el BCE posiblemente conceda, para suavizar la transición, reabrir el programa de inyección de liquidez para finiquitar el “feriado bancario”. Grecia estará de nuevo a la merced de Bruselas, y Merkel contemplará el escenario deseado: un país que permanecerá en el euro, sin Tsipras y plegado a sus dictados.

Ahora bien, en caso de que ganara el  “no”, tampoco habrá un “Grexit”. Y  no lo habrá porque un Grexit rebasa las implicaciones meramente económicas y financieras, que no son nada desdeñables, y alcanza consideraciones geopolíticas aún más serias. No habrá un Grexit porque ni Estados Unidos ni la OTAN lo tolerarían. Eso lo sabe Tsipras y por eso apostó tan fuerte.

La principal arma de negociación de Tsipras, su “caballo de Troya”, ha sido el presidente ruso Vladimir Putin: de Bruselas volaba a Moscú y de Moscú a Bruselas. Por eso en abril, en medio de las tensiones de las negociaciones del rescate, en uno de sus desplantes que tanto irritan a Bruselas, se enfrentó a sus socios al censurar las sanciones europeas a Rusia por el conflicto de Ucrania y selló con él un pacto de colaboración económica para el 2015 y 2016. Y por eso el 19 de junio, conforme subían de tono los encontronazos con Merkel y compañía, logró una alianza con Putin para prolongar el gasoducto “Corriente Turca” a través del Mar Negro en territorio griego como alternativa a la “Corriente Sur” que entraría por Bulgaria y que fue cancelado por Europa como rechazo a Gazprom. 

El coqueteo de Grecia con Rusia pone nervioso a la OTAN, más ahora que Rusia cambió las reglas del juego con la anexión de Crimea el año pasado ante la mirada perpleja de Europa y Estados Unidos. China, cada vez más cercana a Rusia, no interpretó la anexión como una amenaza al orden mundial y Turquía, junto con Brasil e India, también se negó a unirse a la Unión Europea y Estados Unidos en su política de sanciones.

Moscú anhela el acceso naval al Mediterráneo desde el puerto de Sebastopol, en Crimea, a través del estrecho del Bósforo y de los Dardanelos en Turquía, y el Mar Egeo en Grecia. Un Grexit abre más las puertas a esa pretensión que tanto interesa a Putin en medio del conflicto sirio y de una mayor presencia de tropas estadounidenses en la región. A su vez, dejar caer a Grecia tendría el potencial riesgo de convertirse en una frontera porosa a los yihadistas del Estado Islámico con el polvorín de Oriente Medio de trasfondo. 

Por tanto, aun ganando el “no”, Grecia posiblemente no saldría del euro poruqe desestabiliza y desprotege la frontera este de Europa. Tsipras, eso sí, tampoco lo tendría fácil. Quizás haya ganado algo de poder de negociación, como él plantea a los ciudadanos. Pero, ¿logrará destrabar las negociaciones?. Y el BCE, ¿abrirá de nuevo el grifo o seguirá ahorcando a los bancos helenos prolongando el feriado bancario? ¿Cuánto tiempo resistiría Tsipras con los bancos cerrados y sin liquidez? No lo sabemos, pero Tsispras, vástago de Homero, ha demostrado ser más fecundo en ardides que el mismísimo Odiseo, aquél que junto con Aquiles, el de los pies ligeros, derrotó a los troyanos de ánimo altivo.  

INFOGRAFÍA

El voto duro antes de las elecciones es fuerte. Una reciente encuesta señalaba que el 43.3% votarían seguro por el “sí” y que un 39.3% lo harían seguro por el “no”. Esa encuesta daba una preferencia por el “sí” de 47.1% y por el no de 43.2%. 

Fuente: Encuesta GPO, citada por euro2day.gr

… esa encuesta muestra una reversión frente a las primeras encuestas, donde ganaba el “no” si bien la tendencia se ha debilitado desde el anuncio del “feriado bancario”…

 

Fuente: Instituto ProRata, citada en Efimerida ton Syntakton

… el impacto de la crisis griega se ha dejado sentir, sobre todo en las bolsas europeas, luego en las emergentes de Latinoamérica y finalmente en Estados Unidos. El menor impacto se ha sentido en Asia.. 

 

Fuente: Bloomberg

… por otro lado, en estos tres días, el euro se ha depreciado hasta cerrar ayer en un mínimo de un mes, si bien el impacto ha sido comedido dado que el mercado sigue descontando que Grecia, tras el referéndum, no saldrá de la eurozona. 

Fuente: Bloomberg

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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