Un espacio de análisis sobre temas de inclusión financiera, seguridad social y de finanzas públicas con un enfoque de movilidad social y político-electoral.

Contrapesos inesperados

10-11-2019 22:54

El Ejército, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos, aunque éste último por las razones incorrectas, están apareciendo como límites a la concentración de poder.

El secretario de la Defensa Nacional, General Luis Crescencio Sandoval (Foto: Gobierno de México)
El secretario de la Defensa Nacional, General Luis Crescencio Sandoval (Foto: Gobierno de México)

El proyecto de concentración de poder del Presidente López Obrador se está topando con problemas de inseguridad y económicos.

Los mismos parecieran estar detonando límites y contrapesos reales a su plan autoritario y populista. Más aún, dichos problemas, bien capitalizados, pudieran ser detonantes de un cambio político. Esto pudiera ser el principio de la recuperación de los sanos contrapesos democráticos e incluso de una eventual alternancia.

La crisis financiera de 2008/9 trajo consigo el desencanto de las sociedades con las democracias liberales por su incapacidad para cumplir sus expectativas de bienestar socioeconómico. La respuesta ha sido la llegada al poder de líderes populistas con tendencias autoritarias que, para encumbrarse, han prometido traer –como por arte de magia- bienestar a la gente.

Estas promesas las han acompañado de un estilo anti statu-quo, anti-institucional y anti-liberal que conecta bien con un electorado frustrado con los resultados socio-económicos en democracia, pero que, a la larga, está trayendo mayores problemas de gobernabilidad. Personajes como Boris Johnson en Reino Unido, Donald Trump en Estados Unidos o López Obrador en México, entre muchos otros, forman parte de esta ola de líderes que han aplicado esta receta populista para subir a la máxima magistratura de sus respectivos países y gobernar.

La diferencia entre aquellos países y México radica en la fortaleza de su democracia e instituciones para atajar muchos de los despropósitos populistas de dichos mandatarios. En los mencionados países anglosajones, la Suprema Corte de Justicia y el Legislativo, han actuado para evitar actos de gobierno autoritarios o iliberales.

En el Reino Unido, la Suprema Corte resolvió a finales de septiembre la ilegalidad de la suspensión temporal del parlamento dictada por la Reina, a instancias de su Primer Ministro, Boris Johnson. Dicha medida fue un acto anti-democrático que buscaba evitar la discusión en el legislativo de la conveniencia de aplicar o no un Brexit, es decir, una salida “dura” (sin acuerdos) de la Unión Europea.

En Estados Unidos, la Suprema Corte ha declarado inconstitucional una serie de políticas anti-inmigrantes relacionadas con la suspensión de programas sociales o la redirección de fondos federales para usarlos en la construcción del muro fronterizo. También la oposición demócrata ha iniciado un juicio político contra Trump por condicionar apoyos a Ucrania a cambio de investigar a la familia de Joe Biden, quien es su rival político y posible contendiente a la Presidencia, por el Partido Demócrata en las próximas elecciones.

En México, en cambio, el legislativo, dominado por Morena -el partido del Presidente- y la Suprema Corte de Justicia, hasta ahora no han servido de contrapeso y límite al poder del titular del Ejecutivo. La aprobación de los Diputados de un Plan Nacional de Desarrollo inconstitucional propuesto por AMLO y el reciente nombramiento ilegal de la Presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, afín a López Obrador, sin contar con los votos requeridos para que dicha designación fuera jurídicamente válida, son apenas una muestra de este déficit democrático.

La cancelación del proyecto de construcción del Aeropuerto de Texcoco, la realización del de Santa Lucía y la suspensión de los apoyos públicos a las estancias infantiles, por mencionar sólo algunos actos, han evidenciado la debilidad del Poder Judicial. Peor aún, dicho poder pudiera estar siendo aún más debilitado por el Ejecutivo a través del nombramiento de ministros afines al Presidente (Esquivel Mossa y González Alcantara) que está por verse si realmente son independientes del Ejecutivo. O bien, vía la renuncia forzada del ministro Medina Mora sin que la causa justificada de la misma hubiera sido presentada y aprobada por el Senado conforme al artículo 98 de la Constitución.

Otros contrapesos propios de las democracias, tales como los partidos políticos de oposición, y hasta cierto punto, la sociedad civil organizada, se encuentran en estado de catalepsia, inoperantes o bien financiera y fiscalmente neutralizados para actuar.

También la prensa está siendo desplazada, en cierta medida, por las redes sociales y las conferencias mañaneras del Presidente. Ambas fuentes de información son polarizantes y/o difusoras de una gran cantidad de noticias falsas o inexactas. Esto dificulta avanzar el necesario debate informado en democracia.

Del mismo modo, los organismos autónomos y la burocracia se encuentran debilitados por reducciones presupuestales y salariales, lo cual ha generado renuncias por parte de los integrantes más capaces, quienes están siendo sustituidos, en la mayoría de los casos, por leales a la causa e ideología de López Obrador y su movimiento. A la luz de lo anterior, la conclusión clara es que las perspectivas de sobrevivencia de los contrapesos de la democracia no son muy halagüeñas.

Sin embargo, esta regresión hacia un tipo de autoritarismo/populista pudiera estar encontrando límites imprevistos para contener el deterioro de nuestra democracia y comenzar su reconstrucción. La crisis de inseguridad desatada en Culiacán el 17 de octubre pasado y los nubarrones económicos han posicionado inesperadamente a actores que pudieran ser contrapesos reales y efectivos del poder presidencial o incluso revulsivos de un cambio político.

El Ejército, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos de América (EUA), aunque éste último, por las razones incorrectas, están apareciendo como límites a la concentración de poder y en la construcción de políticas económicas populistas.

El Ejército –para bien o para mal- en voz del General Gaytán, el 22 de octubre pasado, 5 días después de la humillación sufrida por el Estado Mexicano en Culiacán al liberar a un narcotraficante detenido, expresó -ante medio millar de militares del más alto nivel, activos y en retiro, incluido el General Secretario de la Defensa- preocupaciones en torno a la polarización política que estamos viviendo.

Textualmente señaló que ésta se está dando en razón de la “ideología dominante, que no mayoritaria, (que) se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda, que acumularon durante años un gran resentimiento. (Q)ue los frágiles mecanismos de contrapeso existentes, han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo, que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos, para decirlo con suavidad… Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa.” 

Esto deja ver que los verde-olivo sienten desconfianza hacia el Presidente y lo ven encabezando un proyecto contrario a la democracia, a la integridad y seguridad nacional. Ningún creyente de la democracia y las libertades queremos ver a los militares abiertamente participando en política. Es más, no creo que ni el Ejército mismo se quiera ver gobernando, tal y como como lo dejó ver AMLO al hablar durante los primeros días de noviembre –en reacción a lo dicho por el General Gaytán- de la imposibilidad en México de “golpes de Estado”. Un auténtico despropósito siquiera mencionarlo. Lo que si es que como custodios y garantes de los valores nacionales mencionados (https://www.gob.mx/sedena/que-hacemos), los militares ven estos en riesgo bajo la Presidencia de AMLO. López Obrador debiera tomar nota de esta molestia y no exacerbar los ánimos con declaraciones y con políticas que polarizan.

Por otra parte, el Fondo Monetario Internacional (FMI) está reapareciendo en la escena como un contrapeso que no se había visto tan activo a lo largo del presente siglo dada la estabilidad de la economía. Sin embargo, el deterioro paulatino y constante de la economía mexicana ha llevado al FMI a recomendar a México implementar reformas estructurales que detonen el crecimiento.

También han urgido a controlar el incremento de la deuda como proporción del PIB y a revisar el Plan de Negocios de PEMEX para contemplar la participación de firmas privadas (ver http://bit.ly/33wHvJe) Además, es de señalarse que el Fondo mantiene sin definición la renovación de la línea de crédito flexible por 86 mil millones de dólares a México, la cual vence el 28 de noviembre. Esto pudiera llevar a AMLO a reconsiderar aspectos torales de sus políticas de desarrollo estatistas, si es que no quiere pasar a la historia como el Presidente causante de la primera crisis económica del país en este siglo.

Por último, EUA, involuntariamente está actuando como fuerza desestabilizadora al propiciar el debilitamiento de la economía nacional y eventualmente del gobierno. La historia demuestra que las crisis económicas y de seguridad han estado presentes en los cambios políticos en México. Tal ha sido el caso del proceso de democratización y de transición a la democracia vividos, respectivamente, a partir de 1988 y 2000 y, que encontraron su origen en las crisis económicas del 82 y el 94.

Las políticas de Estados Unidos hacia México, como bien refiere un editorial del New York Times del pasado 7 de noviembre (https://nyti.ms/32vE3wT), han afectado el flujo de las inversiones a México por la incertidumbre generada. Entre dichas políticas están la apertura de las negociaciones del TLC y el no lograr aún la obtención de la ratificación del Congreso de Estados Unidos del T-MEC que sustituirá al TLC.

También ha debilitado el flujo de inversiones la crisis de inseguridad que vivimos desde hace más de una década y que en 2019 ha roto cifras récords de homicidios y desaparecidos. Ésta se explica parcialmente por la compra a los norteamericanos de armas por parte de los cárteles de la droga, misma que no ha sido limitada por el gobierno de aquel país. El asesinato brutal de 9 ciudadanos estadounidenses, miembros de las familias LeBarón y Langford, usando armas compradas en Estados Unidos –tal y como ocurrió en el enfrentamiento de Culiacán y en muchas otras matanzas en territorio nacional- dan cuenta de lo anterior.

En suma, que, a falta de los contrapesos tradicionales de la democracia, las circunstancias están generando otros inesperados. Esperemos que éstos sean para bien y sirvan como revulsivo para generar un cambio político que contenga el deterioro de nuestra democracia y la fortalezca. Deseamos que sirvan para atemperar la actitud polarizante del mandatario y hacerle entender la importancia de gobernar respetando el marco legal vigente y las instituciones de la democracia: prensa, sociedad civil, instituciones gubernamentales, etc.

No quisiéramos que dichas circunstancias de inseguridad y económicas deriven en alguna forma de autoritarismo. Lamentablemente, un elemento fundamental para que los contrapesos funcionen y el cambio político pueda darse hacia mejorar la calidad de nuestra democracia, es que existan partidos políticos de oposición fuertes y esos, por el momento, desde que fueron arrollados en las elecciones del pasado el 1 de julio, están ausentes de la vida política. Esperemos que la oposición aproveche la crisis de inseguridad y económica para reaparecer e impulsar la democracia en el país.

 

* Investigador del CEEY

Twitter: @ediazinfante

enrique.diazinfante@ceey.org.mx

 

ACERCA DEL AUTOR
Enrique Díaz-Infante
Director Especialista del Sector Financiero y Seguridad Social del CEEY. Es licenciado en Derecho por la UNAM y maestro en Políticas y en Desarrollo, ambas por LSE. Ha publicado un libro sobre “Regulación Financiera y Competencia Económica” y dos en coautoría por el CEEY: “El Sistema Financiero Mexicano” y “El México del 2018, Movilidad Social y para el Bienestar”. Periódicamente publica en el Periódico Reforma y en Arena Pública.
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