Sin Maniqueísmos
Sin Maniqueísmos es un blog dedicado a la actualidad mexicana, considerada en los contextos histórico e internacional. Los temas incluyen las élites empresariales, los medios masivos, las relaciones entre México y otros países, especialmente Estados Unidos, junto con libros y películas de importancia política y cultural.

Libro del mes: Jenaro Villamil, “La caída del telepresidente”

22-06-2015 16:53

Las fallas del Copetesaurio

El 23 de septiembre de 2014, Enrique Peña Nieto escaló una nueva cumbre. Había logrado promulgar una serie de reformas prometidas. Había sido perfilado en la revista Time, con el titular halagador Saving Mexico. Y en este día fue honrado en Nueva York, por una fundación filantrópica, como Estadista Mundial del Año.

Menos de una semana después estalló la bomba noticiera de Ayotzinapa, la cual inició una serie de desastres políticos muy dañosos a un presidente para quien las cuestiones de imagen son de altísima importancia. Todos conocemos las palabras claves: el Tren México-Querétaro, la Casa Blanca, #YaMeCansé, la Casa de Ixtapan, Aristegui, etcétera.

El valor de un libro como La caída del telepresidente (Grijalbo), del prolífico reportero Jenaro Villamil, es dual: nos refresca la memoria de unos hitos en la vida de la nación, algunos de ellos ya semiborrados debido a su frenética frecuencia, y nos indica los hilos conductores que ayudan a explicar la actuación de un gobierno y así a evaluarla al medio de un sexenio.

El veredicto se da en las palabras sucintas de Elena Poniatowska, autora del prólogo del libro: A EPN el cargo le ha quedado grande. Villamil muestra un hombre preocupado por su imagen modernizadora y cada vez más apto a revelar sus instintos políticos autoritarios.

Éstos se notan en su tendencia a descalificar a sus críticos y su llamado “afán orquestado por desestabilizar y por oponerse al proyecto de nación”; en el aparente empleo por parte de sus fuerzas policiacas de agentes provocadores, típicamente encapuchados, cuyos actos violentos intentan desacreditar a manifestantes; y en el uso de la censura, como hemos notado en esta columna.

Se notan también en la admiración de Peña Nieto, desde joven, hacia dos mexicanos autócratas, Porfirio Díaz y Álvaro Obregón, y hacia el gran propagandista de su propia imagen, Napoléon Bonaparte. Leyendo el primer capítulo, que ofrece un ameno resumen de estas tendencias, llegué a pensar que se puede unir las dos facetas sobresalientes del presidente en un apodo distintivo: el Copetesaurio.

Villamil arma críticas al manejo político de cuatro temas: la Reforma Energética, la Ley de Telecomunicaciones, Ayotzinapa y la Casa Blanca. La primera no convence tanto. Empieza contando los esfuerzos del senador norteamericano Richard Lugar de solicitar una apertura petrolera como si fueran un complot, pero hacer tales presiones es algo que los políticos deben hacer, igual los mexicanos. Es más, el ejemplo de Petrobras muestra que mientras tal apertura no va a acabar con la corrupción, sí producirá una mayor productividad, con beneficios al erario público.

Donde el análisis muestra mayor poder está en los capítulos sobre la “Ley Peña-Televisa” y la Casa Blanca. Villamil tiene la modestia de admitir que su concepto anterior de Peña Nieto como títere de Televisa era erróneo.

“Peña Nieto es el artífice de este proyecto”, apunta, en cuanto al Pacto por México y el “nuevo presidencialismo”, y su narración del desarrollo de la Ley de Telecomunicaciones muestra que fue el presidente el que tuvo la delantera. Peña Nieto ha obtenido todo lo que quiere, incluso una cobertura televisiva positiva en los peores momentos de su mandato, mientras Televisa no: tendrá que compartir su infraestructura de radiodifusión con un nuevo competidor, quizás con dos.

En la sección sobre Peña Nieto y Grupo Higa, se nota la Casa Blanca como un mero punto del iceberg. Lo grueso del asunto es la tradición de autoenriquecimiento e intercambio de favores arraigada dentro del Grupo Atlacomulco desde los años 40.

Al presidente le han criticado por opinar que la corrupción es “cultural”, pero en el contexto de la historia política del Estado de México, Peña Nieto tiene razón. Creció allí una cultura de la corrupción, en el sentido de que cada generación de Atlacomulco enseñó a la próxima que el que no transara no avanzara. Si la corrupción se volvió “institucional”, fue por su diseño.

Villamil escribe con un buen ritmo y un tono de infiltrado, lo que hace la lectura grata. Por otro lado, su análisis la hace algo frustrante, ya que el voto del 7 de junio no resultó el referendo sobre Peña Nieto y el PRI que pudo haber sido.

 

 

ACERCA DEL AUTOR
Andrew Paxman
Profesor de historia y periodismo del CIDE. De origen inglés, es coautor de El Tigre(2000; reeditado en 2013), biografía de Emilio Azcárraga Milmo. Fue reportero radicado en México durante los años 90. Luego obtuvo una maestría de Berkeley y un doctorado de la Universidad de Texas. Su biografía más reciente, En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México, trata del empresario norteamericano radicado en Puebla, William Jenkins (1878-1963). Ahora está investigando la biografía de Carlos Slim.
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