Sin Maniqueísmos
Sin Maniqueísmos es un blog dedicado a la actualidad mexicana, considerada en los contextos histórico e internacional. Los temas incluyen las élites empresariales, los medios masivos, las relaciones entre México y otros países, especialmente Estados Unidos, junto con libros y películas de importancia política y cultural.

Crisis en el Archivo General de la Nación

06-04-2015 16:29

Desde la censura hasta los despidos.

Marzo del 2015 puede llegar a recordarse como la fecha en que el largo y tardío viaje de México hacia la apertura chocó contra un iceberg.

Aparentemente bajo presión gubernamental, Carmen Aristegui y su equipo fueron despedidos por la radiodifusora MVS. Días después, emergió la noticia de que se habían restringido archivos del servicio secreto mexicano en el Archivo General de la Nación (AGN), entre ellos expedientes que pueden tratar sobre hasta dos mil izquierdistas desaparecidos durante la Guerra Sucia de los 60 y 70.

Lo que desencadenó la alarma fue una decisión —todavía no se sabe de quién o por qué— de aplicar de manera completa un embargo por 70 años a la colección de la Dirección Federal de Seguridad (DFS). Según la Ley Federal de Archivos de 2012, este plazo sólo está aplicable a archivos de carácter tanto “confidencial” como “sensible”.

Esa última categoría fue diseñada sólo para expedientes que tratan de delincuencia juvenil, datos médicos y cosas así, según me cuenta una archivista experimentada.

Los archivos meramente “confidenciales” tienen un embargo legal de 30 años, una restricción ya no aplicable a la DFS, desde que esta agencia se cerró en 1985. Con este cambio de política —un cambio no anunciado— los investigadores ni siquiera tienen acceso a las fichas de esta colección.

Una persona enterada cuenta que el embargo fue ordenado por una agente del CISEN recién integrada al AGN. Puede ser que las reglas se suavicen una vez que ésta se acomode a su nuevo puesto; sin embargo, otra posible explicación tiene que ver con el nuevo régimen del presidente Peña Nieto.

Algunos opinan que el gobierno está resentido. Primero, por el daño hecho al PRI por las muchas publicaciones basadas en investigaciones sobre la DFS —iniciando con La charola de Sergio Aguayo en 2001—, y segundo, por los recientes escándalos que han tocado al mismo partido, revelados por Aristegui y el Wall Street Journal.

Según esta tesis, Peña Nieto y su círculo opinan que el derecho a la información se ha pasado de la raya.

Mientras tanto, reina la incertidumbre.

Ángeles Magdaleno, investigadora veterana quien ayudó a Aguayo con La charola, dice que en el IFAI —cuerpo facultado para otorgar exenciones a cualquier embargo— faltan historiadores adecuadamente entrenados para decidir lo que se debe proveer al público y lo que no. Otro obstáculo es que el IFAI podría tardar dos o tres meses en responder a las solicitudes.

La nueva política de información oficial también es preocupante por lo que revela sobre el liderazgo en el Palacio de Lecumberri.

En 2013 la Dra. Mercedes de Vega, actual directora general del AGN, persiguió la muy oportuna construcción de un anexo para preservar todos los documentos en un ambiente controlado, proyecto iniciado por su predecesora, la Dra. Aurora Gómez.

Pero por otra parte, la vigente administración ha sido desastrosa, concuerdan varios veteranos del AGN. Bajo la dirección general hay cinco directores y una docena de jefes departamentales. A su llegada, De Vega despidió a todos los primeros, y luego removió a la mayoría de los segundos.

Claro, una conocida debilidad de la burocracia mexicana es su vulnerabilidad a los caprichos de los oficiales designados por los presidentes; llegan cada seis años como señores feudales y reemplazan al personal experimentado con “su gente”.

La predecesora, Aurora Gómez, fue a contracorriente removiendo solamente a dos de los directores, y sólo después de un par de años, asegurando así una transición tranquila.

Ex directivos del AGN temen que, dada la nueva injerencia del CISEN —o del gabinete de Peña Nieto— con fines de bloquear los archivos de la Guerra Sucia y otros episodios que puedan avergonzar al PRI, De Vega sea demasiado pasiva como para poder defender el derecho a la información.

La riqueza de cualquier archivo depende tanto de su personal como en sus documentos. Cuando un archivo es tan grande y tan caóticamente catalogado como el AGN el conocimiento y la experiencia de sus empleados veteranos se vuelven aún más valiosos.

¿Será que el sucesor de Mercedes de Vega tenga la bondad de recontratar a algunos de los despedidos de los últimos dieciocho meses?

Si no, gran parte del tesoro del Archivo Nacional ha sido perdido.

ACERCA DEL AUTOR
Andrew Paxman
Profesor de historia y periodismo del CIDE. De origen inglés, es coautor de El Tigre(2000; reeditado en 2013), biografía de Emilio Azcárraga Milmo. Fue reportero radicado en México durante los años 90. Luego obtuvo una maestría de Berkeley y un doctorado de la Universidad de Texas. Su biografía más reciente, En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México, trata del empresario norteamericano radicado en Puebla, William Jenkins (1878-1963). Ahora está investigando la biografía de Carlos Slim.
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