Sin Maniqueísmos
Sin Maniqueísmos es un blog dedicado a la actualidad mexicana, considerada en los contextos histórico e internacional. Los temas incluyen las élites empresariales, los medios masivos, las relaciones entre México y otros países, especialmente Estados Unidos, junto con libros y películas de importancia política y cultural.

Fraccionamientos: ¿una señal de progreso?

09-02-2015 11:30

Por sus fallas, impulsan un país de clase media a medias.

Al regresar a casa una noche, abrí la puerta y encontré el piso de la sala inundado y una fuente de más de un metro subiendo desde el fregadero. Una de las llaves se había roto por la mera presión del agua. No hubo manera inmediata de parar el flujo, ya que la plomería se había instalado sin una llave de control.

Recién llegado a Aguascalientes, e ignorando cómo se para el flujo del agua en una casita mexicana, fui a la vuelta a buscar ayuda de los vigilantes de mi pequeño fraccionamiento cerrado, pero el vigilante en guardia se reusó a venir, no por no querer abandonar la entrada, sino porque no había terminado el churro que fumaba. Mentando madres, recordé el lema del inmueble donde vivo: “Habitat Inteligente”. Ajá, claro.

Desde el 2000, México ha experimentado una explosión de fraccionamientos a escala nacional. Ofrecen una cómoda experiencia primermundista a parejas profesionistas, un sello de estatus de clase media.

Sin embargo, la pobre calidad con la que muchas casas se han construido y equipado en los últimos quince años abre un abismo cualitativo entre el estilo de vida anunciado por los fraccionamientos y la experiencia real de vivir en ellos. En vez de ayudar a convertir a México en un país desarrollado, están perpetuando las viejas decepciones y dejando a México como un país de clase media a medias.

Siguiendo la tradición periodística británica de “naming and shaming”, ofrezco aquí unos ejemplos del problema ubicados en Aguascalientes. Quizás esta misma tendencia se encuentra en muchas ciudades, sobre todo en las que han registrado las tasas más altas de crecimiento urbano: Querétaro, Monterrey, Cancún, etcétera.

Empiezo con mi residencia, Privanza La Rioja, inaugurada en 2008. Resulta que la llave súper-barata-hecha-en-China que se rompió, no es el único ejemplo de una patética política de ahorrar costos por parte de la constructora. Los boilers calientan emitiendo un trueno tan furioso como si fueran ballenas azules con indigestión. Si tu vecina opta por una ducha nocturna puedes abandonar cualquier esperanza de dormir.

Aun así me considero dichoso en comparación con un amigo que vive en el edificio Montecarlo del fraccionamiento Rancho Santa Mónica, de muy reciente construcción. Al intentar hacer más bonita la fachada de su casa, la constructora pegó azulejos alrededor de las ventanas superiores. Uno de los cuales cayó de repente en su coche y tuvo que reemplazar el capó del cofre.

Adentro, el piso de madera de las recámaras se está hundiendo y todos los accesorios de los baños lucen viejos (los tornillos incluso oxidados) por ser de pésima calidad. Como en algunas viviendas del edificio la constructora olvidó colocar el cableado adecuado, varios de los habitantes no cuentan con servicio telefónico.

En la Rinconada Santa Mónica, cuenta otro amigo, la constructora hizo un convenio exclusivo con Axtel para proveer el servicio telefónico y de datos. Si Axtel ofreciera un buen paquete quizás no habría problema, pero no: me cuentan que oferta un pésimo ancho de banda de menos de 2 mbps, que sólo sirve para contestar correos electrónicos y escuchar música con constantes interrupciones.

De entre todos los lamentos de los habitantes de fraccionamientos, el más fuerte seguramente es el relativo al servicio del agua. A menudo la presión es muy baja o simplemente el agua no fluye. Los problemas son tan comunes, parece que un elemento primordial de la planeación urbana se haya quedado en el olvido. Sin duda los recientes gobiernos municipales tienen una porción de la culpa. 

Pero sólo una porción. Los que viven en Q Campestre, para citar un ejemplo entre muchos, experimentan frecuentes interrupciones de agua. La constructora pudo haber minimizado el problema al instalar en cada casa un tinaco, pero no ¡los tinacos cuestan! De nuevo el modus operandi parece ser:

1. Construir bonito pero barato.

2. Escoger un nombre chido (o europeo) para el fraccionamiento.

3. Dejar a los habitantes darse cuenta de los problemas estructurales hasta después de que hayan firmado sus contratos.

¿Son estos ejemplos típicos del país entero? Quizás algunos gobiernos municipales tienen mejores políticas de inspección y control de calidad que otros. Me pregunto dónde quedaría la llamada Ciudad de la Gente Buena (y de la constructora Mala) en un ranking nacional.

ACERCA DEL AUTOR
Andrew Paxman
Profesor de historia y periodismo del CIDE. De origen inglés, es coautor de El Tigre(2000; reeditado en 2013), biografía de Emilio Azcárraga Milmo. Fue reportero radicado en México durante los años 90. Luego obtuvo una maestría de Berkeley y un doctorado de la Universidad de Texas. Su biografía más reciente, En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México, trata del empresario norteamericano radicado en Puebla, William Jenkins (1878-1963). Ahora está investigando la biografía de Carlos Slim.
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