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Economía, política, historia.

Tasas de interés, ¿hasta dónde y hasta cuándo?

03-08-2022 09:09

Las tasas deberán subir lo que sea necesario y permanecer en esos niveles quizá por un tiempo mucho mayor al que hoy se espera.

El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en conferencia de prensa el 27 de julio, 2022 (Foto: Twitter-Fed)
El presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, en conferencia de prensa el 27 de julio, 2022 (Foto: Twitter-Fed)

La inflación en Estados Unidos llegó a 1.3% solo durante el mes de junio, lo que antes subía en un año. El acumulado anual llegó a 9.1%, un nivel no visto desde que Ronald Reagan iniciaba su primer periodo presidencial, esto es, a inicios de la década de 1980. Hace unos días la Reserva Federal subió por segunda ocasión consecutiva la tasa de interés en 75 puntos base (esto es, 0.75%), lo que llevó el nivel a un máximo de 2.5%.

No suena espectacular una tasa de 2.5% cuando la inflación es cercana a los dos dígitos. Mucho más “normal” en términos de política monetaria es la adoptada por el Banco de México, en que tras varios aumentos la tasa de interés se encuentra en 7.75% mientras que la inflación (contenida por el subsidio a la gasolina) se encuentra en 8.0%.

Muy diferente a los 70s

La clave está en la reacción de los agentes económicos, tanto individuos como empresas. Si se frena el consumo y la inversión en la magnitud suficiente, al tiempo que se incrementa el ahorro, entonces la caída en la demanda llevaría a lo que se pretende: menor aumento de los precios. Puede funcionar a pesar de los niveles muy bajos de las tasas de interés. Imposible esperar que así ocurriera en México.

Pero puede ser insuficiente. Ya la Reserva Federal, junto con muchos otros, cometió un error de cálculo al no prever la explosión inflacionaria que ocurrió. Entonces no habrá más remedio que seguir aumentando las tasas de interés.

Con todo, es muy diferente a lo ocurrido a finales de la década de 1970. Para entonces una inflación elevada llevaba ya casi 15 años, pues había iniciado su ascenso desde 1965, y se había disparado más con el fuerte aumento en el precio del petróleo registrado en 1973-74. Cuando la entonces nueva cabeza del banco central estadounidense, Paul Volcker, decidió subir dramáticamente las tasas de interés, lo tuvo que hacer a niveles estratosféricos (la “prime rate” estadounidense llegó a 21% mientras que la inflación anual rozó el 15%). La recesión en Estados Unidos, y global, fue impresionante. Bajar la inflación a niveles “normales” tomó casi tres años.

La inflación no ha echado raíces como en ese periodo, simplemente porque no ha tenido el tiempo para hacerlo. Y ya se espera en 2023 que Estados Unidos entre en una recesión. Una mala noticia, sin duda, pero ayudará mucho a reducir el aumento en los precios. Si el demócrata Joe Biden se presenta a la reelección, la recesión puede ser uno de los elementos en su derrota, como ocurrió con el demócrata Jimmy Carter en 1980.

El factor guerra

Un problema adicional es un factor que está mostrando ser mucho más largo que lo previsto: la guerra entre Rusia y Ucrania, con su impacto en los precios del petróleo y alimentos. Esto es, problemas de oferta que suben los precios, cuando la herramienta principal de un banco central (la tasa de interés) tiene un impacto sobre la demanda.

Pero es prácticamente la única herramienta disponible, lo que aumenta la incógnita de si más aumentos serán necesarios, por supuesto desacelerando todavía más la actividad económica.

¿Un aumento transitorio?

Ahora parece risible que hace no tanto tiempo se dijera que la inflación sería algo transitorio, que caería de nuevo apenas se reconstituyeran (supuestamente con rapidez) las cadenas de suministro destruidas durante la pandemia. Ahora se habla de pequeños aumentos en las tasas de interés, que no hará falta más, para regresar pronto a esa normalidad de tasas extremadamente bajas.

Es imposible de saber: las tasas deberán subir lo que sea necesario, y permanecer en esos niveles quizá por un tiempo mucho mayor al que hoy se espera. Porque si algo se aprendió de la década de 1970 es que la inflación debe combatirse con prontitud y fuerza. En lo primero se falló claramente; en lo segundo están ahora a prueba los bancos centrales de todo el mundo.

Lo que no es una opción es dejar que la inflación se consolide todavía más, porque eventualmente será más costoso reducirla. Es el sacrificio del crecimiento de corto plazo para consolidar uno de largo plazo, y que como una condición necesaria (aunque no suficiente) tiene una inflación baja.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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