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Economía, política, historia.

Petróleo, cueste lo que cueste (literalmente)

02-06-2021 10:45

A las perdidas astronómicas de Pemex en el vano intento de aumentar considerablemente la producción de crudo se agrega la de refinar aquello que se produzca en aras de una costosísima autosuficiencia.

Octavio Romero Oropeza, director general de Pemex, y el presidente López Obrador, durante el anuncio de la compra del 50% de la refinería Deer Park el 26 de mayo (Foto: Twitter @Pemex)
Octavio Romero Oropeza, director general de Pemex, y el presidente López Obrador, durante el anuncio de la compra del 50% de la refinería Deer Park el 26 de mayo (Foto: Twitter @Pemex)

Petróleo, el oro negro, ese recurso todavía hoy tan codiciado, como se refleja en un precio que se mantiene en niveles respetables en los mercados internacionales (la mezcla mexicana fluctuando en el intervalo de 60-70 dólares el barril). Sí, las energías verdes ya están aquí, y se implantan con paso acelerado, pero no puede hablarse del fin del petróleo –al menos no todavía.

Lo que no justifica la obsesión de Andrés Manuel López Obrador con los hidrocarburos. Obsesión es la palabra porque no tiene racionalidad alguna en la tercera década del siglo XXI. Muestra al hombre aferrado al pasado, buscando revivir una era dorada que nunca existió, y que está dispuesto a derrochar el dinero de la nación tratando de lograr su objetivo.

Es volver al Tabasco de su temprana adultez en 1980, quizá a sus ideas de un petróleo caro y al alza durante su primera campaña presidencial de 2006. Ha aplicado al petróleo el mesianismo que le caracteriza en tantos otros ámbitos: no es ninguna ciencia. En este caso, aumentar la producción de crudo y la capacidad de refinación no es tan difícil, simplemente cuestión de voluntad, algo de tiempo y muchísimo dinero.

 

Deer Park representa un doble fracaso

Una de las peculiaridades de la política pública obradorista es el absoluto rechazo a los logros transexenales. Todo lo que se plantea debe lograrse en el ámbito del periodo de gobierno, esto es, la fecha límite para alcanzar resultados tangibles es el último día de septiembre de 2024.

Los tres elefantes blancos del obradorismo tienen en ese sentido un plazo claro. Quizá habrá al menos segmentos funcionales del Tren Maya, y algunos aviones utilizando Santa Lucía. Lo que siempre fue imposible, aunque AMLO creyera lo contrario, era construir una refinería de la nada en tres años. Como tantas refinerías estatales, Dos Bocas estaba llamada desde su arranue a ser un costoso elefante blanco, con el proyecto inconcluso para siempre o tomando mucho más tiempo en completarse a un precio impresionantemente mayor. Esto es, la historia de la Refinería del Pacífico en Ecuador o la Abreu y Lima en Brasil.

Es de suponerse que ya se informó a AMLO que no debe esperar que se concluya Dos Bocas a tiempo. Se sigue hablando que en julio de 2022 empezará a refinar, pero es muy improbable. Lo que ya es un hecho es que su costo pasó de 8 mil a 12 mil 400 millones de dólares, y lo más seguro es que siga aumentando con el tiempo (la Abreu y Lima acabó costando casi nueve veces la estimación original).

¿Cómo salvar la obsesión presidencial de que México deje de importar gasolinas en el sexenio? Imposible, aunque para eso está la creatividad. Y el truco fue que Pemex comprara la mitad que no tenía de una refinería… en Houston (la otra mitad siendo propiedad de Shell). Como por arte de magia, Pemex aumenta su capacidad de refinación en 170 mil barriles, de los 340 mil que procesa Deer Park. Curiosamente, exactamente la misma cifra que se espera que un día refine Dos Bocas.

El detalle es que ese 50% de Deer Park costará al gobierno mexicano 596 millones de dólares, valuando a la refinería en el doble de esa cifra. En otras palabras, el costo estimado de Dos Bocas equivale a 10 veces la refinería de Houston. Lo que entonces convendría al gobierno mexicano sería comprar más refinerías en Estados Unidos, y quizá hasta serían más baratas que la recién adquirida.

Porque ocurre que HollyFrontier, una empresa dedicada enteramente a refinación, compró a principios de mayo otra planta a la propia Shell, pagando 350 millones de dólares por la refinería de Puget Sound, con una capacidad de procesar 149 mil barriles de crudo. Al menos por capacidad, Pemex parece haber pagado mucho… excepto si se compara con lo que costará Dos Bocas.

Todo para que pueda decirse que gasolina producida en Texas permite consolidar la llamada soberanía energética de México.

 

Cueste lo que cueste

A las perdidas astronómicas de Pemex en el vano intento de aumentar considerablemente la producción de crudo se agrega la de refinar aquello que se produzca en aras de una costosísima autosuficiencia. Es arrojar literalmente dinero necesario para tantas necesidades por una gigantesca coladera. Es una costosa muestra de lo que implica la obsesión de un gobernante que prioriza una visión soberanista por sobre el bienestar de la población.

Será uno de los capítulos económicos más ilustrativos y deprimentes de la administración 2018-2024: a producir y refinar petróleo por una noción totalmente caduca en el siglo XXI, cueste lo que cueste. La paradoja es que el petróleo no será la tan ambicionada palanca de desarrollo económico que tanto desea López Obrador, sino una rueda de molino que lastrará ese desarrollo.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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