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Economía, política, historia.

México: una economía condenada al estancamiento

13-06-2022 10:03

El apretón monetario y fiscal, acompañado por la desaceleración que experimenta Estados Unidos, llevan a que se espere para 2022 un crecimiento inferior al 2%.

México: una economía condenada al estancamiento
México: una economía condenada al estancamiento

El gran temor en las economías avanzadas es que para regresar la inflación a niveles normales (esto es, de 1-3% anual) se requieran tasas de interés que al mismo tiempo causen una fuerte desaceleración o incluso una recesión económica: la amarga medicina para curar la enfermedad del crecimiento excesivo de los precios que muchas veces causa un frenazo al crecimiento en la producción.

En México la historia es mucho peor: tras la certeza de la desaceleración en el corto plazo, lo que está en el horizonte es un bajo crecimiento de mediano y largo plazo, la continuación de un crecimiento extremadamente mediocre, solo que en niveles todavía más bajos que los registrados en décadas recientes. Un panorama deprimente en términos de crecimiento, empleo y salarios, esto es, el bienestar de las mayorías.

La estabilización de corto plazo

La política macroeconómica busca, como prioridad inmediata, la estabilidad. Por esto se entiende generalmente estabilidad de precios, aparte de que otras variables (como las finanzas públicas o el sector externo) no muestren desequilibrios pronunciados y a la postre insostenibles.

Estabilidad de precios es una inflación baja, no cero (como se entendería siendo estrictos). Los dos pilares de la política macroeconómica se enfocan a ello: la política fiscal (todo lo relacionado con ingreso y gasto público), sobre todo para evitar que un déficit del gobierno esté empujando en exceso la demanda en la economía, y con ello los precios.

La política monetaria, por su parte, influye sobre la cantidad de dinero en la economía, precisamente alterando el precio del dinero, esto es, la tasa de interés. Una baja en la tasa empuja a consumir e invertir, mientras que un alza lleva a aumentar el ahorro. Lo primero aumenta la cantidad de dinero en la economía, empujando los precios, y viceversa. Por eso prácticamente todos los bancos centrales que buscan reducir la inflación recurren al expediente de aumentar la tasa de interés, como de hecho está haciendo el Banco de México.

Una política económica fiscal restrictiva implica subir impuestos o reducir el gasto público, lo que significa reducir el déficit en las finanzas públicas (o aumentar el superávit), y una política expansiva lo contrario. Una política monetaria restrictiva significa subir la tasa de interés. La política monetaria del Banxico es restrictiva, como lo es la fiscal que sigue la Secretaria de Hacienda.

La primera por bajar la inflación, con aumentos a la llamada tasa de interés objetivo desde hace un año. La segunda desde 2019 por instrucciones del presidente López Obrador, a quien le disgusta la noción del endeudamiento público (y su raíz: el déficit en las finanzas públicas). Esta última se sostuvo durante toda la pandemia, mientras que muchos otros países optaron por fuertes relajaciones fiscales, aparte de las monetarias, para aliviar el choque de la pandemia sobre la economía (particularmente el frenazo a la actividad económica y la pérdida de empleos).

El choque inflacionario es significativo y global, pero la política económica en México es la correcta para regresar la inflación a los niveles observados en las últimas dos décadas. El problema es que también es una política que desacelera el crecimiento. El apretón monetario y fiscal, acompañado por otros elementos como la desaceleración que experimenta Estados Unidos, llevan a que se espere para 2022 un crecimiento inferior al 2%.

El estancamiento de largo plazo

Pero el crecimiento económico de largo plazo depende de factores, y políticas, muy diferentes. El PIB prácticamente crece solo si hay aumentos en la productividad, esto es, la producción medida con respecto a cierta variable del propio proceso productivo (como es el tiempo o el número de trabajadores).

Y la productividad es resultado de tres elementos: el capital humano (educación, capacitación), la tecnología y el capital físico. Si, y solo si, uno produce más, puede ganar más. Esto es, el máximo nivel o techo salarial está determinado por el nivel de la productividad. Si una persona produce una silla por día, no puede ganar más del valor de esa silla en una jornada de trabajo (y, por supuesto, es improbable se le pague esa cantidad completa). Si en cambio produce diez sillas…

Una inflación baja, con tasas de interés igualmente moderadas, ayuda mucho a la inversión, y por lo tanto a impulsar la educación/capacitación y el desarrollo o adopción de tecnologías más avanzadas. Pero mucho más importante es la infraestructura educativa y de salud, la infraestructura física (desde carreteras hasta energía) y, por supuesto, un sólido estado de derecho. La inversión no se incentiva con mafias que extorsionan o gobiernos que expropian sin fundamento.

Y por ello México está condenado al bajo crecimiento, tanto en el corto como en el largo plazo.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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