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La inflación persistente con COVID

05-10-2020 05:15

No hay duda que Banxico está cumpliendo con su mandato legal puntillosamente, aunque queda abierta la posibilidad de que esté siendo excesivamente cauteloso.

Los cinco miembros actuales de la Junta de Gobierno del Banco de México (Foto: Banxico)
Los cinco miembros actuales de la Junta de Gobierno del Banco de México (Foto: Banxico)

La estimación más reciente de la inflación muestra que ascendió ligeramente a 4.10% en la primera quincena de septiembre.

La cifra es notable por el contexto: en medio de un frenazo económico sin precedente alguno. Se desploma la inversión, millones son lanzados al desempleo (y pierden su ingreso), mientras que buena parte del resto de la población pone sus barbas a remojar y recorta el gasto en sus hogares. Por supuesto, el gasto en ocio que implique interacción con muchas otras personas se derrumba.

Intuición económica que falla

Una formidable, sin precedentes en lo abrupto y en su magnitud, caída de la demanda. La intuición económica diría que lo mismo debería estar sucediendo con la inflación. Así ocurrió en las semanas que siguieron al inicio de la pandemia en México.

La correspondiente a abril fue la segunda más baja desde que se tiene registro, colocándose en 2.15%, con la no subyacente ubicándose en un nivel mínimo histórico de 1.96%. Pero de esos mínimos regresó con rapidez a sus niveles “normales”, lo que en años recientes significa estar en el intervalo de 3-5%.

 

 

A diferencia de otras economías, como Estados Unidos, Japón y varias naciones europeas, el banco central no ha tenido que lidiar con un problema de baja inflación por lago tiempo, o incluso de deflación, y que lleva a tomar decisiones muy distintas.

Destacadamente, en agosto el Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, anunció que no aumentarían las tasas de interés, aunque el mercado laboral mostrase estar cerca de un pleno empleo, buscando que la inflación se acercara, incluso superara temporalmente, la meta anual de 2%. Por supuesto, fue una declaración importante, pero por el momento simbólica, dado lo que se ha disparado el desempleo en Estados Unidos por el COVID. Será largo tiempo para que sea probada en la realidad.

El relativamente elevado nivel de la inflación  es la razón por la que el Banco de México no ha bajado más las tasas de interés. La reducción anunciada el 24 de septiembre fue de 25 puntos base (esto es, 0.25%), llevando la tasa objetivo a 4.25%, mientras que en muchas economías avanzadas dicha tasa se encuentra en cero o niveles cercanos a cero. De hecho, el nivel de la tasa actual se encuentra relativamente lejos del mínimo histórico mexicano de 3.0% alcanzado desde mediados de 2014 hasta finales de 2015.

El banco central tiene un mandato claro, y además único, en términos constitucionales: mantener el poder adquisitivo de la moneda nacional, lo que se interpreta como el alcanzar y mantener una inflación baja y estable.

Desde principios de este siglo, el Banxico ha tenido la meta de alcanzar a lo largo del tiempo una inflación de 3% anual (esto es, acumulada en los 12 meses anteriores), aunque permitiéndose una desviación de un punto porcentual hacia arriba o abajo. Esto es, es aceptable que la inflación se encuentre en un intervalo de 2-4%.

¿Banxico demasiado cauto?

La Junta de Gobierno ha establecido que hay importantes riesgos que pueden llevar a la inflación al alza y claramente fuera de ese intervalo. En su más reciente Comunicado de Política Monetaria, son tres:

1) Episodios adicionales de depreciación del peso frente al dólar;

2) Una elevada persistencia de la inflación subyacente, y

3) Problemas logísticos y mayores costos asociados a las medidas sanitarias.

No hay duda que Banxico está cumpliendo con su mandato legal puntillosamente, aunque queda abierta la posibilidad de que esté siendo excesivamente cauteloso.

La cautela es algo que debe caracterizar a un banco central, pero no puede descartarse que algo de audacia en política monetaria podría ayudar a revivir un poco a una economía postrada por la pandemia, con mayor razón cuando el Presidente ha rechazado tajantemente aplicar una política fiscal expansiva. ¿Qué sería realmente audaz? Por ejemplo, llevar la tasa a su mínimo histórico (o incluso más abajo).

Por otra parte, la más reciente decisión monetaria fue unánime, con ninguno de los subgobernadores mostrando disenso (y menos audacia), lo que mucho dice sobre los factores que están llevando a la cautela.

La certeza es que una inflación relativamente elevada, esto es, bordeando el límite superior del intervalo que busca lograr Banxico, no permite que la política monetaria sea realmente expansiva. Todo indica que ese escenario se mantendrá.

Una casa en llamas, poca agua

Sería todavía más importante que el gobierno permitiese una fuerte inyección de gasto deficitario para mantener abiertas empresas, proteger empleos y reavivar el consumo, pero ya se sabe que eso no sucederá. La obsesión presidencial contra el déficit y el endeudamiento es como tener una casa en llamas y con el dueño decidiendo que es imperativo ahorrar agua.

 

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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