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Economía, política, historia.

La crisis silenciosa de México

01-11-2021 09:32

Se trata de una crisis de largo plazo, cuyo inicio puede ubicarse en 2001, que lleva ya dos décadas y abarca hasta el momento cuatro gobiernos, de Vicente Fox a López Obrador.

Los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (Foto: Gobierno de la Ciudad de México)
Los ex presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto (Foto: Gobierno de la Ciudad de México)

Las crisis económicas que muchos recuerdan, últimas décadas del siglo XX, eran notables por sus brutales inflaciones, fortísimas devaluaciones y profundas contracciones económicas. Mucho ha cambiado en las economías emergentes con el control de la inflación y los tipos de cambio flotantes. Pero las crisis persisten, sin ser tan notorias. Muchas veces impactan en forma desigual, sobre todo a los más pobres, y además su costo es más silencioso: no es lo que se perdió sino, algo mucho más difícil de aquilatar, aquello que se dejó de ganar.

Una crisis con solidez macroeconómica

En el caso de México se trata de una crisis de largo plazo, cuyo inicio puede ubicarse en 2001, esto es, lleva ya dos décadas y abarca hasta el momento cuatro gobiernos, de Vicente Fox a López Obrador.

La crisis silenciosa ha transcurrido en un periodo en que diversas variables macroeconómicas han sido sólidas, destacadamente la inflación y los balances de las finanzas públicas y el sector externo. El peso no ha estado exento de caídas fuertes y volatilidad, pero han sido esporádicas, y casi siempre explicadas por factores externos. Esto además de que, en muchas ocasiones, la moneda nacional ha tenido un fuerte rebote de recuperación. Las devaluaciones del pasado abrieron paso a depreciaciones esporádicas.

Las crisis económicas causadas por fuertes desequilibrios macroeconómicos, fiscal y de la cuenta corriente de la balanza de pagos, se desvanecieron cuando se abandonó (con dos décadas de retraso con respecto de los países avanzados) el tipo de cambio fijo o administrado, para dejar al peso flotar sin tener una meta cambiaria. Fue la obsesión política con la paridad la que llevó a los endeudamientos masivos en dólares en 1973-76, 1981-82 y 1994 que trajeron finalmente una crisis de balanza de pagos, devaluación, inflación y recesión.

La realidad desde 2001 es muy diferente: un crecimiento económico excepcionalmente bajo con contracciones causadas por factores externos, al menos hasta el sexenio de Peña Nieto. La crisis silenciosa de México se manifiesta en un crecimiento reducido que no permite reducir significativamente la pobreza. Si esta crisis se enlaza con las de 1982 (que duró hasta 1989) y la de 1994-95 entonces se tiene un total de cuatro décadas de contracciones económicas o crecimiento bajo. El crecimiento del PIB es solo respetable cuando llega un “rebote” tras una crisis, como fue en 1990, 1996-97, 2010 o será el caso de 2021.

Durante esos 40 años, entre 1982 y 2021, el crecimiento promedio del PIB de México será de 2.0% (asumiendo una expansión del PIB de 6.2% este año, como lo establece la encuesta más reciente del Banco de México entre analistas del sector privado). Con frecuencia se piensa en las décadas de 1980 y 1990 como contaminadas por las crisis económicas, como de hecho así es. La de 1980 se conoce ampliamente, de hecho, como la “década pérdida”. Entre 1982 y 2000, el crecimiento promedio del PIB fue de 2.38%. La inflación promedio en esos años fue de 44.7%.

Entre 2001 y 2021 el promedio de crecimiento es de 1.64% y la inflación promedio sería de 4.3%, asumiendo 6.26% en este año (dato también tomado de la encuesta más reciente del Banxico). Una inflación notablemente más baja, muy cerca del intervalo objetivo del banco central de 2-4%, pero también con un crecimiento también notablemente menor.

China y crisis externas

Tras la crisis de 1982-89, el sexenio de Carlos Salinas tuvo años de sólido crecimiento. Tras la fortísima contracción de 1995, lo mismo el gobierno de Zedillo. Lo que rompió el crecimiento en el primer y segundo años de Vicente Fox fue una recesión relativamente leve en Estados Unidos, y lo que quebraría el dinamismo comercial que se había iniciado pocos años antes con el arranque del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994) fue la entrada de China a la Organización Mundial del Comercio, que arrasaron con sus exportaciones a México (quitando también mercado a productos canadienses y japoneses).

Al crecimiento que se llevaron los chinos es importante agregar las crisis externas que golpearon al país: la financiera global de 2008-09 y la del Covid en 2020-21. Lo que siguió a esas brutales recesiones fueron rebotes. Se puede agregar en el ámbito nacional un boom petrolero mal manejado entre 2003 y 2014 (ingresos extraordinarios que debieron ahorrarse y no gastarse) y la explosión del crimen por parte de mafias criminales desde la primera década del siglo. Y finalmente la potente locomotora estadounidense perdió potencia en la segunda década de este siglo.

El antineoliberalismo actual

Un caldo de cultivo para tratar algo diferente. Si el crecimiento ha sido tan bajo, quizá (incluso podría pensarse) ir en dirección contraria. Si el crecimiento elevado y sostenido tuvo lugar hasta 1981, entonces regresar a la estrategia económica de esos años, solo que sin deuda (manteniendo un déficit fiscal reducido, incluso durante una pandemia), sin regresar al tipo de cambio fijo y con una inflación baja, respetando la autonomía del Banco de México. Puede parecer, a los ojos de algunos, una combinación potencialmente ganadora.

Desde antes de tomar posesión en diciembre de 2018, Andrés Manuel López Obrador mostró que no le importaba repeler a la inversión privada y destruir las perspectivas de crecimiento futuro cuando tenía otras prioridades, y canceló el aeropuerto de Texcoco. Particularmente en el sector energético, el regreso al estatismo que caracterizó diversos sexenios (de López Mateos a López Portillo) ha sido la estrategia, que ahora se radicaliza con la propuesta de cambio constitucional para revertir la liberalización del sector eléctrico realizada en 2013-14 por la administración Peña Nieto en el marco del llamado “Pacto por México”.

La fuente del crecimiento económico es prácticamente una: el aumento de la productividad, a su vez una mezcla de tecnología, capital humano y los insumos de la producción (capital físico). Esto es, con la inversión como motor que a su vez impulsa el progreso tecnológico y la formación de habilidades entre la población.

Las acciones del lopezobradorismo no solo frenan la inversión privada, sino que la austeridad presupuestal ha implicado mantener los bajos niveles de inversión pública que caracterizaron el cierre del sexenio peñista, pero canalizando más recursos a Pemex y proyectos como Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía. Esto aunado al aumento del crimen en general, y de la extorsión a negocios en lo particular, que ha tenido lugar durante la presente administración.

La crisis silenciosa de México no solo seguirá en los años subsecuentes, sino que se profundizará. El crecimiento económico que no se logró, y que nunca se recuperará, será todavía mayor al registrado en años recientes, como quedó claro incluso en 2019, antes de que estallara la pandemia, y con un rebote de PIB en 2021distante de la contracción registrada el año anterior.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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