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Economía, política, historia.

¿Es tan mala una inflación de un dígito?

22-08-2022 13:20

Una inflación que ronda el 10% es claramente negativa; las comparaciones con el pasado ayudan a dimensionarla.

La inflación en México se encuentra en niveles no vistos en más de 20 años; en Estados Unidos, 40 años, y en Alemania se teme que llegue a lo no alcanzado en 70 años. El mundo logró lo que se conoce como “estabilidad de precios”, esto es, un incremento de estos moderado (en un intervalo de 2-4%) a mediados/finales de la década de 1980, tras precisamente un largo periodo inflacionario. Sin la misma virulencia, está de regreso.

 

Un fenómeno moderno

Lo que ahora se denomina inflación es un aumento constante y generalizado en el nivel de los precios. Esto es, los precios suben (al menos la gran mayoría de ellos) de manera constante. Hay excepciones, por supuesto, destacadamente ciertos productos tecnológicos y servicios. Pero lo normal para muchas personas en el planeta es esperar que los precios de muchos bienes y servicios estarán subiendo siempre.

Y es normal, pero no lo era. Hasta el siglo XIX, muchas veces lo habitual era la deflación, esto es, que los precios bajaran en forma constante y generalizada. A eso estaban acostumbrados los tatarabuelos. Era el caso porque los patrones monetarios tenían una base metálica, generalmente el oro, y no había suficiente metal amarillo que alcanzara, dado que su producción no crecía al mismo ritmo que las economías de tantos países. Un crecimiento que precisamente se inició con la Revolución Industrial.

Las generaciones actuales han vivido en un mundo dramáticamente diferente al de nuestros antecesores durante siglos, incluso milenios: con un crecimiento constante, tanto de la producción como de los precios. La inflación como la conocemos hoy inició, en Estados Unidos, alrededor de 1940. Esto es, todavía hay personas vivas que pueden recordar, aunque sea remotamente, una era en que lo más común era la deflación.

 

La “Gran Inflación”

La Gran Depresión que inició en 1929 es muy familiar, pero también hubo lo que se conoce ampliamente en la historia económica como la “Gran Inflación” (1965-1982). Esta inició en parte por el fuerte empujón al gasto público de la administración de Lyndon B. Johnson, con loables programas sociales de combate a la pobreza (“war on poverty”) y la menos aplaudible guerra de Vietman.

La inflación fue subiendo, y a diferencia de los tiempos actuales, los bancos centrales no aplicaron con fuerza el freno monetario. Ni siquiera había acuerdo sobre las causas de la inflación. Para unos era que un problema de oferta que, vía costos, “empujaba” los precios (inflación de costos, “cost-push”, también llamada estructuralista). Para otros, un exceso de demanda causado por un exceso similar en la cantidad de dinero “jalaba” los precios “demand-pull”.

Por supuesto, ambas escuelas son absolutamente opuestas, y los remedios propuestos también. Para los estructuralistas, había que aplicar controles de precios, incluso bajar las tasas de interés (un costo para las empresas); para los que culpaban al exceso de dinero (monetaristas) había que eliminar ese sobrante, aumentando las tasas. Sin acuerdo, los bancos centrales muchas veces no consideraban que ellos, por sí mismos, debían combatir el fenómeno. Por eso la inflación subió tanto y tardó tanto tiempo (casi 20 años) en bajarse. La respuesta correcta fue el monetarismo, pero tomó tiempo para aplicarse con el rigor necesario, esto es, aumentando dramáticamente las tasas de interés (lo que provocó una fuerte recesión a partir de 1980).

 

¿Qué tanto es tantito?

Estados Unidos llegó a tener una inflación que rozó el 15% anual (en 1980); México llegó a casi 180% (en 1988), en Brasil por largo tiempo inflaciones de tres o hasta cuatro dígitos eran lo habitual. Países como Bolivia, Perú y Argentina tuvieron hiperinflaciones en la década de 1980. ¿No es un poco exagerado buscar combatir una inflación de un dígito incluso con aumentos de tasas de interés que pueden llevar a una recesión? ¿Buscar abatir la inflación con la clásica herramienta monetarista cuando al menos una parte del problema es de oferta, como la relativa escasez de conductores y la guerra entre Rusia y Ucrania?

No, porque la inflación que estalló con tanta fuerza en apenas 2021 ya muestra graves consecuencias para la población:

  • Aumento, precisamente, de las tasas de interés, lo que encarece el crédito y desincentiva la inversión y el consumo (por ello hay menos compras y se reduce la inflación);
  • Caída de los salarios en términos reales. Los salarios no pueden seguir el ritmo inflacionario, porque ello la alimentaría más (vía costos);
  • El diferente aumento en el ritmo de diversos precios crea distorsiones en las señales para la producción y el consumo.
  • La inflación golpea con mayor fuerza a los que menos pueden protegerse de ella: a los más pobres.

Hay más efectos negativos (distorsiona el sistema impositivo, puede reducir los ingresos en términos reales, por ejemplo). El hecho es que hasta una inflación que ronda el 10% es claramente negativa. Las comparaciones con el pasado ayudan a dimensionarla, pero hay otra lección de ese pasado no tan lejano: no se debe permitir que se desboque pensando que no es para tanto.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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