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Economía, política, historia.

El tiempo de las burbujas financieras

20-06-2022 08:16

A diferencia de una empresa, Bitcoin no va a desaparecer, aunque el más reciente desplome en el precio puede ser el preludio de un ciclo en que se seguirá desinflando.

Los avances tecnológicos han provocado burbujas financieras en las últimas décadas (Imagen: Pexels)
Los avances tecnológicos han provocado burbujas financieras en las últimas décadas (Imagen: Pexels)

De la curiosidad se pasa a la ambición, y de esta a la euforia. Eventualmente la euforia se transforma en locura.

Muchos se imaginan invirtiendo poco, casi nada, cuando el activo vale centavos, y vendiendo en el pico, ganando miles. Porque los precios llevan una trayectoria de ascenso imparable. En tanto analistas, con profundos conocimientos, o simples pero muy entusiastas aficionados, aparecen en televisión o hacen populares tiktoks hablando del activo en cuestión. Millones se dejan llevar convencidos que la riqueza está a la vuelta de la esquina.

De la década de 1990 a la fecha

Una burbuja ocurre cuando un activo, o un conjunto de activos, experimenta aumentos constantes y de enorme magnitud en su precio durante un periodo de tiempo que generalmente es largo (lo habitual son varios años). Ese precio habitualmente llega a niveles estratosféricos que no pueden ser explicados de acuerdo con los parámetros tradicionales, desafiando toda lógica financiera.

Para esos precios fuera de toda proporción siempre hay explicaciones que suenan sólidas viniendo de esos numerosos y muy sesudos (al menos en apariencia) analistas. La raíz habitual de esos precios en la estratósfera es que ese activo se trata de algo “nuevo” y “diferente” que muchas otras personas (conservadoras, ancladas en el pasado) son incapaces de entender.

Pareciera que desde fines del siglo XX es la era de las burbujas financieras. Y así es al conjuntarse diversos factores:

* La derrota de la inflación en la década de 1980 (aunque el problema ahora está de regreso) trajo una fuerte caída en las tasas de interés a partir de los inicios de la década que siguió, caída que habría de continuar durante el siglo XXI, llegando incluso a lo impensable: niveles negativos. Eso desató la búsqueda alternativa de rendimientos, lo que se conoce popularmente en inglés como el “hunt for yield”, incluyendo activos con mucha mayor volatilidad (y riesgo, por supuesto).

* La creciente accesibilidad de alternativas financieras, permitiendo a la persona más inexperta y sin conocimiento alguno poder colocar su dinero en cualquier alternativa que ofrezca (en apariencia al menos) ganancias fabulosas. Es el terreno fértil para los fraudes y también para inflar los precios de ciertos activos por medio de una demanda que antes no existía. La tecnología permite la diversificación financiera, pero no necesariamente trae consigo educación o sofisticación financiera. Ahora se puede ahorrar en infinidad de alternativas desde una computadora o teléfono, de la misma manera en que se puede jugar en un casino desde la misma máquina.

* Esos rápidos avances tecnológicos además traen consigo un extraordinario y entendible entusiasmo. Muchas burbujas están asociadas, por ello, a la aparición de ciertas tecnologías.

La baja en las tasas de interés, combinada con una disponibilidad impresionante de crédito empujada por desregulaciones del sector financiero, trajeron impresionantes burbujas inmobiliarias en Estados Unidos y Europa en la década de 2000, mientras que avances tecnológicos provocaron burbujas en la década de 1990 (internet) y de 2010 a la fecha (criptomonedas). Sin duda por razones muy diferentes, pero durante los últimos 25 años realmente ha sido el tiempo de las burbujas financieras.

Casi dos siglos de burbujas tecnológicas

La primera burbuja asociada al surgimiento de una novedosa y extraordinaria tecnología fue la llamada “manía (burbuja) de los ferrocarriles” en el Reino Unido durante la década de 1840. Se convirtió en lo que es, hasta hoy, un clásico en el surgimiento y posterior evolución (y estallido) de burbujas tecnológicas:

1. El surgimiento de algo totalmente nuevo, revolucionario, que trastoca la vida cotidiana de las personas.

2. Un entusiasmo creciente por las empresas asociadas a la nueva tecnología a medida que esta va siendo más conocida y se populariza.

3. Demanda por acciones de esas empresas, o por otra clase de activos asociada a la tecnología.

4. Una explosión en el precio de las acciones u otros activos asociados.

5. Tras llegar a niveles estratosféricos, desplome de los precios y estallido de la burbuja.

La tecnología es real, el impacto en la vida cotidiana también lo es. Lo que es irreal es el entusiasmo desbordado y, como consecuencia, el precio asociado con la nueva tecnología. Y donde se lee “ferrocarriles” en la década de 1840 (transportando personas y mercancías a una velocidad extraordinaria), puede insertarse “radio” en la de 1920 (transmitiendo la voz a distancias considerables), “internet” en la correspondiente a 1990 (transmitiendo información a nivel planetario) o, por supuesto, “criptomonedas” en la de 2010 y hasta la fecha (una nueva forma de almacenar información, por medio de la tecnología “blockchain”).

Las burbujas no asociadas con tecnología también pueden ser muy importantes (accionarias o en vivienda, destacadamente) pero las tecnológicas siempre tendrán el potente elemento de la novedad. La imaginación que desataron en su momento el ferrocarril, la radio, internet o, por supuesto, bitcoin, no se compara con los precios, por disparados que estos sean, de una casa.

Bitcoin: la burbuja recurrente

Un elemento que diferencía a las criptomonedas de otras burbujas es el intangible activo asociado. Ferrocarriles, radio e internet eran representados ante el público inversionista por medio de empresas y sus acciones. Por ello, al estallido de la burbuja que seguía a la euforia, muchas veces un resultado era el desplome accionario (e incluso la desaparición de esas empresas).

Con las criptomonedas es diferente, destacadamente en el caso de Bitcoin, la pionera en el campo y la dominante en el mercado y la imaginación popular. Ha sido más de una década de subidas y bajadas, una burbuja que se infla y estalla, para después volverse a inflar. Lo dramáticamente diferente en este ocasión ha sido la implosión de otros activos similares que han afectado las expectativas y, sobre todo, la competencia de otras criptomonedas. Bitcoin abrió una brecha, y ahora hay transitando por ella muchos competidores.

A diferencia de una empresa, Bitcoin no va a desaparecer, aunque el más reciente desplome en el precio puede ser el preludio de un ciclo en que paulatinamente se seguirá desinflando. Lo que es imposible de imaginar hoy es un regreso a los precios registrados hasta fines de 2021. Será siempre, eso sí, un capítulo notable en la historia de las burbujas financieras.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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