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Economía, política, historia.

El bono que presagia un desastre

11-10-2020 20:33

La rueda de la deuda de Pemex muestra una situación desesperada, con cada giro siendo más caro que el anterior.

Pemex ofrece con el bono que emitió la semana pasada un rendimiento 23 veces superior al del gobierno estadounidense.
Pemex ofrece con el bono que emitió la semana pasada un rendimiento 23 veces superior al del gobierno estadounidense.

No es una emisión de un bono más, es un bono colocado por una empresa quebrada y que se sigue hundiendo en el engaño de que podrá recuperarse, con su dueño y valedor siguiendo una estrategia financieramente suicida. Petróleos Mexicanos se mantiene en los mercados internacionales de capital solo gracias a un hecho: el aval implícito del Gobierno Federal.

Fue el primer bono desde que la petrolera perdió en abril pasado el grado de inversión y se convirtió en el “ángel caído” más grande de la historia, esto es, una empresa que pasó de ser catalogada con dicho grado a ser clasificada como especulativa o “basura” (junk en inglés).

Hay numerosos fondos de inversión que por sus reglas simplemente tienen prohibido tener en sus carteras papel catalogado como basura. No es que no existan inversionistas interesados en lo que puede ofrecer Pemex, pero por definición buscan mayores riesgos puesto que pueden traer mayores ganancias (o pérdidas, por supuesto).

 

Deuda cara en un ambiente barato

Esto fue evidente con el bono recién emitido. Porque el aval federal mantiene la puerta abierta, pero no puede obviarse el mayor riesgo percibido por los mercados (o las agencias calificadoras, lo que finalmente es parte de lo mismo).

Aparte de que los inversionistas que saben de riesgos aprovechan la inusual oportunidad: una entidad estatal con un potente aval implícito que ofrece un instrumento de deuda con un rendimiento muy elevado mientras que algunos países ofrecen bonos con tasas de interés apenas arriba de cero.

En un ambiente de tasas extraordinariamente bajas, 6.875% es el sueño de todo fondo de inversión. Que la paraestatal haya recibido ofertas hasta por 10 mil millones de dólares no es para sorprender, y es dudoso que sea algo para presumir. En total se emitieron 1,500 millones de dólares a un plazo de cinco años.

Comparativos presentados por el financiero Luis Gonzali en Twitter (@LuisGonzali) mostraron el abismo entre lo que ahora debe ofrecer Pemex y las alternativas con un riesgo mucho menor. Destacadamente, la diferencia entre el bono del Tesoro estadounidense a cinco años y el de la petrolera supera los 6.5 puntos porcentuales, la diferencia más elevada registrada en casi 30 años. O, quizá más ilustrativo, Pemex ofrece con ese bono un rendimiento 23 veces superior al gobierno estadounidense.

 

 

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Manteniendo la ficción

¿El objetivo de la deuda? Usar esos recursos para pagar deuda que llega a su vencimiento. El refinanciar es algo habitual entre países y sus entidades, el problema es cuando lo hacen emitiendo más caro. La rueda de la deuda de Pemex muestra una situación desesperada, con cada giro siendo más caro que el anterior. Esa rueda muy probablemente se romperá antes de que termine el actual sexenio, aunque puede ser mucho antes, esto es, 2021.

Estrictamente hablando lo mejor sería que el Gobierno Federal emitiera deuda y entregara el dinero íntegro a Pemex. En abril pasado, por ejemplo, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público emitió una serie de bonos. El de cinco años ofreció una tasa de interés de 3.900%. Tampoco pequeña considerando lo que ocurre a nivel mundial, pero al menos cerca de la mitad de lo ofrecido por la petrolera.

Pero se trata de mantener una ficción: una que sigue la narrativa de que la empresa encontrará el camino a una producción mucho mayor al tiempo que aumenta la refinación para obtener más gasolina y obtiene ganancias que incluso permitirán a su dueño el financiar un mayor gasto social. Esto es, ser la soñada “palanca de desarrollo”. Por ende, se basta por sí misma para colocar su deuda.

La realidad hace mucho que alcanzó a Pemex. Dado su nivel de activos y pasivos, incluso puede argumentarse que quebró desde 2014. La ilusión se mantuvo gracias a la radical apertura y liberalización del sector petróleo realizada por la administración Peña.

Con socios privados, Pemex ofrecía la posibilidad de ser viable financieramente. En los hechos, esas asociaciones se anularon desde diciembre 2018, así como la bienvenida a empresas privadas a buscar y extraer petróleo mexicano.

 

Golpes de la realidad

La ficción ha podido mantenerse gracias a las inyecciones de capital del Gobierno Federal. Estas seguirán representando los inevitables golpes de la realidad. Es imposible saber cuánto dinero que hoy la administración araña por doquier, el caso más reciente es el de los Fideicomisos, terminará en ese agujero negro fiscal que es Pemex.

La deuda será un buen termómetro del ánimo de los mercados, como de hecho ha ocurrido con el bono más reciente. Eventualmente llegará a un nivel que será demasiado oneroso emitir, o bien los inversionistas rechazarán hasta los rendimientos más jugosos y no podrá colocarse. Probablemente será lo primero lo que llevará a lo urgente: un costoso rescate masivo.

El problema de fondo es que Pemex será, literalmente, un barril del fondo hasta que se modifique la estrategia suicida que hoy se mantiene. Y es improbable que ello ocurra antes de 2025. El golpe de realidad llegará mucho antes, y será devastador para la economía mexicana.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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