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Economía, política, historia.

Autonomía del banco central y el coche que se calienta

27-06-2022 17:21

El problema real de la analogía de López Obrador es su aparente creencia que hay alguna alternativa a la necesaria medicina monetaria.

El presidente López Obrador en su conferencia de prensa el viernes 24 de junio (Foto: lopezobrador.org.mx)
El presidente López Obrador en su conferencia de prensa el viernes 24 de junio (Foto: lopezobrador.org.mx)

El presidente López Obrador manifestó hace pocos días su frustración con la inflación y su combate por medio de la política monetaria.

Ocurre con muchos políticos, quienes naturalmente quieren baja inflación y tasas de interés moderadas. Lo que ocurre es que para lograr lo primero en ciertas ocasiones hace falta (temporalmente) un nivel de tasas de interés elevado.

La conclusión a la que han llegado muchos países a lo largo del tiempo es que la política monetaria es mejor dejarla en manos de expertos en el banco central, si bien nombrados y aprobados por los propios políticos (que son los que tienen el mandato ganado en las urnas cuando se trata de una democracia). Esto es, los gobernantes electos (e incluso aquellos no electos) “delegan” su autoridad en materia monetaria. Por ejemplo, en el caso de México, el Presidente propone, y el Senado aprueba, a quienes formarán parte de la Junta de Gobierno del Banco de México.

Estados Unidos y Alemania

Por ello la proliferación de la concesión de autonomía a bancos centrales. No es algo nuevo, puesto que de hecho la Reserva Federal de los Estados Unidos es establecida con plena autonomía a finales de 1913. Se le asignan metas u objetivos, pero se le otorga autonomía para lograrlos. Estos objetivos son, curiosamente, tres (esto es, lo que se conoce como un mandato múltiple):

* El mayor nivel de empleo posible;

* Baja inflación, y

* Tasas de interés moderadas.

Erróneamente se habla de un mandato dual, baja inflación y bajo desempleo, considerando que las tasas de interés bajas están implícitas en el mandato de la baja iflación (lo que es correcto, pero el mandato legal estrictamente hablando es triple).

También el banco central de Alemania, el Banco Federal (Bundesbank), es autónomo desde su fundación en 1948, esto es, posterior a la Segunda Guerra Mundial. La baja inflación es su mandato prioritario por la brutal hiperinflación que sufrieron los alemanes en los inicios de la década de 1920… y que en parte explica el surgimiento del nazismo una década más tarde.

Sobre todo, en la década de 1970, en el auge de la era que llegó a conocerse como la “Gran Inflación” (1965-1982), fue notorio que la inflación en Estados Unidos y Alemania era, sí, más elevada, pero notablemente inferior a la de muchos otros países avanzados como Gran Bretaña, Francia o Japón. Por supuesto, ni hablar de naciones como México o Argentina. Y esa baja inflación, junto con notables aumentos en productividad, explica el auge y potencia del dólar estadounidense y el marco alemán (el antecesor directo del euro).

Explosión demográfica de la autonomía

Ese éxito se adjudicó, correctamente, en buena parte a la banca central autónoma. Para evitar que los políticos ordenaran a los banqueros centrales bajar las tasas de interés o rehusaran aumentarlas, lo que alimenta la inflación al cabo del tiempo, los poderes legislativos (Congreso o Parlamento) concedieron la autonomía en la determinación de las tasas de interés, el principal instrumento de la política monetaria.

La política fiscal se quedó en manos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Ministerio de Economía, Departamento del Tesoro u otras denominaciones. Esto es, un ministerio controlado por el Poder Ejecutivo, si bien se supone que también debe ser manejado con criterios estrictamente técnicos.

A partir de la década de 1980, fue una explosión demográfica de autonomía para los bancos centrales. El Banco de México, por ejemplo, en 1994. Uno peculiarmente tardío entre los países avanzados fue el Banco de Inglaterra, que había sido fundado en 1694 (fue el segundo en el mundo, tras el Banco de Suecia en 1668) y logró la autonomía hasta 1997. Varios líderes políticos británicos, destacadamente Margaret Thatcher (Primera Ministro de 1979 a 1990), rechazaron otorgarle esa independencia, precisamente porque querían seguir manejando las tasas de interés.

Por otra parte, autonomía no significa que el Gobernador del banco central no se habla o reúna con el Presidente o el Secretario de Hacienda. Tampoco significa que el banco central está “afuera” del gobierno o de alguna forma aparte de este. La independencia es operando ciertas políticas, pero como parte del gobierno. La Reserva Federal se presenta a sí misma extremadamente bien: no es independiente del gobierno, es independiente dentro del mismo:

Como el banco central de la nación, la Reserva Federal deriva su autoridad del Congreso de los Estados Unidos. Es considerado como un banco central independiente porque sus decisiones de política monetaria no requieren la aprobación del Presidente o de nadie más en las ramas Ejecutiva o Legislativa del gobierno, porque no recibe financiamiento asignado por el Congreso y porque los períodos de los miembros de la Junta de Gobernadores traslapan múltiples periodos presidenciales y de miembros del Congreso.

Sin embargo, la Reserva Federal es sujeto del monitoreo del Congreso, que con frecuencia revisa sus actividades y puede alterar sus responsabilidades por medio de cambios legislativos. Por ello, la Reserva Federal podría ser descrita con más precisión como “independiente dentro del gobierno” en lugar de “independiente del gobierno”.

El coche que se calienta

La reciente analogía que hizo Andrés Manuel López Obrador sobre una economía con inflación, que es como un coche que se calentó en exceso, no deja de tener elementos de verdad. El problema real es su aparente creencia que hay alguna alternativa a la necesaria medicina monetaria. Según dijo textualmente en reciente mañanera:

… suben las tasas. Yo respeto la autonomía del Banco de México, pero como que ya deberían de pensar los técnicos en otra fórmula. Porque no sólo son los técnicos del Banco de México, son los del Tesoro, son todos los bancos centrales del mundo. Cuando hay inflación la fórmula es: aumenta las tasas de interés, en todos lados.

¿Qué significa eso?

Para la economía y así ya no va (a) haber inflación.

El otro día hablaba yo de que es como cuando se tiene un carro que se calienta; camina, pero se calienta. Pues eso es la inflación, el que el carro se calienta. Entonces, para que el carro no se caliente, se apaga y ya no camina, ya no hay crecimiento. Esa es la gran invención, por eso hablo de que son técnicos que se creen científicos.

Entonces, hay que buscar otras opciones y hay que regresar a la idea original de que los pueblos progresan fundamentalmente con producción, que eso es lo básico, producir, no apostar todo al mundo financiero, a la especulación; se requiere impulsar la actividad productiva en todo el mundo.

Pero, bueno, nosotros somos respetuosos de la autonomía del Banco de México.

 

Lo que plantea el Presidente no es algo novedoso, sino una obviedad que no amerita (entre economistas) ningún debate: para reducir la inflación sería mejor aumentar la oferta, no reducir la demanda. Al parecer creyó que está enunciando una idea nunca pensada previamente.

El problema es que aumentar la producción en los sectores necesarios y en la cantidad adecuada toma un tiempo considerable… un tiempo que no se tiene disponible. Esto aparte de que no es nada sencillo aumentar el crecimiento de una economía, y uno de los mejores (o peores) ejemplos de ello es el gobierno de López Obrador.

La falla con la analogía es que el coche no se “apaga” en forma permanente, como implica el tabasqueño, sino que se enfría temporalmente, para después (ya reducida la inflación) arrancar de nuevo.

López Obrador no ofreció ninguna alternativa viable, como de hecho nadie la tiene. El único consuelo en un Presidente que se siente tan brillante y le gusta intervenir activamente en muchos ámbitos, es que afirmó que respeta la autonomía del Banco de México.

ACERCA DEL AUTOR
Sergio Negrete
Doctor en Economía por la Universidad de Essex, Reino Unido. Licenciado en Economía por el ITAM. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM. Profesor-Investigador en el ITESO. Fue funcionario en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Gobierno de México.
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