Pan, Circo y Pecunia
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La supernova de deuda global. ¿Traerá otra calamidad?

22-09-2015 15:37

Una estrella supernova, nos dicen los astrofísicos, es un fenómeno celeste masivo tan deslumbrante, tan colosal, tan luminoso que se puede ver a simple vista desde la Tierra. Pues bien, si hay un fenómeno en la bóveda celeste de la macroeconomía cuyo tamaño se ha expandido hasta alcanzar una masa desorbitante y cuyos intensos destellos luminosos ya casi nos ciegan es el de la deuda global. Así lo ha dicho el ex-director de la Oficina de Administración y Presupuesto de Estados Unidos en la era de Ronald Reagan, David Stockman.

Una estrella supernova, nos dicen los astrofísicos, es un fenómeno celeste masivo tan deslumbrante, tan colosal, tan luminoso que se puede ver a simple vista desde la Tierra. Pues bien, si hay un fenómeno en la bóveda celeste de la macroeconomía cuyo tamaño se ha expandido hasta alcanzar una masa desorbitante y cuyos intensos destellos luminosos ya casi nos ciegan es el de la deuda global. Así lo ha dicho el ex-director de la Oficina de Administración y Presupuesto de Estados Unidos en la era de Ronald Reagan, David Stockman.

 

No es una voz aislada. Otros reputados economistas como Ray Dalio, el historiador de la deuda pública, Kenneth Rogoff, el ex-director de la mayor gestora de fondos de deuda del mundo, Bill Gross, y el ex-presidente de la Fed, Alan Greenspan, también han revelado que al levantar la vista se han visto deslumbrados por los monumentales niveles de deuda alcanzados por la economía mundial, tanto por los países avanzados como emergentes.

 

Pero además, esas advertencias parecen no ser visiones o alucinaciones. El Banco de Pagos Internacional (BIS por sus siglas en inglés), el banco central de los bancos centrales, una de las instituciones más prestigiosas por sus rigurosos análisis, ha conformado una gigantesca base de datos en la que agrega el endeudamiento de las economías tanto del sector privado no financiero como del sector de gobierno. Esa poderosa herramienta de estadística y análisis la ha construido por la inexcusable necesidad de monitorear la evolución y los niveles de deuda de las principales economías luego de la Gran Recesión de 2007-2009, cuyo detonante fue en buena medida el explosivo crecimiento de la deuda como resultado de una etapa demasiado larga de bajas tasas de interés aunado a los procesos de innovación y desregulación del sector financiero y un debilitamiento de la función evaluadora de riesgos que tradicionalmente han desempeñado las instituciones financieras a la hora de otorgar créditos.

 

La tendencia, por tanto, antes del estallido de la crisis fue el de un crecimiento vertiginoso de la deuda de los países avanzados, sobre todo de las familias (en buena parte ligado al boom de las hipotecas asociada a la burbuja inmobiliaria) y de las corporaciones no financieras que no se pudo sostener conforme la Fed elevaba las tasas de interés y encarecía el costo del servicio de la deuda, lo que derivó al final en la Gran Recesión.

 

Lo malo es que, observando los datos del BIS, los excesos de deuda generados en aquellos años, en vez de corregirse, se han acentuado. La deuda total en los países avanzados, agregando al sector privado no financiero (familias y corporaciones) y gobierno fue a finales de 2014 de 265% del PIB, lo que supone un incremento del 36 puntos porcentuales (pp) respecto al final de 2007. En el caso de los países emergentes, la tendencia ha sido más exagerada: el aumento ha sido de 50 pp para situarse el endeudamiento a finales del año pasado en un 167% del PIB, liderados por el comportamiento de la deuda privada china. 

 

Ahora bien, si bien el ascenso de los niveles de deuda es evidente, la composición ha cambiado. Y aquí hay que diferenciar de nuevo a los países avanzados y emergentes. En los países avanzados, tras la crisis, se produjo un rápido deterioro de los déficits fiscales (mayores pagos de subsidios de desempleo y caída en la recaudación tributaria) que condujo a un sustancial crecimiento de la deuda pública. Así, desde finales de 2007, los pasivos del gobierno se han elevado en 41 pp para ubicarse en un delicado nivel de 110% del PIB. Japón descuella con una deuda pública de más del 220% del PIB. Le siguen Italia (151%) y tres países que rondan el 110% del PIB: España, Francia y Reino Unido. La deuda pública de Estados Unidos ronda el 92% del PIB.

 

El sector privado, sobre todo las familias, han logrado sanear un poco sus cuentas, pero insuficiente para compensar el deterioro de las finanzas públicas. La deuda de las familias apenas ha retrocedido en 7 pp para situarse en un 73% del PIB, en tanto el de las corporaciones se ha mantenido prácticamente sin cambios en torno al 80% del PIB. Pero es cuando sumamos la deuda pública con la privada cuando la “supernova de deuda” luce explosiva. El total de las economías avanzadas, como decimos, se trepa a un 265% del PIB. En el caso de Japón, su deuda total fue de 393% al final de 2014 y le siguen Suecia (295%), España (290%), Francia (288%) e Italia (272%). Un verdadero disparate.

 

En el caso de los países emergentes, la evolución ha sido la contraria: el sector público ha logrado contener la deuda, pero se ha acrecentado la del sector privado. Así, la deuda pública permanece en niveles sostenibles, de 44% del PIB, lo que sólo supone un incremento de 4 pp respecto a finales de 2007. Tampoco es preocupante la deuda familiar, que se mantiene en un nivel tolerable del 30% del PIB, pese a que representa un aumento de 10 pp respecto al 2007. Sin embargo, la deuda corporativa no financiera se ha disparado en 35 pp y alcanza ya un nivel de 94% del PIB. Su deuda total, como decíamos, asciende a 167% del PIB.

 

Entre los emergentes, China es el gran responsable de este comportamiento. Su deuda se ha disparado en 82 pp y ya representa un 235% del PIB. La deuda corporativa china es la más inquietante: desde el 2007 se ha incrementado en 58 pp hasta un 157% del PIB.

 

La dinámica de México, sin embargo, ha sido la contraria a la observada en los emergentes. La deuda de las familias se ha mantenido estable, con un nivel de apenas de 15% del PIB, y el de las corporaciones se ha incrementado en sólo 7 pp para ubicarse en un 22% del PIB. Sin embargo, la deuda pública se ha incrementado en 13 pp y alcanza ya un 33% del PIB. Dicho esto, dentro de la supernova de deuda, México pasa desapercibido. Su deuda de gobierno es baja y financiable, y si le sumamos la deuda privada, apenas es del 70% del PIB, la segunda más baja de la lista del BIS por detrás de Indonesia (64%).

 

Sin embargo, la creciente deuda global hace al mundo muy vulnerable ante la posibilidad de una subida de tasas en Estados Unidos que detone un encarecimiento de los pagos de intereses en un contexto de bajo crecimiento global, caída de los ingresos en los países emergentes debido al desplome de los precios de las materias primas y depreciación generalizada de las divisas, lo que encarece la carga de la deuda externa. Ahí están, en consecuencia, las rebajas en la calificación de la deuda de Brasil o, el viernes pasado, de Francia. 

 

La anterior crisis nos dejó claro la fuerte interdependencia y relación de la deuda pública y privada y su impacto sobre el crecimiento económico y la estabilidad financiera. Por eso, la Fed tuvo en cuenta la tensión en las condiciones financieras de los mercados a la hora de decidir mantener las tasas sin cambios. Un aumento de tasas en un contexto de elevados niveles de deuda junto con el aumento de los diferenciales de crédito y los excesivos niveles de apalancamiento puede presionar a los instrumentos de cobertura, propiciar llamadas de margen y detonar ventas rápidas y contagiosas que se propaguen por todo el sistema para satisfacer las necesidades de liquidez de corto plazo. Hay mucha deuda, y mucha de ella se puede tornar insostenible en un escenario de mayores tasas de interés, lo que lo convierte en un riesgo sistémico. Y cuidado, porque los estallidos de las supernovas terminan convirtiéndose en agujeros negros.

 

INFOGRAFÍA

La política expansiva de la Fed tras la crisis del Nasdaq provocó un gran boom de deuda que derivó en la Gran Recesión. Tras el estallido de la crisis, y para ayudar a la recuperación estadounidense y evitar una crisis peor, recurrió a una política más agresiva que, junto con la propia crisis, no sólo no ayudó a corregir los excesos de deuda, sino que los ha exacerbado…

Fuente: Fed

.. en el caso de los países avanzados, la deuda total (familias, corporativa y pública) representa un 265% del PIB, comparado un 229% del PIB en el 2007. El aumento de la deuda se debió al deterioro de las finanzas públicas: la deuda de gobierno se elevó en 41 pp a 110% del PIB. En contraste, hubo un ligero saneamiento de la deuda familiar, pero insuficiente para compensar el deterioro de la deuda pública…

 

Fuente: Banco de Pagos Internacionales (BIS)

 

.. en el caso de los países emergentes, la tendencia fue aún más acentuada debido al endeudamiento chino. En los países emergentes, la deuda total se incrementó en 50 pp hasta elevarse a 167% del PIB. En este caso, la deuda pública se mantuvo contenida, pero se aceleró el endeudamiento corporativo y en menor medida de las familias. México fue una excepción a esa tendencia de los emergentes. Aun así, su nivel de deuda es de los más bajos del mundo en términos del PIB. Los elevados niveles de deuda pública vuelve a poner al mundo muy vulnerable a una crisis global muy grave.

 

Fuente: Banco de Pagos Internacionales

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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