Pan, Circo y Pecunia
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El porqué del envilecimiento del peso

11-12-2014 10:19

La constitución del peso mexicano, hasta ahora de una salud envidiable, se empieza a resquebrajar. Hasta hace poco, su fortaleza residía en dos componentes. En primer lugar, unas tasas de interés globales excepcionalmente bajas, y en segundo lugar, gran parte de la fuerza vital del peso mexicano reside en el petróleo.

La constitución del peso mexicano, hasta ahora de una salud envidiable, se empieza a resquebrajar. Hasta hace poco, su fortaleza residía en dos componentes. En primer lugar, unas tasas de interés globales excepcionalmente bajas, sobre todo en Estados Unidos. Los inversionistas, frustrados por las bajas tasas que ofrecían los activos de renta fija de las economías desarrolladas, buscaron rendimientos más atractivos en los mercados emergentes. Y México se convirtió, dada su solidez macroeconómica, en uno de los destinos preferidos. En consecuencia, durante estos últimos años, los inversionistas foráneos han cambiado su moneda por pesos para poder adquirir deuda mexicana y obtener mayores ganancias.  En segundo lugar, gran parte de la fuerza vital del peso mexicano reside en el petróleo. El metal con el que está acuñada la divisa mexicana es el “oro negro”. Si el valor del crudo sube, el peso mexicano resplandece y brilla más. Pero si el“oro negro” cae, la moneda mexicana se envilece, pierde valor.

 Moldeada con esos dos cuños, el de las bajas tasas internacionales y el del encarecimiento del precio del crudo, el peso gozó de una larga etapa de estabilidad y fortaleza. Superada la “Gran Recesión”, donde a la profunda recesión de la economía mexicana y la aversión al riesgo global se sumó el derrumbe de las cotizaciones del petróleo (la mezcla pasó de negociarse a 132 dólares en julio de 2008 a menos de 30 dólares en diciembre de ese mismo año), el peso entró en una senda de recuperación alentado por esas dos improntas: el rápido descenso de las tasas de los países desarrollados a niveles cercanos a 0% y un renovado y virulento rally del petróleo. De este modo, la divisa mexicana se apreció de niveles cercanos a los 15.5 pesos por dólar en marzo de 2009 a cotizaciones en torno a los 11.5 pesos por dólar a mediados de 2011.

A partir de esas fechas, el peso atravesó etapas de volatilidad, asociadas sobre todo a la crisis de deuda soberana en Europa y los riesgos de “impago” que se cernía sobre algunas economías como Grecia, Irlanda y Portugal y, posteriormente, la propia España e Italia.  Sin embargo, Banxico logró domar esos episodios de inestabilidad ofreciendo diariamente subasta de dólares en caso de que la depreciación del peso fuera muy brusca de un día a otro.

Pero una vez que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, aplacó los temores sobre la deuda europea, los dos grandes pilares del peso, esto es, las bajas tasas de interés y el elevado precio del crudo,  volvieron a prevalecer y la moneda mexicana recuperó músculo. Esa tendencia se vio acrecentada por la victoria del PRI, el “Pacto por México” y las expectativas de crecimiento e inversión que generaron. El rally del peso en esa etapa lo llevó desde niveles de 14.3 pesos por dólar en mayo de 2012 a una cotización inferior a 12.0 pesos por dólar un año después.

Fue justamente en mayo de 2013 cuando uno de los pilares del peso empezó a debilitarse: el de la política monetaria estadounidense. En una comparecencia en el Congreso, el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Ben Bernanke, afirmó que pronto podrían empezar a reducir el programa de compra de activos (lo que en inglés se conoce como “tapering”). El peso, justo con el resto de monedas emergentes, entró en una larga etapa de volatilidad que duró hasta principios de este año, cuando de nuevo logró estabilizarse en torno a los 13.0 pesos por dólar, en promedio. Sin embargo, las tensiones se volvieron a acentuar en el pasado mes de septiembre, conforme la Fed finiquitaba el programa de compra de activos y la recuperación estadounidense mostraba una recuperación más vigorosa de lo previsto, materializada tanto en el rápido crecimiento del PIB como en la creación de empleo. La última puntilla al peso se la dio el dato de empleo de Estados Unidos para noviembre, que comentamos en la anterior edición de “Economía a Detalle”. Las cifras, poderosas, espectaculares, redoblan la presión sobre la Fed para que empiece a subir tasas. Tanto es así que los mercados especulan que en la próxima reunión de política monetaria, que acontecerá el martes y miércoles de la semana que viene, la Fed retire del comunicado dos términos clave: el “tiempo considerable” que la Fed espera que las tasas de interés permanezcan en su actual nivel de entre 0-0.25%. Con esos dos vocablos, la Fed daba a entender que no tenía intención de subir tasas por un buen tiempo. Quitarlos puede significar que el primer incremento de tasas puede estar más cerca de lo que los mercados anticipaban. De ser así, el peso podría volver a sufrir nuevos descalabros.

Esa posibilidad la ha venido adelantando el propio mercado: por ejemplo, la tasa de la letra del Tesoro a 1 año ha brincado de un nivel de 0.12% antes del dato de empleo del viernes a un cierre de 0.22% al cierre de ayer. El hecho de que podamos estar a las puertas de un nuevo ciclo de alza de tasas cuartea, como decimos, uno de los contrafuertes del peso: los capitales foráneos, que han entrado de manera masiva en el pasado, podrían escaparse ante el mayor atractivo de las tasas de Estados Unidos y el deterioro de los fundamentales mexicanos.

En efecto, lo malo es que esto sucede justo cuando el otro puntal del peso, el petróleo, se ha derrumbado de la noche a la mañana. Y con pocos visos de que vaya a producirse una recuperación rápida de las cotizaciones, al contrario de lo que sucedió en el 2009. Esa tendencia mina los fundamentales de México en varios sentidos: uno, la menor entrada de dólares por la venta de petróleo implica un deterioro de la cuenta corriente. Eso ya lo ha adelantado el propio Banxico. En el último informe trimestral de inflación previó que el déficit corriente para el 2015 represente un 2.5% del PIB, en vez de una estimación original de 2.0%. Dos, puede torpedear las previsiones iniciales de masivas entradas en inversión extranjera directa para los próximos años con el que financiar el déficit corriente. Gran parte de esos flujos provendrían de la reforma energética, pero la rentabilidad de los pozos destinados a los inversionistas foráneos se puede ver amenazada con un precio del barril tan bajo, por lo que habría pocos incentivos para invertir en ellos. Y tres, las finanzas públicas, al menos en lo que se refiere a las cuentas federales, están cubiertas para este año (no así las transferencias a los estados a través de las participaciones federales). Pero se podrían ver comprometidas para el 2016 en caso de que no se produzca un rebote del precio del barril: en ese caso, el gobierno federal tendrá que recurrir a un severo recorte del gasto público o aceptar un mayor desequilibrio en su balance fiscal.

Es verdad que la depreciación de la moneda mexicana puede contrarrestar, en parte, la caída de los ingresos petroleros en pesos. Y que también su debilidad puede impulsar más a un sector exportador que, gracias al crecimiento estadounidense, luce pletórico. Pero asimismo puede derivar en indeseables presiones inflacionarias que, para controlarlas, podría desembocar en una subida de tasas en un contexto de debilidad en el consumo y la inversión doméstica.

Por tanto, y al contrario que en los últimos años, las perspectivas para el peso se han desmoronado. Ayer la moneda mexicana terminó en los 14.53 pesos, lo que supone su nivel más débil desde marzo de 2009. No sólo la divisa ha rebasado los topes observados en otros episodios de volatilidad, sino que con peores fundamentales, será más difícil revertirlo. Banxico ya recurrió a su receta tradicional: la venta de dólares en caso de abrupta depreciación diaria.  Lo siguiente, salvo que la Fed se eche para atrás ante los estragos que una subida de tasas provocaría en la economía global, sería seguir los pasos de la Fed y apretar la política monetaria.

INFOGRAFÍA

Dos cuños han moldeado la fortaleza del peso desde la “Gran Recesión”: el bajo nivel de las tasas de interés global, sobre todo de Estados Unidos, y los altos precios del petróleo…

Fuente: Bloomberg y llamadinero.com

 

… sin embargo, esos dos componentes se han resquebrajado en los últimos meses. La fortaleza de la economía de Estados Unidos hace pensar que la Fed puede estar más cerca de una subida de tasas. Quizás en la reunión de la semana que viene mande alguna señal. La tasa de 1 año de Estados Unidos, en consecuencia, ha repuntado con fuerza…

Fuente: Bloomberg

 

.. el otro pilar del peso, el precio de la mezcla mexicana, se ha derrumbado un 45% desde mediados de junio, cuando tocó el máximo de este año…

Fuente: Bloomberg

 

… el debilitamiento de esos dos pilares hace pensar que la rápida y reciente depreciación del peso será más difícil de revertir que en el pasado. Banxico acaba de anunciar un programa de venta de dólares gracias a las masivas reservas internacionales que posee en sus cofres. Pero en caso de que la Fed realmente se muestre dispuesta a subir las tasas de interés, Banxico tendrá que hacer lo mismo.

Fuente: Bloomberg 

ACERCA DEL AUTOR
José Miguel Moreno
Economista por la Universidad Autónoma de Madrid. Trabajó en la consultoría estadounidense Stone & McCarthy Resarch en Londres, Nueva York y México DF, realizando análisis para las economías de Europa y América Latina. En México fue director editorial de Infosel, así como consejero, columnista y jefe de análisis económico de El Semanario de Negocios y Economía . Además de conferencista, ha colaborado con T1msn, Invertia, Radio Intereconomía, O Estado de Sao Paulo y The Miami Herald, entre otros medios. Actualmente dirige “Llamadinero.com”, es asesor, colaborador de la revista Forbes México y profesor titular en la Facultad de Economía de la UNAM.
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