Ethos Laboratorio de Políticas Públicas
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La clave para el desarrollo es el “know how”

14-01-2015 11:32

La iniciativa de Ley para Impulsar el Incremento Sostenido de la Productividad y la Competitividad de la Economía Nacional enviada por el ejecutivo a la Cámara de Diputados, señala que la productividad de la economía aumentará si la eficiencia al interior de las empresas se eleva ya sea gracias a la innovación que les permite expandir su capacidad de producir más con los mismos insumos, o bien porque los trabajadores que en ellas laboran se encuentran mejor capacitados. Se trata de un problema relacionado al conocimiento económicamente útil para la producción, en dónde el conocimiento tácito o Know How es un elemento fundamental.

Por: Ernesto Urbina y José Carlos Sierra

Retomando a Michael Polanyi, quien con su frase “conocemos más de lo que podemos decir”, define el conocimiento tácito como los hábitos y prácticas que difícilmente podemos explicar. Así mismo, Ikujiro Nonaka y Hirotaka Takeuchi, investigadores reconocidos en la teoría organizacional, lo explican como aquel conocimiento informal difícil de expresar de manera sistematizada, por lo que resulta difícil de compartir a través de los medios tradicionales.  

Ricardo Hausmann, Profesor de la Universidad de Harvard, lidera el desarrollo de un instrumento de análisis económico denominado “Atlas de la Complejidad Económica” el cual explica el desempeño de las economías nacionales a partir de la diversidad de Know How que le permiten producir una mayor variedad de bienes cada vez más complejos.

Hausmann resalta que una economía puede alcanzar mejores niveles de desarrollo a través de la acumulación de capacidades de su fuerza laboral con una  mayor diversidad de conocimiento útil para la producción, pero más importante aún es que esta acumulación de conocimientos se encuentre organizada de manera estratégica (en empresas, grupos de empresas y regiones) para la producción de más bienes caracterizados por un mayor valor agregado.

Actualmente México ocupa el puesto 20 en el Índice de Complejidad Económica, sin embargo, el instrumento resalta la importancia de que los gobiernos fomenten la movilidad de ese Know How a escala nacional y regional… “resulta más rápido y barato mover un cerebro que crearlo”. Si bien esta frase puede generar un debate sobre la pertinencia y los mecanismos para la formación de capital humano, no se debe subestimar lo importante que podría resultar esta receta para el fomento económico de corto y mediano plazo.

La “migración acotada”, entendida como la movilidad de segmentos de Know How específicos, es un tema presente dentro de las políticas públicas de muchos países. Por ejemplo, están los casos de Canadá y de Australia, que se caracterizan por atraer profesionistas altamente calificados de forma regular mediante programas específicos que premian la sofisticación de la mano de obra.

Tanto el programa de migración australiano “SkillSelect” como el programa canadiense “Federal Skilled Worker Program”, se componen de una serie de criterios que le permiten a la oficina de inmigración evaluar caso por caso la conveniencia de los aspirantes a la residencia. El proceso de evaluación de ambos programas se compone en su mayoría de criterios económicos relacionados a la edad, educación y experiencia profesional del aspirante, priorizando aquellas formaciones relevantes para su economía.

El caso de Singapur resulta aún más ilustrativo. A partir de 1997, el gobierno de ese país desarrolló un sistema de política de migración que distingue entre “trabajadores foráneos” y “talentos foráneos”. Esta distinción, tuvo el objetivo de ofrecer incentivos para la atracción de trabajadores altamente capacitados en sectores claves para su economía (petroquímica, tecnologías de la información, etc.) y proveerles condiciones de vida atractivas para su permanencia en ese país.

A diferencia de los casos de Canadá y de Australia, el programa de Singapur incluye la posibilidad de acoger a trabajadores poco calificados pero que aporten a la dinámica de su economía fundamentado en complementar la mano de obra cada vez mejor calificada que ya existe en ese país.

En México, el reto adquiere diversas dimensiones. Por un lado, ocupamos el lugar 58 (de 122 posiciones) en el Índice de Capital Humano del Foro Económico Mundial y el cual evalúa las capacidades y habilidades que una población tiene para convertirlas en fuerza productiva. Por otro lado, en 2012 México se colocó como el séptimo lugar dentro de los países de la OCDE en relación a la “fuga de cerebros”, lo cual implica un costo, de acuerdo a cálculos realizados por la SEP, mayor a los 900 millones de pesos al año.

Además, si bien en el largo plazo estas carencias deberían enfrentarse con una buena reforma educativa con impecable implementación, esto no está sucediendo. Esperemos que se resuelvan los problemas de su implementación para que en unos años nuestras mejoras en capital humano sean concretas.

Y, en este sentido, en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas, a través de nuestras investigaciones en desarrollo productivo, innovación y asociaciones público privadas, encontramos que son fundamentales para el crecimiento del país la movilidad de capital humano especializado y el desarrollo de un marco político e institucional para su fomento a nivel nacional y regional.

Además, el momento para tomar acción es preciso: el Center for International Development se encuentra desarrollando el Atlas de Complejidad Económica para México y sus regiones, lo cual dotará de mayores elementos para indagar y propiciar la participación pública en determinar cómo promover la migración a nivel local, dependiendo de las capacidades productivas diversas de cada región.

Por todo esto, resulta pertinente plantearnos cómo en este momento podemos mejorar la distribución de nuestras habilidades y conocimientos productivos, y qué acciones debemos tomar para atraer y localizar el Know How de manera estratégica a nivel de sectores y regiones. Sin duda, se trata de un tema débilmente abordado en la agenda pública y que implica la intervención de diversos organismos públicos, para poder lograr cambios rápidos que den dinamismo al crecimiento económico en México.

Ernesto Urbina, director de Innovación y José Carlos Sierra, investigador de Innovación en Ethos Laboratorio de Políticas Públicas.

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