La Conquista Digital
Este espacio busca aportar opiniones y reflexiones sobre eventos contemporáneos con una perspectiva de largo plazo. Se enfoca sobre todo en historias que muestran cómo empresas y empresarios han adoptado nuevas tecnologías, en particular las informáticas. De ahí surge su nombre: La Conquista Digital. Pocas de estas tecnologías tienen origen nacional, pero si lo tienen las soluciones que de ellas surjan, mismas que serán claves para el desarrollo en manos de mexicanos que tomen la iniciativa.

Mi mamá va al banco

09-11-2021 03:00

Cómo comienza la conquista digital de la banca minorista y qué significa para la posible sociedad sin efectivo. Éstas son algunas de las preguntas que tratamos de responder en este espacio.

Anuncio de la tarjeta Bancomático, del Banco Nacional de México, en 1969 (Twitter @CVillasanaS)
Anuncio de la tarjeta Bancomático, del Banco Nacional de México, en 1969 (Twitter @CVillasanaS)

Esta mañana se quejaba mi octogenaria madre que, después de mucho batallar, le habían tomado la llamada en su sucursal, pero al no encontrar a su gerente de cuenta el lunes se presentaría a primera hora para gestionar una nueva chequera. Este episodio me hizo reflexionar sobre una serie de aspectos respecto de las tendencias actuales en los pagos minoristas.

Primero, el comportamiento estereotípico de mi madre, una persona de la tercera edad, respondió no a la falta de cultura, educación o una animadversión ante la tecnología, sino a una discapacidad física porque no alcanza a leer la aplicación de banca móvil en su celular. 

Pero también es el caso que los hábitos de pago minorista tardan mucho en cambiar (como lo hemos documentado aquí). Incluso durante la pandemia del Covid-19 en México aumentó el número de cajeros automáticos y en una encuesta del Banco de México la mayor parte de las personas que participaron dijeron que prefieren usar efectivo a otros medios de pago (como lo hace notar mi colega Manuel Bautista aquí).

Segundo, también es evidente anecdóticamente, y al menos desde 2003, que el uso de los cheques personales en México, frente otras alternativas de pago, ha disminuido notablemente (para 2013 representaba menos del 80% del valor observado en 2002).

Mientras tanto, las tarjetas de plástico, es decir, de débito y crédito, han observado un incremento muy superior. Por ejemplo, en 2013 registraban un crecimiento mayor al 500 por ciento del valor total de las transacciones en 2002. En 2010 la tarjeta de crédito era el principal instrumento de inclusión financiera, y a nivel nacional representó el 15 por ciento del primer crédito formal; es decir, para más de 10 millones de mexicanos las tarjetas de crédito fueron (y siguen siendo) el primer paso para entrar a los mercados formales de crédito.

Para 2019, había en circulación 157 millones de tarjetas de crédito y débito en México. El pago promedio por transacción en punto de venta era, en ese año, de 630 pesos. Antes de la pandemia se realizaban cerca de 10 millones de transacciones en puntos de venta, correspondiendo el 73 por ciento a las tarjetas de débito y el resto a las tarjetas de crédito, mientras que anualmente los pagos realizados vía terminal punto de venta ascendían a 8 por ciento del PIB y 14 por ciento de la demanda de consumo del país.

Algunos saben que fue el entonces Banco Nacional de México o Banamex (hoy Citibanamex) quien lanzó la primera tarjeta de crédito en México y América Latina en enero de 1968. Al poco tiempo, en junio de 1969, su principal rival, el Banco de Comercio o Bancomer (hoy BBVA), lanzó la suya, afiliada a Visa, y dos meses después un sindicato de bancos locales liderados por el Banco de Londres y México o Serfin (hoy Santander) emitió una tercera tarjeta llamada Carnet.

La decisión de adoptar la tarjeta de crédito no fue fácil para los mexicanos. En ese entonces el “dinero plástico” era un producto inédito, no había sido realmente probado pues tenía apenas una decena de años que Bank of America había lanzado exitosamente el BankAmericard en EE UU en 1958, y un par de años de la implantación de la primera tarjeta fuera del vecino del norte (por el banco inglés Barclays en 1966).

Además, la tarjeta de crédito observaba una importancia marginal para la rentabilidad y en países como México o España, los niveles de ingreso y la población de clase media eran claramente inferiores a los de Estados Unidos y Gran Bretaña. Aún más en México, Manuel Espinosa Yglesias, entonces director general y presidente de Bancomer, no estaba convencido en 1969 de la solidez de la propuesta de la tarjera de crédito; sin embargo, la presión competitiva de la innovación de Banamex obligó a Bancomer a responder.

Este nuevo producto ofrecía la posibilidad de desplazar el efectivo al interponer a los bancos entre los comerciantes y los usuarios de las tarjetas durante los intercambios de valor. Esto abría una oportunidad para la generación de ingresos por comisiones, pero hacer funcionar esta propuesta requirió de grandes inversiones, tanto organizacionales como en tecnología.

Por ejemplo, cada banco adoptante creó una filial de tarjetas, es decir, una organización dedicada exclusivamente a las operaciones con tarjetas de crédito, operada en forma semiautónoma, pero que consolidaba sus resultados financieros con la entidad principal. Algo inédito hasta ese momento, pues casi todos los bancos se estructuraban como una sola jerarquía. Dicha medida no sólo limitó la posible exposición crediticia de la empresa matriz al capital de la filial, sino que además sugería que el proyecto de tarjetas de crédito tenía que ser rentable por sí mismo.

En términos de tecnología, y lo más notable para nuestros propósitos, es que Banamex llamó a su tarjeta “Bancomático”, es decir, igual que su entonces recientemente inaugurado centro de cómputo para darle ese aire de modernidad a la propuesta.

En efecto, el proyecto de tarjeta de crédito llevó a muchos bancos a incursionar por primera vez en la informática. Lo que significó grandes inversiones no sólo en equipo sino en el personal capaz de “tropicalizar” (es decir adaptar a las condiciones locales) y dar mantenimiento a los sistemas, programas y plataformas provenientes de Visa y MasterCard. Siendo que, por sorprendente que parezca, algunos de estos sistemas implantados en los albores de la informática, siguen estando en uso por muchos de estos bancos pioneros.

Así, en futuras contribuciones a este espacio haremos una reflexión de lo que significó la digitalización de la banca minorista, tanto para entidades financieras como para los usuarios, con el fin de poder comprender eventos contemporáneos en su perspectiva de largo plazo.

ACERCA DEL AUTOR
Bernardo Batiz-Lazo
Con más de 30 años de experiencia en la academia inglesa e internacional, Bernardo se ha especializado en el impacto de las tecnologías de la información en el sistema financiero minorista. Autor de múltiples contribuciones a revistas especializadas, libros (el más reciente es “Cash and Dash”, Oxford University Press, 2018), artículos de divulgación y podcasts.
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