Sin Maniqueísmos
Sin Maniqueísmos es un blog dedicado a la actualidad mexicana, considerada en los contextos histórico e internacional. Los temas incluyen las élites empresariales, los medios masivos, las relaciones entre México y otros países, especialmente Estados Unidos, junto con libros y películas de importancia política y cultural.

Feminicidios y edecanes

15-12-2014 10:06

Los responsables somos muchos

Entre la mala racha de noticias de las últimas semanas hay un dato particularmente repelente que no ha recibido toda la atención que merece, quizás por tratarse de una tendencia en vez de un desastre. Me refiero a la revelación respecto a que la tasa de feminicidios en México se ha disparado en años recientes y hoy es casi el doble que el promedio mundial.

Anunciado el 25 de noviembre —Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer— el reporte de la ONU es sólo uno de varios que revelan una cultura profundamente misogina en el país. Basta considerar la estimación del INEGI que revela que más del 60 por ciento de las mujeres mexicanas ha sufrido algún incidente de violencia durante su vida.

Además, en 17 estados es difícil o imposible acreditar el asesinato de una mujer como feminicidio. Este crimen se califica típicamente como un homicidio, una categoría que no toma en cuenta que uno de los motivos del perpetrador pudo haber sido el desprecio hacia la víctima por el mero hecho de ser mujer, es decir, considerarla un ser de segundo nivel.

El desprecio es precisamente la raíz del problema. Así como la mala distribución de la riqueza ha contribuido a la violencia en México, la falta de respeto entre géneros facilita una actitud que permite el feminicidio.

De hecho los problemas están entretejidos, ya que la pobreza propicia una mayor incidencia de violencia contra las mujeres, se nota en los barrios más pobres del Estado de México que hoy compiten con Ciudad Juárez o Acapulco como las zonas más peligrosas del país para ser una mujer joven.

¿Y las edecanes qué tienen que ver?

Llamó la atención hace unos meses la noticia de que unas edecanes del Palacio Legislativo de San Lázaro habían denunciado actos de acoso sexual en la Cámara Baja. En un nivel superficial la nota no sorprendió; ya en este año habíamos visto el caso vergonzoso de Cuauhtémoc Gutiérrez acusado de haber operado una red de prostitutas desde la jefatura capitalina del PRI.

Pero en un nivel más profundo la noticia debería causar una reflexión sobre las edecanes. Se me ocurre que una denuncia por parte de las edecanes sobre el acoso sexual se parecería a una denuncia por parte de Coca Cola respecto a la obesidad. Las quejosas son parte del problema, y el problema, como hemos visto, es grave y está empeorándo.

Hay que hacer unas aclaraciones.

Primero, todo ser humano merece respeto, no importa su profesión. Ninguna mujer merece un trato despectivo, no importa su modo de vestir. Sin embargo, en una cultura tan machista como la mexicana, algunas modas femeninas puedan desatar prejuicios arraigados. Dado que el sexismo de muchos políticos mexicanos está bien atestiguado, en este contexto, vestirse como modelo sexy y luego esperar un trato respetuoso es, cuando menos, ingenuo.

Recuérde a la edecán más famosa de tiempos recientes, Julia Orayen, cuyo atuendo revelador se volvió lo más debatido del debate presidencial en 2012. La palabra académica para el proceso de utilizar a mujeres como objetos es deshumanización. De nuevo, se trata a la mujer como un ser de segundo nivel.

Segundo, como a menudo ocurre en México, la figura de la edecán tiene una dimensión racial. Las edecanes—o en San Lázaro o en eventos empresariales—suelen ser altas y güeras o morenas claras. Así contribuyen colectivamente a una descalificación de la mayoría de la población femenina por factores no meritocráticos sino racistas. Claro, los anuncios de estos puestos esconden esa tendencia con eufemismos como "buena apariencia".

Por último, hay una dimensión de clase. Dado el perfil racial con el cual se define, la edecán mexicana es casi siempre de clase media o alta; es decir, en su gran mayoría, estas jóvenes no son edecanes por falta de otras opciones, pero por el afán de dinero fácil han optado por usar, más que nada, sus cuerpos.

Y así el círculo vicioso se perpetúa.

ACERCA DEL AUTOR
Andrew Paxman
Profesor de historia y periodismo del CIDE. De origen inglés, es coautor de El Tigre(2000; reeditado en 2013), biografía de Emilio Azcárraga Milmo. Fue reportero radicado en México durante los años 90. Luego obtuvo una maestría de Berkeley y un doctorado de la Universidad de Texas. Su biografía más reciente, En busca del señor Jenkins: Dinero, poder y gringofobia en México, trata del empresario norteamericano radicado en Puebla, William Jenkins (1878-1963). Ahora está investigando la biografía de Carlos Slim.
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