Desglose
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Michoacán, el Presidente invisible y los 40 voceros

27-01-2014 01:52

Peña Nieto está muy ausente y presente a la vez. Está ausente y es prácticamente invisible en los temas más relevantes de gobierno (salvo que sea en mensajes o spots pregrabados como en las “reformas”), pero muy visible en actos irrelevantes de cortes de listón para la foto y las transmisiones en vivo de las televisoras de noticias.

El 22 de enero, un mes después de que se recrudeciera la violencia en Apatzingán, Michoacán, y dos semanas luego de la crisis detonada por los sucesos donde se incendiaron tiendas y parte del Palacio Municipal, el Presidente Enrique Peña por fin dio la cara (vía los medios) ante la opinión pública para hablar sobre la situación en la entidad.

Lo hizo, eso sí, en el extranjero, en un viaje internacional, y no en México, como ha acostumbrado Peña Nieto con los temas relevantes nacionales (como para convencer primero a los extranjeros y que luego ellos nos convenzan a los mexicanos). Primero en Canadá, y luego ya en Davos, Peña Nieto repitió mensajes clave preparados que buscaban minimizar la situación y centrarse en los "reformador" de su gobierno.

Para los lugares comunes que expresó el Presidente (“La respuesta ha sido puntual y firme del Gobierno”, “Es un tema de atención especial”, “buscamos no es sólo atender la inseguridad… sino las causas”…etc.) pudo haber hablado varios días antes, pero es evidente que hay un sumo cuidado para que Peña Nieto no hable y no aparezca de más.

Lo cierto es que el Presidente está muy ausente y presente a la vez. Está ausente y es prácticamente invisible en los temas más relevantes de gobierno (salvo que sea en mensajes o spots pregrabados como en las “reformas”), pero muy visible en actos menos relevantes de cortes de listón para la foto y las transmisiones en vivo de las televisoras de noticias, como Milenio o Foro TV.

En las tres primeras semanas del año, mientras la crisis de Michoacán crecía, Peña Nieto encabezó varios actos más bien protocolarios como muchos “cumpleaños” burocráticos, tales como el 25 aniversario de CONAGUA, el 25 Aniversario de CONACULTA, la 25 reunión de Embajadores y Cónsules o el 1er Aniversario de la Cruzada vs el Hambre.

En redes sociales digitales, las cuentas de Peña Nieto parecen revista de sociales, llenas de fotos del Mandatario con sus acompañantes en estos eventos protocolarios, o de imágenes suyas siendo abrazado o rodeado por mujeres (indígenas, con la excusa de la Cruzada vs el Hambre o enfermeras por ”reiterar” el compromiso del Sistema Nacional de Salud. por ejemplo).

En Twitter, Peña Nieto felicitó a Alfonso Cuarón por su Globo de Oro y nominación al Oscar y a la selección femenil Sub-20 por su pase al Mundial, pero de la violencia en Michoacán no hubo  ni un solo mensaje. Tan sólo hasta el día 17 (en Twitter, pero no en Facebook) se mencionó tangencialmente el tema, cuando mencionó Michoacán por primera vez al “instruir” a CONACULTA a iniciar el programa “Cultura para la armonía”, sin dar mucho contexto o detalles.

Lo cierto es que la estrategia de comunicación del gobierno de la república parece buscar el “guardar” al Presidente de la política real y temas candentes relevantes, y usarlo más sólo como imagen oficial en eventos públicos de lucimiento o viajes al extranjero, acompañado de su esposa, la actriz Angélica Rivera.

Pareciera aún haber miedo a los escenarios reales no cuidados por escenografías o teleprompters, a las entrevistas y preguntas no pactadas y a la interacción real con ciudadanos, tal como parecía haberlo en la campaña del 2012, donde aquella mañana en la Universidad Iberoamericana (que detonaría el movimiento #Yosoy132) confirmó quizás los temores que su equipo pudo haber tenido.

Para eso, como Ali Babá en Las Mil y una Noches, Peña Nieto parece tener no uno, sino 40 voceros que hablan por él.

El pasado 22 de noviembre, el propio comunicado de Presidencia tuvo que precisar dos veces en tan sólo cuatro párrafos que el nuevo nombramiento de Eduardo Sánchez como vocero venía a “complementar” y a “reforzar” las tareas del ya coordinador de Comunicación Social, David López.

En la crisis de Michoacán, sin embargo, no fue López ni Sánchez (aunque estuvo presente), quien habló por el Presidente, sino el Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, quien comunicó el nombramiento presidencial del Comisionado para la Seguridad y Desarrollo de Michoacán, Alfredo Castillo.

También Luis Videgaray suele hablar de las políticas del gobierno a nombre del Presidente (más de lo que un Secretario de Hacienda usualmente acostumbra hacerlo) y qué decir, por supuesto, de una parte no menor de la prensa nacional y también de publicaciones internacionales, convertidas no pocas veces en entusiastas vocerías presidenciales.

Sin embargo, a diferencia de Rubén Aguilar, el famoso vocero del ex Presidente Vicente Fox, muy frecuentemente queda una percepción de que los múltiples voceros de Peña Nieto no hablan sobre “lo que él quiso decir”, sino más bien dicen lo que “él no puede decir”.

La estrategia de comunicación oficial cojea porque manda una señal de debilidad y de ausencia que no hace más que reforzar la mala imagen que, en ese sentido, quedó del Presidente, tras sucesos como los de la FIL de Guadalajara, la protesta en la Ibero o las múltiples pifias verbales en sus discursos ya como Presidente que circulan en Internet. Fortalece también percepciones ligadas a las acusaciones opositoras de que él no sería quien realmente gobernaría.

Eso sí, en campaña, se mostró como que Peña Nieto y su equipo preferían pagar ese costo, y así lograron llegar a la Presidencia. Ahora, en el Gobierno, por lo visto, quizás también estén dispuestos a pagarlo, con tal de lograr sus objetivos, como las “reformas” ya logradas en el primer año y la conducción del gobierno hasta el 2018.

ACERCA DEL AUTOR
Alejandro Navarrete
Periodista mexicano. Analista político y de estrategias y escenarios de comunicación, medios y redes sociales.
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