Políticas públicas

En hidrógeno, ¿qué tan atrás ha dejado América Latina a México?

Mientras que en el resto de la región hay planes nacionales de energía renovable a base de hidrógeno, la mayoría de los esfuerzos en México son de la industria privada.

27-07-2021 06:00 Por : Arena Pública
Especialmente en su “versión verde”, el hidrógeno tiene la capacidad para la descarbonización del país (Foto: Pixabay)
Especialmente en su “versión verde”, el hidrógeno tiene la capacidad para la descarbonización del país (Foto: Pixabay)

Buena parte de América Latina deja atrás a México en el desarrollo de una industria de hidrógeno para el futuro.

Chile tiene, desde 2020, un plan comprensivo para invertir y fortalecer este sector en el largo plazo en todas sus aplicaciones potenciales. Se espera que Colombia presente un plan similar antes de que acabe el año. Costa Rica, por su lado, ya tiene en marcha un plan gubernamental para el aprovechamiento de este combustible en el sector transporte.

Incluso Brasil, que también tiene una política pública de defensa de los combustibles fósiles (similar a la de México), está preparando un documento que le ayudaría a definir claramente el camino que debe seguir para el mayor aprovechamiento del hidrógeno a largo plazo.

Esto no significa que no haya proyectos de producción de hidrógeno en México. Sin embargo, todos están siendo impulsados por la iniciativa privada. El problema es que el interés del país en este combustible es tan bajo que no existen marcos regulatorios claros para este tipo de iniciativas.

En otras palabras, no hay una certidumbre jurídica, fuera de lo que marcan en lo general algunas leyes de energía y renovables, para el desarrollo de hidrógeno en el país. Algo que amenaza con dejar a México todavía más atrás en una evolución donde casi toda América Latina es partícipe.

Atrasos en México

Si bien el actual gobierno ha mostrado una aversión por las energías renovables, tiene listos varios mapas de ruta para algunas de las tecnologías más prometedoras. El hidrógeno, sin embargo, no está entre ellas.

No solo ninguna administración federal reciente se ha decidido a generar una hoja de ruta para el hidrógeno en México. El marco regulatorio existente es mínimo, afectando la certidumbre jurídica.

El Programa Sectorial de Energía para el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 y la Estrategia de Transición para Promover el uso de Tecnologías y Combustibles más Limpios solo mencionan el uso de hidrógeno como fuente potencial de energía brevemente, sin ponerle mucha atención.

Cabe destacar que sí hay un par de proyectos de producción de hidrógeno (gris, con  una extracción a partir del gas natural que sí genera emisiones contaminantes) a cargo del Gobierno federal, a través de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Sin embargo, el interés en estas iniciativas no responde a su potencial como combustible, sino a la forma que las plantas fueron vendidas a privados. En 2019, Rocío Nahle criticó estas operaciones como un quebranto a la soberanía nacional, pues la renta de servicios estaba afectando las arcas públicas. Y en mayo pasado, el director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza, aseguró que se estaba negociando la recompra de estas instalaciones por un tema de soberanía energética.

En este contexto, la mayor parte de los avances se han dado desde la iniciativa privada. En 2016, la Sociedad Mexicana de Hidrógeno presentó un Plan Nacional de Hidrógeno, más enfocado al desarrollo tecnológico e investigación de esta industria, en lugar de centrarse en el crecimiento de una industria.

Más recientemente, sin embargo, se han anunciado proyectos de generación de hidrógeno verde en el país. Uno de ellos es una instalación de producción de hidrógeno en Durango para apoyar en la fabricación de fertilizantes, con la intención de extender operaciones eventualmente para la venta del insumo a otros agentes.

Un poco más ambiciosa es una planta de producción 100% dedicada a hidrógeno verde en Guanajuato, que se encargará de la electrólisis a través de paneles solares. Estas iniciativas son parte de un grupo de propuestas que, según la Asociación Mexicana de Hidrógeno, permitirá la inyección de 1,350 millones de dólares (MD) en el mediano plazo.

La industria del hidrógeno en México no es inexistente. Pero sí palidece frente a otras naciones de América Latina.

Los avances del resto de la región

Aunque no todos los países de América Latina tienen definido un plan nacional de transición energética para el desarrollo de hidrógeno, la lista sí es suficientemente extensa como para que la ausencia de México llame la atención.

Especialistas han reconocido a Uruguay, Paraguay, Colombia, Costa Rica, Perú, Brasil, Trinidad y Tobago y Chile como países con avances significativos en la materia, siendo éste último una punta de lanza a escala internacional.

El país sudamericano presentó en noviembre de 2020 su ambiciosa hoja de ruta para hidrógeno verde (extraído a través de la electrólisis del agua usando energías renovables como fuente de electricidad, asegurando que no haya emisiones de carbono al momento de la producción).

Chile considera que, para 2050, podrá producir más de 33,000 MD en hidrógeno verde. Esto sería posible con una inversión acumulada de solo 330 MD, una centésima parte del valor total de lo que estiman producir.

Se contempla que entonces se distribuya localmente el combustible para aplicaciones domésticas, entre ellas transporte, producción de fertilizantes, uso en refinerías y como complemento a las redes de gas. Sin embargo, la amplia mayoría de estos 33,000 MD en valor se destinarían a exportaciones, convirtiendo a Chile en una potencia económica verde a escala global.

Costa Rica, por su lado, ya tiene un plan de implementación del hidrógeno en el sector transporte.  En específico, la idea es usarlo solo en ciertos medios de transporte que tengan una buena proporción de costo y beneficio, como vehículos de carga pesada, trenes, autobuses y taxis.

La nación centroamericana reconoce que  hay retos importantes en su contexto nacional para impulsar la adopción de esta forma de energía. En específico, el monitoreo de las tecnologías y la creación de un marco legal claro para la investigación, producción, distribución y comercialización del hidrógeno. Puntos en los que se ha prometido a trabajar en el mediano plazo.

El caso de Colombia es muy similar. En una entrevista con Reuters, Diego Mesa, ministro de Minas y Energía prometió que se lanzaría un proyecto nacional claro para el desarrollo de la industria del hidrógeno en el país.

Sin embargo, su institución ya ha presentado documentos donde sugiere el uso de hidrógeno en transporte, generación de electricidad, procesos industriales, tareas de construcción, fabricación de bienes químicos y la manufactura de metalurgia y alimentos.

No solo eso, Colombia presume que tiene una posición única para la producción de hidrógeno, tanto por la disponibilidad de energías renovables (principalmente solar y eólica) como por sus arcas de agua, el principal “ingrediente” de la electrólisis. En total, se tiene contemplada la instalación de 14 proyectos nuevos en todo el país, con una inversión conjunta de ocho billones de pesos colombianos.

Tal vez el caso más cercano al de México es Brasil. De acuerdo con Recharge, también el gobierno de Jair Bolsonaro (como el de su contraparte mexicana López Obrador) se rehúsa a reducir su uso de combustibles fósiles.

Sin embargo, las compañías privadas reconocen el potencial del hidrógeno en el país y se están movilizando para explotar el sector. La australiana Enegix planea inaugurar Base One, una instalación de hidrógeno verde, en Ceará. La idea es que se convierta en la más grande de su tipo a nivel global, con la posibilidad de exportar el combustible a todos los grandes mercados del mundo en entre ocho y 36 días.

Y de acuerdo con EFE, la minera  Fortescue Future Industries y la francesa Qair también tienen varios proyectos de inversión comprometidos, valuados en varios miles de MD, en otras poblaciones con acceso al mar de Brasil.

Pero no solo hay más proyectos de inversión privada de mayor volumen en Brasil, comparado con México. De acuerdo con PwC, el Consejo Nacional de Política Energética de hecho se comprometió en mayo pasado a presentar, en menos de 60 días, su propia hoja de ruta para la industria del hidrógeno. Si bien se ha retrasado un par de veces la entrega, es un compromiso abiertamente asumido por la administración.

Oportunidades de negocio perdidas

México no solo tendría que ponerse al corriente con el resto de la región en materia de hidrógeno para estar a la altura de las tendencias. También porque está dejando ir una gran oportunidad de negocio.

Como los proyectos de Chile y Brasil sugieren, hay una buena oportunidad para que América Latina se convierta en una de las mayores exportadoras de hidrógeno al resto del mundo.

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el continente ya es reconocido como el lugar con la producción eléctrica más limpia del planeta. Esto, gracias al desarrollo de sistemas eólicos y solares.

Si continúa esta inversión, el hidrógeno verde no solo sería más barato de producir que en el pasado. Con el esfuerzo necesario, se podrían diseñar sistemas de transporte y distribución que hagan tan fácil enviar este combustible al resto del mundo con ayuda de navieras, similar a lo que hoy se hace con el gas natural. Lo anterior significaría una generación de divisas importante que no esté penalizada por las políticas de cuidado al medio ambiente.

México puede ser parte de esa transformación, o dejarle el mercado al resto de América Latina.