Nobel de economía 2026: a la mesa mayor

Hall y Woodford prestigian a la macroeconomía y sientan a los macroeconomistas en la mesa de los adultos, aunque sea sólo para el postre.
14 Octubre, 2026
Robert E. Hall y Michael Woodford, Premio Nobel de Economía 2026 (Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach)
Robert E. Hall y Michael Woodford, premio Nobel de Economía 2026 (Niklas Elmehed © Nobel Prize Outreach)

Cuando Paul Krugman (Nobel de Economía 2008) declaró que "la mayor parte de la macroeconomía de los últimos 30 años fue, en el mejor de los casos, espectacularmente inútil y, en el peor, claramente perjudicial", probablemente no estaba pensando en las aportaciones de los premios Nobel de Economía 2026, Robert E. Hall y Michael Woodford. Ellos han sido distinguidos por su análisis pionero y minucioso del comportamiento de consumidores y empresas ligado a sus expectativas sobre el futuro. Este análisis fundamenta las políticas que dan estabilidad a los precios y la producción de una economía, clave para el bienestar general.

El juicio de Krugman era explicable. En la imaginaria cena de gala del conocimiento humano, los microeconomistas (especializados en el comportamiento individual y sus consecuencias) se sientan con los científicos y entablan una plática formal, mientras los macroeconomistas son colocados en la mesa de los niños a jugar con bloques de gran tamaño al no saber usar las piezas pequeñas. Esos bloques eran reglas fijas, como la que supuestamente unía una mayor inflación a un menor desempleo y viceversa. En los años setenta, tras las crisis petroleras, la inflación subió junto con el desempleo, y las reglas dejaron de funcionar. 

Había además un problema con el tiempo. En su tratamiento del futuro, los macroeconomistas solían ajustar sus modelos a lo ocurrido: lanzar la flecha, dibujar la diana donde cayó y festejar el acierto. Algo muy diferente hizo Hall, el cual dibujó primero la diana: si los hogares miran al futuro al decidir cuánto gastan, los cambios en su consumo no deberían poder anticiparse con lo que ya se sabía, porque lo nuevo es, por definición, imprevisible. La predicción podía fallar y en 1978 se comprobó en buena medida. Después, con datos de más de dos mil familias, él y un colega comprobaron que la mayoría de los hogares se comporta así.

En lo que toca a la forma de entender el dinero y las tasas de interés, la mayoría de la macroeconomía era como el arte abstracto: nadie entendía su significado, costaba millones y sobrevivía gracias a un selecto grupo que fingía ver un patrón donde solo había caos. En contraste, Woodford alcanzó algo útil y concreto. Reunió en un modelo sencillo lo que hacen los hogares, cómo fijan precios las empresas y cómo decide el banco central, sin suponer mercados perfectos que lo arreglan todo por sí mismos. Ese modelo sirve como laboratorio: permite preguntar qué ocurre con la producción y la inflación si la tasa de interés sube o baja. 

Hall y Woodford encontraron el control de crucero que estabiliza la velocidad de la economía, ayudando a evitar acelerones y frenazos innecesarios. La idea es mover la tasa de interés como un pedal: subirla cuando la producción rebasa su potencial y la inflación se acelera, y bajarla cuando la economía tiene reservas productivas y el aumento de los precios se frena. Ellos también explican por qué los bancos centrales modulan la economía con los meros anuncios de lo que harán en el futuro. La estabilidad así lograda mejora el bienestar general, particularmente el de los más pobres, los más vulnerables a las fluctuaciones económicas.

La Real Academia de las Ciencias de Suecia señala que es posible hayan ayudado a que la pandemia no dejara enormes secuelas, y sugiere su importancia ante choques económicos, como hoy serían las guerras de Ucrania e Irán. Sin embargo, los Nobel 2026 no escapan a la paradoja de fundamentar lo que antes no estaba plenamente explicado, con elementos que tampoco han sido plenamente explicados, como el rezago con que cambian los precios o el efecto de anunciar hoy las tasas de dentro de varios años. Aun así, Hall y Woodford prestigian a la macroeconomía y sientan a los macroeconomistas en la mesa de los adultos, aunque sea sólo para el postre.

Rodolfo de la Torre Rodolfo de la Torre Ha sido Director de Movilidad Social del CEEY, Coordinador de la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Director del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo con Equidad de la Universidad Iberoamericana, y Director de El Trimestre Económico del Fondo de Cultura Económica (FCE). Fue parte del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza en México. Es economista por el ITAM, y maestro en Filosofía de la Economía por la Universidad de Oxford.

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