Ley del hielo

En EU, las grandes cadenas cerraron filas frente a Trump para defender a uno de los suyos y la libertad de prensa. En México, ante el linchamiento de un periodista, el gremio calla. No es accidental; es norma gremial no escrita.
25 Septiembre, 2026
Prensa.
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EL FIN DE LOS MEDIOS

En México, el gobierno está cerrado a la crítica.

Basta con que una publicación, por fundada que sea, ponga en duda la transparencia de un contrato, cuestione un logro económico o exhiba un conflicto de interés o la contradicción entre el decir y el hacer del poder, para que caiga el martillo sobre tal o cual investigación. Los nombres de sus autores y las marcas de los medios terminan en el paredón de la Mañanera, descalificados ante una audiencia inerme —inerme salvo contados casos, porque esa rueda de reporteros que ahora cobija a la presidenta no sólo calla: le lleva combustible para maltratar a la prensa, sus reporteros y colaboradores. Sin vergüenza.

Y no porque esa práctica, acentuada desde 2018, sea permanente ha de tomarse como normalidad. O sí: porque en México los medios no pelean. Veamos.

¿Por qué es importante?

No hace falta ir lejos para probar que la sociedad —o una parte de ella— está representada por la prensa. Basta una búsqueda para comprobar que en sus páginas críticas se modera al poder cuando da señales autoritarias, y es en el conjunto de esa prensa crítica donde se cristaliza el pluralismo ciudadano, el alma de toda democracia.

Si un día, sólo un día, los medios institucionales, serios e influyentes —esos que emplean a cientos de periodistas—, se unieran para hacer una defensa cuidadosa, legal y bien argumentada de la libertad de criticar, otro gallo cantaría.

Lo acaban de demostrar las cadenas de televisión estadounidenses. El viernes 18 de septiembre, en la versión gringa de la Mañanera, el inquilino de la Casa Blanca cerró la puerta a tres medios que cubren sus actividades —CNN, MS NOW y Politico—, simplemente porque a él y a su equipo les disgusta su política editorial. Como si acaso la Casa Blanca fuera sólo suya y no del pueblo estadounidense.

Tres días después, ABC, CBS, Fox News y NBC —con quienes hasta entonces compartían la cobertura conjunta de la Presidencia— dejaron de cubrir el quehacer público del mandatario. No sólo aplicaron la ley del hielo, suspendiendo la transmisión en vivo; también invocaron la Primera Enmienda, que prohíbe al Congreso legislar contra la libertad de prensa.

Seis días después del veto, el juez federal Timothy Kelly ordenó a la Casa Blanca devolver de inmediato las credenciales. Los periodistas recuperaron su sitio, pero el respiro es provisional: la orden rige sólo 14 días, mientras el litigio de fondo —si el veto violó el debido proceso y la Primera Enmienda— sigue su curso.

En México no es así

La timidez —por ponerle un nombre ingenuo— de los medios mexicanos es patente. Una y otra vez, cuando la principal vecina del Palacio Nacional machaca contra los "comentócratas", como llama ella a los autores críticos, o se enfila contra dueños y directivos de medios, ninguno organiza, forma alianzas ni da cohesión a una respuesta hecha y derecha, con la ley en la mano.

Para mostrar la pluralidad, pongamos en desorden marcas como TV Azteca, Heraldo Media Group, La Jornada, Reforma, Sin Embargo, Aristegui Noticias, El Universal, El Financiero o Animal Político. ¿Sus consejos de administración se han planteado aplicar la ley del hielo a Sheinbaum, o a cualquier gobernador con tintes de virrey, cuando atacan a medios y trabajadores? 

Lo pregunto pensando en una coalición de resistencia, así fuera por un día, en vez de convertir sus sitios web en cajas de resonancia que transmiten en vivo la Mañanera, disputándose la audiencia, pero terminando por dar al presidente el mismo trato de rey que las cadenas nacionales daban cada primero de septiembre, de diciembre y hasta en Navidad.

Porque herramientas legales, las tienen. En un símil con la ley gringa, el Sexto constitucional protege la libre manifestación de las ideas —equivalente a la freedom of speech de la Primera Enmienda— y el Séptimo declara inviolable la libertad de difundir opiniones, información e ideas por cualquier medio, sin que este derecho pueda restringirse por vías indirectas, como el abuso de controles oficiales. Tampoco puede ninguna autoridad establecer censura previa.

Ya se hizo vieja, pero en otra entrega de El Fin de los Medios comenté cómo se construye la agenda de cada compañía editorial, y quizá ahí esté la respuesta a la pobre cohesión de los grupos mediáticos frente al poder. Primero mis dientes, después los de mis parientes, dirían. O quizá la pasividad sea síntoma de que se cubren las espaldas entre sí, por aquello del dicho periodístico “perro no come carne de perro”, para señalar que los medios rara vez se critican entre ellos.

El dicho explica por qué los medios mexicanos no pelean como gremio ante el linchamiento de uno de los suyos. Su silencio no es accidental, ni ingenuo: es norma gremial no escrita. La semana pasada, las cadenas gringas actuaron obligadas por la necesidad. Se vale. Falta ver si aquí hará falta la misma urgencia para que alguna vez se rompa eso que parece tabú.

@Chilanmontano

rene@arenapublica.com

René Sánchez Huitrón René Sánchez Huitrón Egresado de Comunicación por la Universidad Autónoma Metropolitana, la experiencia del autor suma varios años de investigación, edición y dirección editorial en las salas de redacción de organizaciones como Notimex, El Financiero, El Economista, El Norte y Reforma. Actualmente es asesor senior en carralsierra.com Sus opiniones son personales.