Sufrimiento nostálgico

04-02-2021 06:08

Tiempos pasados siempre fueron mejores. Desconozco, estimado lector, si usted concuerde con ello, pero basta con leer la “Iniciativa con Proyecto de Decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley de la Industria Eléctrica” para darse cuenta de que el Ejecutivo así lo percibe.

Los psicólogos cognitivos dicen que este fenómeno se atribuye a dos cosas: el pico de reminiscencia, el cual se refiere a la tendencia de adultos mayores a los cuarenta años por incrementar sus recuerdos asociados a una etapa de la juventud; y el efecto de positividad, el cual representa la tendencia en adultos por mantener recuerdos más vividos y positivos por las experiencias ocurridas durante su juventud. En cualquier caso, el cerebro del ser humano tiende a manifestar con el tiempo una clara preferencia por recordar lo bueno y desechar lo malo.

No sorprende entonces que esta propuesta de modificación a la ley tenga por sustento una añoranza al modelo de monopolio verticalmente integrado que ejercía la Comisión Federal de Electricidad, previo a las reformas introducidas por Carlos Salinas en 1992 y por Ernesto Zedillo en 1995.

El mismo Manuel Bartlett dijo, tras el apagón masivo de diciembre pasado, que “[…] CFE es la empresa más poderosa del país.” Si bien la posible aprobación del proyecto de ley ingresado en la Cámara de Diputados el 1 de febrero puede materializar tal aspiración, esto no significa que sea algo deseable para los consumidores del servicio eléctrico ni para el país en general.

La exposición de motivos del proyecto de ley alude a un sinfín de juicios y valoraciones carentes de evidencia y de relación causal de los acontecimientos que, según el documento, condujeron a la hecatombe bajo la cual opera en la actualidad la industria eléctrica. Sin embargo, fiel a su sufrimiento nostálgico, el proyecto de ley omite hacer un recuento sobre aquellas experiencias y lecciones que, no solo México sino el mundo entero, han aprendido sobre el manejo de industrias de red y, en específico, sobre la descentralización de los sistemas eléctricos.

En 2013, nuestro país decidió abandonar el “nuevo” modelo que ahora el Ejecutivo propone retomar. Y lo hizo porque los resultados de que CFE fuera monopolio y monopsonio en el sector, imponiendo sus condiciones sin ningún contrapeso a todos sus consumidores, no fueron favorables.

El actual Ejecutivo argumenta que dicha situación no es favorable en términos de “[…] negocios lucrativos para empresas particulares y políticos corruptos […]”. No obstante, la realidad es que no lo fue y no lo es para crear condiciones para el desarrollo de infraestructura de generación, transmisión y distribución acordes con las necesidades de incremento constante en la demanda esperada por consumo eléctrico; ni para transitar hacia una matriz de generación limpia consecuente con la lucha ante el cambio climático y en beneficio de la salud pública; y, además, que no represente un golpe al bolsillo de la población en términos de tarifas eléctricas más altas o, en su defecto, en un monto mayor de subsidios que provengan del erario público.

El “nuevo” modelo propuesto por el Ejecutivo olvida que las tarifas eléctricas promedio en México eran 25% más altas con respecto a las de Estados Unidos, y que esa cifra se incrementaba a 73% si descontamos el subsidio otorgado. También olvida que los costos asociados a inversiones en el sistema eléctrico nacional para atender las necesidades de los mexicanos en los próximos 15 años ascienden a 2 billones de pesos.

Adicionalmente, al proponer la inclusión de un criterio discrecional sobre la factibilidad técnica para permitir el acceso a las redes de transmisión y de distribución, se hace caso omiso sobre todas las arbitrariedades que la CFE ejercía sobre potenciales competidores y, por lo tanto, su efecto negativo en nuevos proyectos de infraestructura que la CFE no estaba dispuesta a concretar.

La visión del Ejecutivo sobre la industria eléctrica no está cimentada en un proyecto a futuro para varias generaciones de mexicanos, ni forma equipo con la acción colectiva global para la descarbonización de la economía. En coherencia con su aprecio por la concentración de poder, esta visión solo mira a un pasado que fue, y sobre el cual ya conocemos sus resultados.