El análisis de la Guerra de Ucrania en nuestros medios de comunicación

31-03-2022 09:08

El drama y la despiadada invasión a Ucrania por parte de Rusia ha sido motivo de análisis en los medios.

De manera natural, ese territorio tan lejano es desconocido por los habitantes del continente americano. Por ello, los medios de comunicación inmediatamente tratan de encontrar los especialistas para intentar explicarle a la población en general, todo sobre la guerra: historia de esos países, las causas, las consecuencias y demás elementos involucrados. Todo esto desde el punto de vista humano, económico, político, y militar principalmente.

Las escenas son desgarradoras por lo que nos preguntamos, cómo es posible que se llegó a esta situación. La crisis humanitaria es además dolorosísima.

La calidad del análisis de la guerra en México ha sido muy heterogénea, pero es lo que hay. Si uno observa aquellos que se transmiten o escriben en los EEUU, Alemania o Francia, por mencionar tres países, uno queda realmente impresionado por la profundidad con la que se aborda la problemática.

Las entrevistas, los escritos en periódicos y revistas de esos lares los realizan con especialistas que han dedicado su vida al estudio de esa región. La mayor parte de ellos, académicos de las universidades de esos países y, en la parte militar, generales en retiro. El nivel de la discusión es muy alto.

Infortunadamente en México, y lo digo con el mayor de mis respetos y con el solo afán de reflexionar sobre el punto, se escuchan a los mismos analistas de siempre que en el pasado nos analizaron la crisis financiera del 2009, la guerra de Irak, de Afganistán, el terremoto de 2017 en México, las olimpiadas, el mundial de futbol, las elecciones americanas y cualquier otro evento mundial. Es decir, no hay un nivel de especialización en los analistas y los entrevistados en los medios en nuestro país que pueda orientar en mejor medida a la población para entender el fenómeno.

Y tal vez no es culpa de este puñado de analistas que se presentan rutinariamente en el radio, TV y diarios nacionales. El problema radica, en mi opinión, en la falta de apoyo a la academia en el país.

Ello no ha permitido crear una masa crítica especializada en temas diversos como historia china, rusa, australiana, e incluso europea y americana. Para exagerar mi punto: no existen biógrafos de figuras como Stalin (como referencia no existe un Stephen Kotkin), o Mao, o Castro, u Obama, etc. desde México y desde la perspectiva mexicana, que nos permitan entender mejor el entorno global.

Lo poco que se apoya a la ciencia se restringe al “acontecer y problemas nacionales” (solo revise los famosos Pronaces de Conacyt, pero este discurso nacionalista se lo he escuchado a todos los directores pasados de esa institución). Al que hace, por ejemplo, historia rusa, no se le apoya de ninguna manera.

Es cierto, somos un país pobre, donde el presupuesto a la ciencia es muy bajo históricamente; pero esa falta de apoyo se refleja en la -pobre- calidad de análisis que realizamos desde la perspectiva mexicana de fenómenos mundiales en nuestros medios de comunicación.

Tengo el privilegio de contar con muchos amigos académicos alrededor del mundo y ello me ha permitido acceder a buenos análisis realizados en esos países por “los” expertos en Rusia y Ucrania. Infortunadamente la población mexicana no tiene acceso a ellos. Nuestro puñado de analistas (lo puedo decir, con respeto) se limitan a replicar y aderezar los análisis que aparecen en esos medios del extranjero, pero no son especialistas en los temas internacionales que comúnmente abordan.

Como muestra, se cuenta una anécdota del sexenio de Calderón de la que no sé si sea o no cierta (pero esto es irrelevante para mi punto). Se dice que cuando Calderón visitó China, el presidente de ese país se hizo acompañar de “mexicanólogos” chinos (académicos chinos que estudian a México) y que el presidente quedó gratamente impresionado del nivel de conocimiento sobre México que tenían los chinos, mucho mayor que el recíproco; incluso se habla que se avergonzó un poco de ello. Cuando volvió a México instruyó abrir un centro de estudios sobre china en una institución adscrita al Conacyt. Como buen político nada más “instruyó” al calor de su percepción y no apoyó su propia iniciativa con recursos. Pero al menos se dio cuenta de la importancia de estudiar a otros países, en ese caso a China.

Es, pues, necesario que reflexionemos que es importante apoyar a la academia. De igual manera es imperativo que se apoye la generación de conocimiento no relativo exclusivamente a lo “nacional”.

Nos falta mucho para llegar a tener una academia decente, pero el país debe darse cuenta de la importancia de tenerla cuando es menester entender la problemática en el mundo, como es el caso de la guerra de Ucrania.